El fracking se abre paso en México: ¿Cuáles son los impactos ambientales a los que nos enfrentamos?
Durante la conferencia matutina de este 8 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por la secretaria de Energía, Luz Elena González, y el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla anunció un plan para incrementar la producción de gas natural mediante técnicas no convencionales. Es decir: le dieron la bienvenida oficial al fracking, a pesar de que ya se había buscado prohibir esta práctica en gobiernos anteriores.
¿Qué es el fracking?
El fracking consiste en una técnica de estimulación de pozos para extraer gas natural y petróleo en formaciones rocosas que están situadas en grandes profundidades. Para que el fracking sea exitoso, su técnica tiene que estar atravesada por el uso intensivo de recursos naturales como agua, aditivos químicos y arena. Tan solo para un solo pozo se suele utilizar entre 9 y 29 millones de litros de agua y un 2% de aditivos químicos, lo cual incluye sustancias tóxicas, cancerígenas o riesgosas para la salud.
Aunque anteriormente se había prometido prohibirlo, el actual gobierno de México sugirió el concepto de un “fracking sustentable”. La propuesta busca aprovechar los yacimientos no convencionales (estimados en 141 billones de pies cúbicos de gas) para alcanzar la soberanía energética y reducir la dependencia de las importaciones de Texas, de donde proviene el 75% del gas que consume el país.
La viabilidad de esta supuesta “sustentabilidad” se verá reflejada en el uso de nuevas tecnologías, como el agua reciclada o agua de mar y del uso de químicos orgánicos menos agresivos, lo cual será evaluado por un comité científico, el cual será creado con especialistas nacionales e internacionales, incluidos expertos de la UNAM y el IPN.
¿En qué consiste el plan?
A través de la Estrategia Nacional del Sector de Hidrocarburos y Gas Natural 2024-2030, y el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 se anunció que este plan consiste en evaluar y potencialmente ejecutar la extracción de hidrocarburos en yacimientos no convencionales para alcanzar la soberanía energética.
Ojo, esto no comenzaría inmediatamente. El objetivo es que en 10 años se pueda elevar la producción a más de 8,600 millones de pies cúbicos diarios, combinando ambos tipos de yacimientos. En pocas palabras, el fracking iniciaría en 2027 y crecería de forma progresiva hacia 2035.
Además, entre sus objetivos se busca que tenga “menor impacto ambiental”, por lo que también se anunció la creación de un Comité Científico conformado por especialistas de la UNAM, el IPN y expertos en agua y cambio climático para evaluar la viabilidad técnica, económica y ambiental del plan. Este mismo comité tendrá un plazo de 2 meses (a partir de abril de 2026) para emitir un veredicto, el cual se espera para junio de 2026. De ser aprobado, entonces iniciaría para 2027, como se tiene previsto.
¿A qué riesgos ambientales nos enfrentamos?
- Crisis y contaminación del agua: Como mencionamos, un solo pozo puede requerir entre 9 y 29 millones de litros de agua, lo cual puede elevarse hasta los 80 millones conforme vaya evolucionando. En el caso de México, se estima que explotar solo el 10% del potencial de lutitas requeriría más de 470 mil millones de litros, afectando gravemente zonas con alta vulnerabilidad hídrica como la Cuenca de Burgos y Tampico-Misantla
- Gases tóxicos y fugas de metano: El fracking libera grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero que calienta el clima 80 veces más que el CO2 en sus primeros 20 años en la atmósfera. En zonas operativas de Veracruz, se han documentado emisiones fugitivas de gases que deterioran la calidad del aire y afectan la salud respiratoria de las poblaciones locales, por lo que podría afectar todavía más.
- Microsismos inducidos: La inyección de fluidos a alta presión y la disposición de aguas residuales en pozos profundos han provocado eventos sísmicos en zonas previamente estables. En Padilla y Güémez, Tamaulipas, se documentaron microsismos de magnitud entre 2.2 y 3.1 tras operaciones de fracturación hidráulica.
- Daños a los ecosistemas: En la Cuenca de Burgos, el fracking amenaza la conectividad biológica del matorral espinoso tamaulipeco, afectando procesos vitales como la polinización y la dispersión de semillas. Además, las operaciones continuas generan una degradación severa del paisaje y contaminación acústica por el uso de bombas y maquinaria, lo que provoca el desplazamiento de la fauna local y estrés fisiológico en las especies.
- Riesgo de sustancias químicas: Aunque el gobierno analiza opciones “sustentables”, el fracking tradicional utiliza más de 600 productos químicos, muchos de los cuales son tóxicos, alergénicos y cancerígenos. La migración de estos componentes hacia la superficie o su vertido incontrolado deja el subsuelo en condiciones irrecuperables.
Traición y contradicción política
Organizaciones como la Alianza Mexicana Contra el Fracking (AMCF) y Greenpeace México han rechazado esta medida e incluso la han calificado como una contradicción política. Señalaron que el respaldo al plan de Pemex representa un giro drástico respecto a la postura de la actual administración y del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien había prometido prohibir esta técnica.
La AMCF sostiene que utilizar el pretexto de la “soberanía energética” para reactivar el fracking, coloca al gobierno como uno que traicionó el voto popular y obstaculiza la salida de los combustibles fósiles. Además, señalan que los términos utilizados como “yacimientos de geología compleja” o ” no convencionales” son demasiado ambiguos.
“No existe tal cosa como un fracking sustentable”, señalan los colectivos, y denuncian que esta iniciativa representa un modelo que no garantiza independencia energética, sino que perpetúa riesgos sociales y ambientales irreparables.