¿Por qué, con el mundo yéndose al carajo, ya no emociona ir a la luna?

Hace casi 60 años los humanos llegaron a la luna. Hoy, probablemente has visto encabezados sobre una nueva misión lunar: Artemis II, la primera tripulada por humanos desde aquellos tiempos lejanos. Las noticias sobre el tema van evolucionando con cada minuto que pasa. Al momento de escribir este artículo, la misión Artemis se encuentra más cerca de la luna que de la tierra. Llegando la misión a su clímax con la llegada a la luna y el sobrevuelo de su cara oculta. La NASA asegura que para finales de está década, astronautas volverán a pisar la luna. 

Si esto te suena decepcionante o te provoca indiferencia, no eres el único. En redes sociales, entusiastas del espacio se han cuestionado por qué esta noticia no causa mayor furor entre las personas. A su vez, voces críticas de la misión han tenido una mayor relevancia. “¿Cuál es el propósito de ir otra vez?”, se cuestionan. Todo esto en medio de problemas probablemente más importantes que están sucediendo en nuestro planeta. 

 

Qué sí hay de chido

Antes de mostrar el lado oscuro, valdría la pena mencionar posibles hitos interesantes que la misión Artemis II piensa conseguir. La misión rompería récords que han estado intactos desde 1970, llevando a cuatro astronautas a una distancia de 400,000 kilómetros de la Tierra. A su regreso, se convertirán en los humanos más rápidos de la historia al reingresar a la atmósfera a 40,000 km/h. Además, la NASA presume que esta será la misión más diversa, enviando por primera vez a una mujer, a un astronauta afrodescendiente y a un no estadounidense a la luna. La diversidad ya no es noticia. 

 

No empezamos el fuego

Calentamiento global, el ascenso de la ultraderecha, la guerra en Gaza, la guerra en Irán, Trump, la crisis de desapariciones en México, la falta de agua, los avances en la inteligencia artificial, inflaciones, crisis de vivienda, inseguridad, la permanencia del neoliberalismo. Estas son algunas de las noticias que nos acechan todos los días. Noticias que ocurren en nuestro país, en nuestro continente y, también, al final del día, a lo largo y ancho de este planeta. Cuando el cerebro está en modo supervivencia, puede ser difícil asombrarse por las hazañas de otras personas. 

La percepción de los viajes espaciales ha cambiado a lo largo de los años. Lo que en algún momento era visto como un logro de la humanidad, hoy puede ser considerado hasta un pasatiempo para los multimillonarios que han puesto de su parte para joder el mundo en el que vivimos (léase el viaje de Jeff Bezos o hasta de Katy Perry). Cada vez es más complicado que las personas crean que los viajes espaciales representan progreso para todas y todos. 

 

Es difícil emocionarse

Es difícil emocionarse por una misión que cuesta 100 mil millones de dólares (1,776,820,000,000.00 pesos mexicanos) en un planeta con desigualdades estructurales inmensas. Es difícil emocionarse por una misión que cuesta 100 mil millones de dólares cuando la hambruna extrema alcanzó su máximo histórico.  Según información de Naciones Unidas, más de 295 millones de personas en 53 países y territorios se enfrentaron al hambre de manera aguda. Es difícil conmoverse por una misión que cuesta 100 mil millones de dólares cuando más de 70 mil personas han sido asesinadas en Gaza a manos de Israel. Es difícil alegrarse por una misión espacial en donde al final de la década pueda haber huellas en la superficie cuando en México más de 130 mil personas están desaparecidas y sus familiares buscan sus huellas aquí en la tierra. La luna está lejos, la precarización laboral está cerca. La luna está lejos, las sequías ya están aquí. Es difícil emocionarse por otros lugares cuando tu casa está en fuego. 

Pueden existir muchos factores (no excluyentes entre sí) que abonen a un desinterés colectivo frente a la misión Artemis II: los humanos ya han llegado a la luna, solo son unos pocos los que pueden vivir esa experiencia, y, este mundo se está yendo al carajo por varios frentes: naturales, políticos, sociales. Tal vez al final es algo que ya no se siente como noticia (entendiéndose como algo novedoso) y hay más cosas que están ocupando espacio mental en nuestras cabezas. 

A estas alturas tal vez sea más relevante y fundamental para el futuro comprarle la cartulina a tu hija que astronautas yendo al espacio.

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