“Debemos recuperar la calle, recorrer el espacio y conocer a gente de manera azarosa”: Lucrecia Martel desde Casa del Lago UNAM

La aclamada directora visitó la Ciudad de México para presentar su más reciente película y el primer libro salido de sus conferencias, intervenciones públicas y conversaciones.

“Puedo definir con total precisión lo que pretendo para la humanidad. Caminar sin miedo, desplazarse como se pueda y conversar con la gente.”

Un destino común p. 13

En una tarde nublada, cientos de personas se reunieron en Casa del Lago UNAM para asistir a la presentación del libro Un destino común (Caja Negra Editora) con su autora, la cineasta argentina Lucrecia Martel, quién también presentó estos días en la Cineteca Nacional de México su último filme Nuestra Tierra (2025), documental sobre el juicio del asesinato del activista Javier Chocobar.

En la conversación desde el Bosque de Chapultepec llamada “Sonido, imagen, política” y moderada por Malena Rey de Caja Negra Editora y Cinthya García Leyva, directora de Casa del Lago UNAM, la cineasta originaria de Salta, reflexionó sobre su percepción del mundo, apostando por la conversación como herramienta para recomponer lo comunitario y así poder pensar el presente y futuro de manera colectiva. Martel también abordó las problemáticas que vienen con la individualización, las nuevas tecnologías, las secuelas de la pandemia y la idea fallida de identidad.

Tocados por el sonido.

Uno de los elementos distintivos en el cine de Martel es el uso del sonido. Para la directora de La ciénaga (2001), el sonido es parte fundamental para entendernos a nosotros mismos y a lo que nos rodea. En el sonido, según la cineasta, hay una carga de información gigantesca y de un valor narrativo importante que define nuestra existencia.

En una de las diez conferencias realizadas entre 2009 y 2025 y recopiladas en el libro que se presentó, Martel critica la importancia que se le ha puesto a la imagen sobre el sonido en el cine.  “El animalito que somos concibe la mirada como un poder que se proyecta sobre el mundo y no al mundo viniendo sobre nosotros, que sería el lugar en el que nos pone la escucha”, asegura la directora.

Para Martel, “eso somos nosotros, los espectadores en el cine: los tocados por el sonido”. No nos podemos escapar del sonido, estamos “sumergidos” en el aire y en olas de vibraciones que nos afectan físicamente. Esta idea es explorada más a fondo por la directora de La Niña Santa (2004) asegurando que el lugar en donde nos pone la escucha es un lugar común en donde estamos todos juntos, inmersos, como en una gran alberca. “Esa situación de inmersión no solo es física, es política. Nos olvidamos que lo que le pasa al vecino me pasa a mí”, dijo la cineasta.

“Desde el principio de los tiempos hemos estado todos unidos entre nosotros. Esa idea de separación de individuo, de qué sé yo, si lo tuviéramos que pensar en función de la inmersión, nunca estuvimos separados”, mencionó Martel durante la conversación rematando con una buena analogía: “Si uno se hace pis en una pileta. Ahí uno entiende perfectamente lo que es estar cerca del otro”.

La directora también cree que la forma en la que sonamos nos define y marca la pertenencia. Los sonidos definen los lugares. En el conversatorio, Martel expuso los riesgos de usar referencias norteamericanas (bancos de sonidos gringos) para contar historias propias. De acuerdo con la cineasta, estas referencias mantienen “la incapacidad de generar nuevas y audaces combinaciones en base a lo que nos rodea”.

La directora de La mujer sin cabeza (2008) dijo que cuando “todo lo simplificamos a las referencias norteamericanas, nuestro mundo empieza a desaparecer en torno a esas facilidades”. Martel asegura que estas prácticas nos van a empobrecer “hasta que nos desconozcamos a nosotros mismos”. La cineasta menciona que esas facilidades y simplificaciones están también presentes en la inteligencia artificial. “Usando la IA estamos simplificando las sensaciones que percibimos a lo que unas pocas empresas nos permitan”.

