¿Cómo el boicot de una banda famosa a Ticketmaster se convirtió en uno de los festivales de música más famosos y caros? Esta es la historia de Coachella

Desde 2001, el festival de Coachella se ha celebrado cada año como una alternativa para disfrutar de la música en vivo buscando ofrecer una experiencia colectiva en un entorno natural poco convencional. Sin embargo, ha evolucionado a convertirse en una completa contradicción de sí misma: un ritual a la exclusividad, un espectáculo global y aspiracional.

Todo comenzó en 1993 cuando la banda Pearl Jam decidió tocar en el Empire Polo Club de Indio, California con una audiencia de alrededor de 25 mil personas. En aquel momento, buscaban una alternativa al control de Ticketmaster y sus altas comisiones. Y lo lograron, porque ese acto de protesta demostró que era posible organizar eventos masivos en espacios no tradicionales sin depender de las grandes estructuras corporativas, y muchos promotores tomaron nota. 

Entre ellos, Paul Tollett y Rick Van Santen, quienes se arriesgaron a lanzar la primera edición del Festival de Música y Artes de Coachella Valley en octubre de 1999. Fue una decisión arriesgada y económicamente incierta, pero estableció los criterios para lo que se convertiría en uno de los festivales de música al aire libre más grandes e influyentes de todo el mundo.

Su inicio oficial fue en 2001: los boletos costaban 50 dólares, incluyendo agua y estacionamiento gratis y su enfoque iba hacia los artistas alternativos y contemporáneos como  Rage Against the Machine, The Chemical Brothers y Morrissey. Funcionó por casi una década, pero a medida que surgían las redes sociales y su popularización, el enfoque cambió. 

Para 2010, Coachella ya era un punto de encuentro entre celebridades, influencers y marcas globales en donde usaban el festival como una alfombra roja y exhibición comercial. El dress code: bohemio-chic. (Tan solo basta con google “Vanessa Hudgens Coachella” para saber a qué nos referimos.) El éxito fue tan masivo que era impulsado por plataformas como Tumblr e Instagram, desplazando el espíritu original de comunidad y transformándose en una estética y estilo de vida. 

El factor más evidente de este cambio fueron los precios: de 50 dólares pasó a más de 549 dólares por admisión general, agregando la opción de las entradas VIP superando los 1,000 dólares. Adicionalmente, surgieron los paquetes premium de hasta 6,000 dólares que incluyen hospedaje y transporte exclusivo. Cabe mencionar que los costos de hospedaje en la zona se han disparado tanto que resulta casi imposible asistir para alguien que no sea un influencer patrocinado o una persona millonaria. 

Incluso tuvo un fuerte impacto en la industria de la moda. El “dress code” ya no solo era una forma de expresión única, sino que se convirtió en una estrategia comercial para diversas marcas. En 2015, H&M se convirtió en la primera marca en lanzar una colaboración con Coachella con sus colecciones como “H&M love Coachella”, convirtiendo el estilo personal en disfraces producidos en masa, y les salió tan bien que a tan pocos días de llegar a tiendas se convirtieron en sold out total.

Hay una ironía en la historia de Coachella. Nació como una alternativa al sistema, pero hoy se ha convertido en el símbolo del mismo sistema que alguna vez intentó evitar. Más allá de los precios inflados o acceso exclusivo, Coachella arrastra hoy una crisis más profunda: una pérdida de identidad cultural, una audiencia desconectada de la música y fallas técnicas que evidencian las grietas de un espectáculo que creció demasiado rápido.

 

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