Filmar es aprender a observar: Un recorrido por la trayectoria de Maite Alberdi en el FICG

En la primera clase magistral que ofreció el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), la cineasta Maite Alberdi nos aventuró a un breve recorrido sobre su trayectoria como documentalista y la evolución de su metodología por medio de la observación de lo cotidiano, la cercanía con sus personajes y la construcción de relatos profundamente humanos. 

 

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Cuando no estás haciendo documental, estás observando

Durante los últimos 15 años, Maite Alberdi ha adoptado una técnica particular de investigación para el proceso de realizar sus documentales: un proceso narrativo profundo, prolongado y práctico, principalmente de carácter observacional. Para ella, la investigación no es solo una etapa previa, sino la base que permite que la realidad “se mueva” como ella espera durante el rodaje.

Una prueba de ello es su primera película: El Salvavidas. Al respecto menciona que entrevistó a más de 250 salvavidas hasta encontrar a Mauricio, su personaje principal, quien encarnaba perfectamente la fricción entre la norma y la libertad que ella quería explorar.

El rodaje de su ópera prima tomó tres veranos: dos para realizar la investigación y uno para filmar. Durante ese tercer verano, el equipo de producción estuvo en la playa dos meses, trabajando diariamente para capturar las escenas previstas en el guion, el cual escribió basándose completamente en su investigación previa, sin cámaras, solo con la observación.

“Yo odio las investigaciones con cámara porque uno tiene que poder establecer esas relaciones con el entorno sin una cámara en el medio. Luego viene esa sensación de: ¿por qué no vine con cámara? ya no va a pasar de nuevo, pero la realidad es que todo pasa de nuevo”, declara Maite durante la clase magistral. 

Algo similar sucede con La Once, en donde Maite captura a su abuela tomando el té y conversando con sus amigas en un periodo de cinco años como si fuera una sola tarde. Su investigación consistió en identificar los temas de conversación en cada reunión mensual, que resultaron ser las mismas historias una y otra vez. 

Pactos con los protagonistas

La directora destaca que esta técnica que adoptó, surge de un concepto del cineasta francés, Nicolás Philibert, que sostiene que “todo lo que sucede en la vida se repite”. De esa manera, al observar tanto un mundo, logra entender cómo funciona.

No obstante, una parte vital de su técnica es establecer una relación clara con el personaje. A este proceso lo nombra “pacto de transparencia”, el cual consiste en transparentar su visión y definir qué es lo que el personaje busca del proyecto. No necesariamente ocurre en el primer encuentro, pero sí de forma temprana, planteando preguntas directas como: “¿Qué quieres tú de la película?” y “¿Cómo veo yo tu realidad?”

Sí, esto no siempre significa que sus deseos coincidan con los de ella, pero es una oportunidad para generar lazos reales con los personajes, dándole más autenticidad y tacto al resultado final. Otra parte fundamental del pacto es el compromiso de que el personaje sea siempre la primera persona en ver la película finalizada, ya que de esa forma confirma la confianza construida a lo largo de los años.

“Ninguna de mis películas podría existir sin la otra”

Para Maite Alberdi, su reconocimiento internacional llegó con El agente topo cuando fue nominado al Óscar como Mejor Largometraje Documental, luego llegó La memoria infinita en 2023, también recibiendo la misma nominación.

Pero de acuerdo con ella, nada de eso hubiera sucedido si no existieran todas las anteriores. Alberdi describe un camino donde cada película establece una meta más ambiciosa: mientras que con su primera película el deseo era simplemente entrar en un festival, con el segundo buscó la coproducción internacional, y más adelante con ‘El agente topo’ significó llevar una estrategia de años para llegar a Estados Unidos y los Óscar.

Ahora, su próximo desafío es su película más reciente, Un hijo propio, que tuvo su estreno oficial durante el FICG, el cual describe como “el proyecto que contiene todos sus aprendizajes previos”, e incluso, que conlleva un reto mayor: su incursión el cine de ficción y su primera película hecha en México.

Maite Alberdi rechaza la idea de que el éxito sea cuestión de suerte. Más bien, lo ve como el resultado de una estrategia de carrera donde cada paso le ha permitido dar el siguiente, siempre con un enfoque genuino para contar historias fieles a sus personajes. “Espero haber sido un sueño para otras mujeres directoras que digan: yo puedo llegar”, agrega la destacada directora chilena.

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