Entre colores, recuerdos y formas vive la obra de Joshe Montaño

Formas orgánicas, rostros, manos, nubes y colores intensos forman parte del universo gráfico de Joshe Montaño. Su obra se mueve entre recuerdos familiares, experiencias personales y una intención clara de construir imágenes que transmitan optimismo.

En entrevista para Tercera Vía, Montaño habló sobre la construcción de su estilo, su paso por la publicidad, las historias detrás de algunos de los símbolos que aparecen en sus piezas y la manera en que ha aprendido a trabajar sin someter su proceso creativo al ritmo de las redes sociales.

Encontrar una gráfica propia

El estilo de Montaño comenzó a tomar forma cuando decidió asumir su trabajo artístico de manera profesional y prestar mayor atención a aquello que realmente disfrutaba dibujar.

Poco a poco identificó formas, trazos y composiciones con las que se sentía cómodo. Esa exploración terminó por darle una identidad reconocible a su trabajo, aunque para él no se trata de una fórmula terminada. Su gráfica continúa cambiando conforme aparecen nuevas inquietudes, experiencias y referencias.

Más que perseguir desde el inicio un estilo determinado, el proceso consistió en reconocer qué elementos le resultaban naturales al momento de crear y desarrollarlos hasta convertirlos en parte de su lenguaje visual.

Pintar desde el optimismo

Mientras buena parte del arte contemporáneo encuentra material en la tristeza, la angustia o la melancolía, Montaño decidió explorar otra dirección.

El optimismo presente en sus piezas tiene relación con su personalidad, pero también responde a una decisión artística. Le interesa generar un contraste frente a discursos visuales más oscuros y utilizar el color para provocar sensaciones distintas.

Eso no significa que su trabajo nazca únicamente de momentos felices. Cuando atraviesa situaciones complicadas, pintar también se convierte en una salida. Las texturas, las formas y los colores intensos le permiten trasladar parte de ese malestar hacia el lienzo.

De esta manera, el optimismo de su obra no busca negar los momentos difíciles, sino encontrar otra manera de atravesarlos.

De la velocidad de la publicidad al tiempo de la pintura

Antes de concentrarse de lleno en su trabajo artístico, Montaño pasó por la industria publicitaria. De esa etapa conserva herramientas para organizar proyectos, administrar tiempos y entender los procesos detrás de un trabajo profesional.

Pero también tuvo que dejar algunos hábitos atrás.

El ritmo de una agencia, marcado por entregas rápidas y producción constante, chocaba con los tiempos que necesitaba para pintar. Al dedicarse al arte tuvo que acostumbrarse a que una pieza no necesariamente responde a la lógica de producir, entregar y comenzar inmediatamente con lo siguiente.

Desacelerar terminó convirtiéndose en una parte importante de su proceso.

La familia convertida en símbolos

Detrás de varios elementos recurrentes en su obra existe una historia familiar.

Los rostros, las nubes y las manos surgieron dentro de un proyecto dedicado a su familia paterna. Cada elemento guarda una referencia concreta: los rostros representan a su abuelo, las nubes recuperan el paisaje del pueblo del que proviene su familia y las manos funcionan como un reconocimiento al trabajo de su padre.

Así, elementos que podrían parecer únicamente parte de una propuesta estética también funcionan como fragmentos de su memoria.

La manera de trabajar cambia cuando se trata de colaboraciones comerciales. En esos proyectos, Montaño adapta su gráfica a las necesidades y objetivos de una marca. En su obra personal, en cambio, cuenta con mayor libertad para decidir qué pintar, cómo hacerlo y hasta dónde desarrollar una idea.

Dentro de ese recorrido, identifica su exposición en Chicago como uno de los momentos que marcaron su carrera. La experiencia le permitió dimensionar las posibilidades profesionales de su trabajo y reconocer hasta dónde podía llevar una propuesta que había construido desde lo personal.

Crear sin obedecer al algoritmo

Para un artista, producir obra ya no es la única exigencia. También existe la presión de documentarla, publicarla y mantener una actividad constante en plataformas digitales.

Montaño procura mantenerse al margen de esa dinámica cuando comienza a interferir con su proceso. No busca producir piezas únicamente para alimentar redes sociales ni medir el valor de su trabajo a partir de interacciones o métricas.

Incluso reconoce la importancia de darse permiso para procrastinar.

Tomarse tiempo, alejarse de la obligación de publicar y esperar a que regresen las ganas de crear forman parte de su manera de trabajar. No todos los momentos tienen que convertirse en contenido ni todas las ideas tienen que terminar inmediatamente en una pieza.

Cuando piensa en lo que le diría al Joshe de 16 años, la respuesta vuelve al origen de todo: confiar en su intuición, escuchar menos los comentarios externos y dedicar todas las horas posibles a disfrutar del dibujo y la pintura.

Previo

El Hilo de Tzotzil

Siguiente

Estás en la historia más nueva