Vivir la aventura

Sobre algún consejo que le podría dar a las y los jóvenes, Martel primero bromeó diciendo que lo que uno menos necesita es un consejo por parte de una persona que no está pasando por lo mismo que uno, pero que la edad da ese beneficio. En un tono más serio, la directora llamó a las juventudes a “callejear”:  “debemos recuperar la calle, recorrer el espacio y conocer a gente de manera azarosa”, mencionó.

Martel habló sobre cómo en los tiempos actuales -en especial después de la pandemia- ha habido una contracción del espacio, en parte por el poder de las redes sociales. “Las redes, en vez de conectarnos, son lo que su nombre significa: redes, el tenernos atrapados”, aseguró mientras dejaba su puro sobre la mesa.

“Estaba bastante convencida que después de la pandemia venía la aventura: el deseo loco de recorrer el espacio y conocer gente que no conocíamos, y, curiosamente, no pasó hasta ahora. Por eso daría la impresión que habría que hacerlo como un apostolado: callejear y contactarse con la gente que uno no conoce”, dijo en el conversatorio invitando a las y los jóvenes a vivir la aventura. “Debemos volver a los grupos, darle importancia a juntarse en una casa, hacer acciones y poseer el espacio” aseguró.

Los peligros de la homogeneidad

La directora también menciona que esa contracción del espacio hace que se pierda heterogeneidad. Usar los mismos bancos de sonidos norteamericanos y no conocer a gente nueva abonan a una homogeneidad que resulta peligrosa, según Martel “Es una pérdida de la diversidad y tiene consecuencias políticas inmediatas”. En el libro, la directora de Zama (2017)  menciona que “cuando se homogeniza lo que vemos y conversamos, va muy de la mano de las restricciones a las libertades y los derechos”. En otra de las conferencias que se rescatan en Un destino común se menciona que “cuanto más diverso sea lo que hagamos, es mejor para todos nosotros. […] Necesitamos de la mirada de todos”.

Tanto en el libro como en el conversatorio en Casa del Lago UNAM, la directora critica la idea de identidad llamándola una cárcel. “La identidad no es una idea de las que ayuda a la humanidad a encontrarse consigo misma. Lo mutante, lo ambiguo y lo indefinido sí”. De acuerdo con la cineasta, la identidad te obliga a parecerse a algo que ya existe y aferrarse al pasado. Martel mencionó que crecer bajo esos modelos es contraproducente. “Toda doctrina es un congelamiento, te estanca”, aseguró.

Un destino común

En su regreso a México, la cineasta habló sobre la posibilidad de imaginar un mundo en el que podamos organizarnos de otra manera. “Necesitamos sustraernos de todo lo que sabemos y todo lo que hemos aprendido para ver de nuevo”. Haciendo un llamado a evitar los lugares comunes que, según Martel, son el peligro no solo de la narrativa, sino de toda la existencia. “Cada tanto hay que tratar de refundar todo. […] percibir sensaciones nuevas en lo que nos rodea”, menciona en su libro.

De lo que no podemos sustraernos, de acuerdo con la cineasta, es de la política. “La política no es por quién votamos, sino cómo vamos a querer vivir. La política es la capacidad que tenemos de generar futuro cuando hablamos, cuando actuamos, cuando pensamos”, asevera.

Martel piensa el cine no como un fin, sino como una herramienta para generar lazos comunitarios. “El cine es para conversar después”, asegura. En varias de sus declaraciones ha llamado a buscar la conversación con el otro, en especial, con el que no piensa similar a uno. En opinión de la directora, ha fallado la curiosidad por usar herramientas para entendernos entre nosotros. En ese escenario, Martel llama a inventar nuevas categorías para observar y así poder inventar un futuro mejor, en donde, desde nuestra diversidad, se pueda tener un destino común.

Un destino común es una publicación de Caja Negra Editorial, distribuida por Editorial Sexto Piso y se encuentra a la venta en librerías especializadas. Nuestra Tierra se encuentra exhibiéndose en salas selectas de todo el país, distribuida por Piano.

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