¿Destrucción de vestigios mayas? Esto es lo que están haciendo comunidades menonitas en Campeche
Campeche ha sido escenario de una amenaza silenciosa en los últimos años. Habitantes y activistas de Hopelchén y zonas aledañas a Bacalar han reportado una destrucción sistemática de vestigios arqueológicos mayas y una deforestación masiva, presuntamente llevada a cabo por comunidades menonitas para expandir tierras de cultivo.
Esto ya se había visto en Perú, Bolivia, Colombia y Paraguay. “Han comprado nueva tierra y cortan madera donde estaban nuestros ancestros”, se destaca en un reportaje de Mongabay Latam sobre la presencia de comunidades menonitas en territorio latinoamericano.
Era 2022 cuando comunidades indígenas Colombia, Paraguay y México denunciaron la tala ilegal de árboles, miles de hectáreas y destrucción de sus bosques a manos de colonias menonitas. Pero desde su presencia en Latinoamérica desde hace casi 7 décadas, la deforestación ha sido una constante vinculada a sus tácticas de ocupación de tierras.
En México, desde su llegada en los ochenta, han implementado sistemas de agricultura mecanizada y producción de carbón que han impactado significativamente la salud de los ecosistemas. En la Reserva de Balam Kin, se denunció desde 2024 que se habían deforestado 250 hectáreas en menos de dos meses para expandir monocultivos, y antes de eso, Campeche ya había perdido el 11% de su bosque primario húmedo, siendo una de las entidades con mayor deforestación en México.
Y no es casualidad que hayan elegido esta entidad como su nuevo hogar. Históricamente, México (al igual que otros países latinoamericanos) invitó y facilitó la llegada de comunidades menonitas para manipular tierras que el Estado consideraba “vírgenes”. Al momento de recibir estas tierras, las autoridades se comprometían a no interferir en sus prácticas, permitiéndoles educar a sus hijos fuera del sistema oficial y mantener su propia lengua.
En el caso de Campeche, siendo una entidad eminentemente forestal con millones de hectáreas de ecosistemas tropicales, estos bosques representan una oportunidad para convertirlos en monocultivo industrial, ideal para sembrar sorgo, maíz y soya, así como para meter ganadería, ya que su modelo agrícola requiere del aplanamiento total de la tierra.
“Ellos están convencidos de que su accionar en los bosques está en consonancia con lo que Dios pide a los seres humanos. Es la manera como entienden el mandato del Génesis de ‘dominar la tierra’, que es interpretado de manera literal”, declaró Laura Vargas, coordinadora de Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales (IRI) en Perú a Convoca.
Y las consecuencias de esto son gravísimas. Además de las denuncias de Balam Kin, se reportó que se abrieron caminos ilegales en zonas protegidas para establecer nuevos núcleos poblacionales. Así como en el área colindante con el Ejido Chiná, en donde NMás reportó la destrucción de 5 montículos arqueológicos que incluían estelas, relieves y estructuras de hasta 15 metros de altura que la selva había conservado durante siglos.
El creador de contenido Xiu, destacó que la misma comunidad menonita está utilizando maquinaria pesada para triturar edificios y templos mayas, convirtiéndolos en polvo y gravilla para cimentar caminos y asentamientos.
Este mismo sistema de producción, que incluye el uso extensivo de organismos transgénicos y productos químicos agrotóxicos, ha provocado la degradación de los suelos y la contaminación de los acuíferos. Al igual que el uso masivo de los agrotóxicos afecta directamente a los polinizadores, ha puesto en jaque la producción de miel de la abeja melipona, una actividad económica y cultural vital para las comunidades mayas locales.
La Jornada Maya ha reportado procesos de compra-venta ilegal de tierras ejidales, en los que participan ex funcionarios agrarios que facilitan el acceso a mapas y la desincorporación de tierras protegidas para su comercialización.
A pesar de que en 2021 se firmó un acuerdo histórico entre el Gobierno de México y varias comunidades menonitas para detener la deforestación y transitar a sistemas de producción sustentables, los reportes de ecocidio y destrucción de vestigios en zonas como Hopelchén y Balam Kin continúan en 2024. Actualmente, la Guardia Nacional y organismos como Profepa e INAH mantienen investigaciones abiertas para frenar estos daños irreparables.