Tenancingo, capital de México de la trata de mujeres y niñas: ¿Qué tan real es que ha disminuido esta problemática?
Una mujer ya está vendida desde el momento que nace. Así narra un reportaje de The Times, que visibiliza una pesadilla hecha realidad que ha acompañado al pueblo mexicano Tenancingo durante décadas: el negocio de la trata de personas.
A casi 100 kilómetros de la Ciudad de México se encuentra un pequeño pueblo en el estado de Tlaxcala, conocido como Tenancingo, donde 4 de cada 5 estudiantes quieren dedicarse a la trata de mujeres y crecen normalizando este “oficio”.
Conocidos como padrotes o proxenetas, llevan décadas controlando el pueblo y ganando millones vendiendo mujeres y niñas entre México y Estados Unidos, con la promesa de una vida mejor para ellas y para sus familias.
Generaciones de padrotes
De acuerdo con el reportaje, el negocio de la explotación sexual en Tenancingo comenzó durante las décadas de 1950 y 1960 con la industrialización del país y la migración de hombres de Tlaxcala a ciudades de todo México para trabajar en fábricas. “Se dieron cuenta de que explotar a las mujeres es más rentable que trabajar como obreros, como trabajadores de fábrica, y comenzaron a desarrollar estas redes y a enseñar a otros hombres en estas comunidades”, explica Marisol Flores, directora del Centro Fray Julián Garcés, asociación civil que lucha contra la trata de mujeres y niñas y la devastación socioambiental en la Cuenca Atoyac-Zahuapan.
Agrega que en la década de 1990, cuando creció la migración masiva de México a Estados Unidos, los hombres de Tlaxcala llevaron consigo el sistema de padrote al otro lado de la frontera, particularmente a Nueva York. “Estamos hablando de generaciones de padrotes aquí”, señaló Yenny Charrez Carlos, una abogada local que ha trabajado extensamente en casos de trata de personas.
¿Cómo operan los padrotes?
De acuerdo con diversas fuentes, se trata de un sofisticado sistema de seducción, control psicológico y manipulación de redes familiares que han transformado el delito en un “oficio” heredado y perfeccionado a lo largo de décadas:
- Primero, se identifica a las víctimas en contextos de pobreza, ya sea desde carencias afectivas o entornos familiares violentos.
- Después, utilizan los matrimonios para convencer a las víctimas de abandonar su hogar y cortar vínculos con familiares o amigos, incluso llegando a transformar su identidad.
- Eventualmente, las víctimas son aisladas y llevadas a hogares de los tratantes en Tlaxcala donde permanecen vigiladas antes de ser enviadas a los lugares de explotación. Los tratantes recurren a agresiones físicas, amenazas de muerte a la familia de la víctima y tortura para evitar denuncias o fugas.
- Se establecen rutas sólidas que conectan comunidades como Tenancingo con ciudades de Estados Unidos como Nueva York, Atlanta y Houston, trasladando a las jóvenes entre burdeles en casas particulares o vehículos.
- Se imponen cuotas semanales a las víctimas, y en algunos casos, un tratante puede recolectar hasta 90 mil pesos mensuales por una sola mujer, obligándola a realizar decenas de servicios diarios.
Sin embargo, las mismas fuentes afirman que cada vez se abandona más el período de preparación, y que los proxenetas simplemente se llevan a las mujeres directamente de sus familias. “Las roban, o los padres de estas zonas las cambian por una botella de vino o un saco de comida”, agrega una agente de policía de Tenancingo.
Cabe destacar que esta actividad está fuertemente vinculada con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de acuerdo con las fuentes, señalando que en los últimos años su presencia se ha involucrado en la trata sexual de personas en la zona, obteniendo ganancias de los proxenetas y exigiendo mayores ingresos.
Realidad frente al discurso oficial
De acuerdo con un pronunciamiento del Centro Fray Julián Garcés en 2026, el gobierno estatal no ha reportado casos de denuncias ante el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) desde el año 2023. De hecho, entre enero de 2023 y septiembre de 2025, Tlaxcala apareció con “cero registros” en la plataforma nacional.
Por otro lado, desde la llegada de Lorena Cuéllar, actual gobernadora de Tlaxcala, ha señalado que la trata de mujeres ha disminuido en un 83% y ha llegado a declarar de manera insistente en entrevistas con medios de comunicación que “es un problema que ya no existe en Tlaxcala”.
Sin embargo, las organizaciones civiles denuncian una manipulación de cifras: mientras el SESNSP solo registró 4 carpetas abiertas en 2023, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia recibió 30 informes ciudadanos provenientes de Tlaxcala en el mismo período. Además, entre enero de 2023 y junio de 2024, se tuvo registro de 14 víctimas de trata con multas de explotación sexual, mientras que en 2024, la propia Fiscalía informó de 13 víctimas adicionales y 6 carpetas de investigación abiertas.
La gobernadora ha resaltado la obtención de al menos 9 sentencias contra tratantes en los primeros tres años de su gestión, pero las organizaciones señalan que el número de sentencias es mínimo en comparación con la gravedad del problema, incluso sugiriendo que Tlaxcala podría ser la tercera entidad con más víctimas en el país, solo detrás de Quintana Roo y el Estado de México.
Invisibilización sistemática por parte del Estado
Lo único que las organizaciones civiles han recibido a cambio por parte del Estado es una invisibilización del problema a través de una estrategia de negación oficial, manipulación de estadísticas y omisiones operativas. Todo para sostener una falsa narrativa de que Tenancingo ahora es “seguro”.
La invisibilización también se traduce en la falta de recursos básicos para las víctimas. A pesar de la gravedad histórica del problema, el gobierno del estado ni siquiera cuenta con un refugio especializado para mujeres y niñas víctimas de trata. Esta carencia imposibilita la protección real, la reconstrucción de la vida de las víctimas y el seguimiento de este delito.
De igual manera, las ONGs señalan que el gobierno se ha negado a implementar de manera efectiva el “Programa Estatal contra la Trata de Personas 2022–2027”, evitando la asignación de recursos para infraestructura de protección básica, como lo es un refugio.
Esto también es complicidad. Al no ofrecer acompañamiento, al negar el nivel de violencia que se vive y al rechazar la creación de un refugio se favorece a las redes de trata, proporcionándoles la seguridad de continuar operando de manera impune. “En Tlaxcala es algo cultural y socialmente aceptado; las autoridades lo han aceptado”, señala Mariana Wenzel, directora y cofundadora de Anthus, una organización que trabaja para prevenir y combatir la trata de personas.
La ausencia de datos, información y refugios no quiere decir que sea por una falta de víctimas, quiere decir que las autoridades y responsables de la justicia le han fallado a sus habitantes, a las mujeres y a las niñas. Ni la capacitación sobre el tema, ni la ejecución de órdenes de arresto, ni las denuncias son suficientes para erradicar el problema: Tenancingo fue y sigue siendo la capital de México de la trata de mujeres.