Enseñar en la era del ‘slop’: ¿Qué retos enfrentan hoy las maestras y maestros?
El aburrimiento siempre tuvo mala fama. Pero quienes se dedican a enseñar saben que en ese malestar silencioso ocurre algo esencial: el cerebro empieza a imaginar, inventar y a trabajar solo. Hoy, ese momento ha desaparecido casi por completo dentro del aula y lo reemplazan con el uso de celulares. “Los niños ya no saben aburrirse”, menciona Camila Aguilar, una teacher de inglés con dos años de experiencia, “buscan que alguien los saque de ese aburrimiento”. ¿Pero qué pasa cuando ese “alguien” toma forma de un contenido basura generado de forma automática, sin criterio ni profundidad?
Cuando hablamos de los desafíos de enseñar en la era del slop, hablamos de algo concreto: maestras y maestros que cada día tienen que captar la atención de sus estudiantes un entorno saturado de contenido generado por inteligencia artificial, rápido de producir y difícil de distinguir del “bueno”.
¿Pero qué es el ‘slop’?
Siempre ha existido contenido basura, pero la diferencia es que en el momento actual del internet, este se fabrica a escala industrial y con una apariencia cada vez más pulida. A eso le llamamos ‘slop’. Las consecuencias de este fenómeno ya son visibles, y en el ámbito educativo es cuando se pone peor.
No es sorpresa que la atención va en declive. De acuerdo con una investigación del Tecnológico de Monterrey, la capacidad de concentración promedio de la Generación Z ronda los 8 segundos, frente a los 12 segundos de los llamados Millennials y los 24 segundos de la Generación X.
Más allá de los números, lo que el estudio dice es que la atención prolongada, la lectura profunda y la tolerancia a la frustración se han visto deterioradas en los últimos años. Gracias TikTok.
¿Cómo mantener la atención de los alumnos? Esto es lo que dicen las maestras
Hablamos con algunas maestras. Esto es lo que nos contaron.
Para empezar: no existe una respuesta absoluta. Hay quienes apuestan por ofrecer clases con distintos ritmos, como Alfa Angélica, que tiene cinco años de experiencia como maestra. “Yo intento implementar actividades que requieran movimiento y manipulación de objetos, si uso material visual intento que sean contenidos que conecten con sus realidades”, menciona Alfa.
Sin embargo, otras reconocen el potencial de plataformas digitales como aliados: “Tanto videos de YouTube o Just Dance, es algo que usamos mucho las maestras. Pero hay veces en las que uno no quiere que interactúen mucho con pantallas, entonces me las tengo que ingeniar y planear una actividad, ya sea que juguemos en canchas o en patio. A lo mejor no tiene ningún contenido académico, pero me ayuda a que los niños puedan distraerse un poco y volver a la clase con atención”, comparte Camila.
Eso sí, cada una de ellas coincide en que el uso de redes sociales y plataformas digitales definitivamente ha cambiado la forma en la que aprenden las generaciones más jóvenes, y eso no ha sido necesariamente algo positivo para ellas y la planeación de sus clases. Camila agrega: “Ya no puedes mantener su atención en una clase por 30 minutos sin que tengas que hacer una pausa”.
Es entonces donde las artes toman un papel central en la enseñanza: desde pintura, dibujo, el uso de plastilina, lo que sea que sea lo suficientemente manipulable y pongan en práctica sus habilidades.
Aún así, no consideran que la falta de atención sea el principal reto al enseñar a estas nuevas generaciones, lo que realmente representa un desafío para ellas es la regulación de emociones de los alumnos. “Lamentablemente como no hay apoyo en casa, los niños llegan con una cero tolerancia a la frustración”, señala Camila.
¿Y cómo se traduce esto al momento de dar clases? Pues en lugar de apegarse a la currícula, tienen que pasar todo el ciclo escolar resolviendo problemas de conducta que no se resuelven desde casa. Y eso es trabajo extra que casi nunca es reconocido.
El salario muy pocas veces refleja el trabajo
Este no es un problema aislado, sino un factor que agrava las adversidades estructurales y tecnológicas que enfrenta el sistema educativo actual. Mientras que en México, la Ley General de Educación establece que el financiamiento no debe ser menor al 8% del PIB, se ha asignado apenas un 3.04% a la inversión educativa.
En el caso de Alfa Angélica, esta problemática también se traduce en los materiales con los que cuenta al momento de enseñar: “Al ser docente en una primaria federal, definitivamente cambiaría la forma en la que se nos asignan materiales, y a esto me refiero a los libros de la SEP. Aunque estén hechos bajo el sistema de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), no son completamente útiles para lo que es la enseñanza de una lengua extranjera.”
Y no es la única. Para Camila Aguilar, lo dice explícitamente, la NEM no está funcionando. “Le quitaron a la currícula muchos conocimientos que los niños deberían de tener, y no se ha logrado adaptar a los niños, sobretodo con los niños que son neurodivergentes”.
Diversos maestros reportan que la formación institucional sobre estrategias específicas para la neurodiversidad es prácticamente nula o muy escasa en el ámbito educativo. Esto los obliga a buscar información por su propia cuenta, a buscar un equilibrio para brindar atención especializada y básicamente actuar como traductor social para el resto de los alumnos, algo que no siempre es fácil de lograr.
Al final, la educación es un esfuerzo de equipo
Muchas veces se cree que los alumnos tienen que adaptarse al modelo educativo, pero la realidad es que el modelo educativo tiene que adaptarse a las verdaderas necesidades de ellos. Y para saber cuáles son estas, los maestros y maestras son el puente. Sin embargo, se ven atrapados en un laberinto burocrático de recolección de datos y formatos que a veces no llegan a nada, y además les quita tiempo para la enseñanza real.
Así que, con todo esto, es necesario decirlo: el rol de los padres en la educación actual es crucial para enfrentar los desafíos de la era digital. Mucho de lo que los mismos docentes exigen es la participación activa de los padres, desde el apoyo académico tradicional, el acompañamiento emocional, hasta la mediación tecnológica.