El pacto patriarcal no es exclusivo del caso “Cornell 7”, es una realidad integrada en nuestras vidas
No todos los hombres, pero sí más de 50 hombres que integraban un grupo de Snapchat de fraternidad llamado ‘Chi Pi Activities’, fueron testigos de una violación en grupo sin intervenir ni denunciar a nadie. El Caso Cornell 7 nos recuerda algo que muchas ya teníamos presente: la violencia patriarcal no requiere que todos los hombres sean agresores activos, basta con uno dispuesto a ejercer la violencia y una mayoría alrededor que elija observar y mantener silencio.
Ver esta publicación en Instagram
Una demanda de la sobreviviente del caso Cornell 7 identificada como “Jane Doe” llegó al Tribunal Supremo del Condado de Nueva York este septiembre de 2026. La acción legal se dirige contra los estudiantes responsables, la Universidad Cornell, la fraternidad Chi Phi local y nacional, Tri Delta y una discoteca de Ithaca.
Los responsables, integrantes de Chi Phi, son Matthew Ingalls, Diego Sarabia, Winston Lee, Jonathan Newell, Gillio Lopes, Scott Norris y Scott Kretzschmar. Durante 2 años, ninguno de ellos enfrentó consecuencias legales por la violación grupal que orquestraron, pero eso podría cambiar pronto.
Ver esta publicación en Instagram
Aunque este caso ha despertado rechazo y reacciones negativas en redes sociales, principalmente hacia cómo se manejó el caso en el 2024, es importante entender los factores que facilitaron estos hechos:
- El pacto patriarcal: La práctica de proteger, justificar o minimizar los actos violentos cometidos por pares dentro de grupos de amigos, universidades, fraternidades, familias e instituciones. Ese pacto (no dicho) es ejercido por su mayoría hombres, y en la mayoría de los casos, pueden salir impunes, sin consecuencias y en completa libertad.
- Las violaciones masivas como ritual de cohesión masculina: La tendencia de los hombres a formar lazos estrechos, lealtades y redes de apoyo principalmente con otros hombres en el que muchas veces se recurre a utilizar el cuerpo de una mujer como medio para sellar la lealtad.
- El mito del “buen chico”: La vinculación de los estudiantes pertenecientes de fraternidades de élite con la creencia social de que vienen de una buena familia, con valores, exitosos e incapaces de cometer agresiones o violencia.
En nuestro contexto histórico, todas estas acciones toman lugar en diferentes espacios y formas, pero están más presentes que nunca y dan pie a que estas agresiones ocurran. No surgen por casualidad, surgen a partir de una impunidad estructural y una cultura patriarcal que le resta responsabilidad a los hombres.
Como señala la autora francesa, Virginie Despentes en Teoría King Kong: “Todas conocemos a unas cuantas mujeres violadas, eso si no lo hemos sido nosotras mismas, pero ¿cuántos hombres que hayan violado conocemos? Nos sabemos violadas, pero la figura del violador parece inexistente, como si fuera una figura fantasmagórica que las mujeres nos inventamos para excusarnos por no haber disfrutado de una relación sexual que no deseábamos.” Esta asimetría es la realidad de tal vez no todas las mujeres, pero sí las suficientes para evidenciar que el sistema siempre termina desplazando la culpa hacia la víctima, mientras protege la figura del agresor.
Porque aquí no solo son los 7 agresores de Jane Doe. Son los más de 50 integrantes del grupo que no hicieron nada, son las figuras de poder que decidieron “castigar” a los agresores con la elaboración de ensayos, son los amigos y familiares que normalizan las conductas violentas, son las instituciones educativas que siguen sin ser seguras para ninguna estudiante, son la falta de leyes, información y concientización sobre lo que una violación le puede hacer a una mujer el resto de su vida.
La Universidad de Cornell ha defendido sus actuaciones y rechazado categóricamente las acusaciones de haber minimizado el caso en su momento. Con solo 2 expulsiones, unas cuantas suspensiones y la redacción de unos ensayos como castigo (aunque la universidad niegue estos hechos), los estudiantes acusados han continuado con sus vidas cotidianas sin repercusiones. Jane Doe tuvo que dejar de estudiar en Cornell.
Aunque no está claro si alguno de los hombres acusados sigue siendo estudiante de Cornell, la universidad se ha negado a hacer público los nombres o el número exacto de alumnos sancionados, pero hasta ahora se sabe que, tanto Matthew Ingalls como Diego Sarabia, han sido despedidos de sus respectivos trabajos, a raíz de que el caso estallara en plataformas digitales.
Tras varias amenazas de revelar la identidad de la víctima, en respuesta muchas mujeres han alzado la voz, identificándose a sí mismas como Jane Doe y demostrando que no solo los hombres pueden practicar la “lealtad” entre ellos, las mujeres podemos hacerlo mejor.
Ver esta publicación en Instagram
El caso será presentado ante un gran jurado, el cual analizará los testimonios y nuevas pruebas digitales, incluidas las capturas del chat de Snapchat, para determinar si existen elementos suficientes para imputar cargos penales formales a los agresores. Los acusados defienden su inocencia, pero sus nombres y sus caras se han quedado grabados en nuestras cabezas.