Arrodillados frente al espejo de lo “normal”, vemos nuestro rostro desfigurado. No somos nosotros, no es nuestro cuerpo, no es

El mundo contemporáneo nos impone una vida vertical.  El cielo tiene un límite:  los tinacos son el punto de descenso.

En un mundo gobernado por el trasiego de las opiniones y los pensamientos en voz alta, el silencio adquiere una

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