Rumbo al Ariel 2026: Las voces del despeñadero
Un salto surreal a la vida (y muerte) desde La Quebrada.
Desde hace 90 años, existe una tradición en donde personas saltan al vacío de un acantilado en el puerto de Acapulco, Guerrero, en México. El salto puede llegar a ser de 35 metros.
El cortometraje documental “Las voces del despeñadero” de Víctor Rejón e Irving Serrano ofrece una mirada sin precedentes a este ritual.
La obra inicia con el siguiente poema de Bernardo Fuentes:
El cuerpo contra el viento.
El azote en aspaviento.
Me quedo sin aliento
cuando el abismo enfrento.
¡Me aviento!
Un vacío recorre mis entrañas,
de cabeza imito a las arañas.
Experimento un mundo al revés,
donde el fondo es cielo.
Experimento un mundo sin pies,
donde las nubes son suelo.
El barranco me habla
mientras asciendo con voz áspera como el trueno.
Sus gruñidos raspan en mi cabeza,
con el ventarrón.
El viejo me ve subiendo en picada,
como un avión.
Sus palabras son claras en el lenguaje del acantilado.
El viejo frente a los sensatos permanece callado.
Mientras una flor que se asoma desde la cima del precipicio,
se despide de mí antes de sumergirme en el cielo acuoso.
Y de inmediato, el sol me reclama que salga de mi desquicio.
Pero ahora me aterra más la razón que el fondo del pozo.
Y termino gritándole al astro furioso:
No le exijas cordura a quien ha escuchado
las voces del despeñadero.
El poema es leído por miembros de la Asociación Nacional de Clavadistas de La Cañada. Escuchamos sus voces mientras vemos imágenes en blanco y negro de sus hazañas, del mar, de las piedras.
Después del poema, conocemos más a las y los clavadistas; las razones por las que saltan y los miedos que los acechan. El montaje nos hace partícipes del ritual: vemos cómo escalan las piedras y se colocan frente al abismo.
“Las voces del despeñadero” es un claro homenaje al clásico mexicano “La fórmula secreta” de Rubén Gámez.Por ejemplo, la fotografía en blanco y negro acompañada de música clásica.
El cortometraje va más allá del espectáculo que tal vez ya conoces. Está compuesto de retratos íntimos de los clavadistas: las pérdidas que han sufrido, los anhelos que tienen y la adrenalina que sienten.
Para ellos “todo inicia como un juego” y se termina convirtiendo en una forma de enfrentar la vida: dando saltos al vacío. Un oficio de riesgo pero también de mucha motivación para muchas personas.
“Las voces del despeñadero” triunfó en el Festival de Cine de Morelia y, ahora, compite por el Ariel en la categoría de Mejor Cortometraje Documental. Se puede ver de manera gratuita en Vimeo.