After you’ve gone: Una balada para tiempos de duelos y despedidas

Esta entrada forma parte de la sección El Canon del Jazz

Es un tanto poético que el título de la pieza de Turner Layton y Harry Creamer abra la lista de esta sección denominada El Canon del Jazz. Son tiempos de despedidas y duelos; distancias temporales y eternas que se palpan en todo el mundo por una causa común. Aunque la pieza habla de la despedida de un amor, esta estrofa “Te sentirás triste, te sentirás triste… Extrañarás al amigo más querido que hayas tenido” nos demuestra que la buena música se construye de una sustancia universal.*


Al contrario de lo que suele ocurrir con la mayoría de composiciones clásicas del jazz, «After You’ve Gone» fue obra de compositores negros pero debe su popularidad a intérpretes de piel blanca1Como se verá a lo largo de esta serie, incluso en el propio libro de Ted Gioia, esta apropiación cultural por parte de las personas de piel blanca no es nada extraña en la historia del jazz. La canción, casi tan vieja como las primeras grabaciones de jazz, apareció en 1918 y se hizo famosa en las versiones de Al Jolson, Sophie Tucker y Marion Harris, artistas que si bien no eran músicos de jazz en sentido estricto, incorporaron a sus estilos personales algunos elementos de ese estilo.

La historia del compositor Turner Layton resulta fascinante, una muestra de ascenso y éxito social que pocos estadounidenses de piel negra nacidos en el siglo XIX fueron capaces de igualar 2Quizá Gioia habría acertado más si hubiera señalado que en todo caso se trata de las pocas historias de éxito para las personas de piel negra que fueron permitidas por el poder político de los Estados Unidos, con su carga histórica de extremo racismo.

Nacido en el seno de una familia que se tomaba muy en serio la educación y el servicio a la comunidad —el padre, veterano de la guerra de Secesión, era profesor de música, y la madre también era maestra—, Layton estudió en la facultad de odontología de la universidad de Howard antes de embarcarse en una carrera musical y hacerse famoso tanto en calidad de intérprete como de compositor. En colaboración con el letrista Harry Creamer, Layton compuso canciones para Broadway y las revistas Ziegfeld Follies, y cosechó una serie de éxitos, impulsado por el gran Louis Armstrong que grabara algunos de sus temas como «Way Down Yonder in New Orleans», «Dear Old Southland» y su composición más famosa, «After You’ve Gone».

Como decía en la entrada que sirve de Introducción a esta sección, contrario a lo que regularmente se piensa, el jazz antes que ser música compleja y difícil de escuchar, es música popular que gozó de gran aceptación cuando irrumpió para transformar el mundo moderno. James Lincoln Collier lo describe así, en su prefacio a la biografía de Louis Armstrong: “Una cuidadosa lectura de los periódicos de los años veinte, sumada a los reportajes con músicos de la época y los relatos orales nos indican que, desde sus comienzos, el jazz no fue una música floclórica sino una faceta altamente comercializada de la industria del entretenimiento”*. La historia de Layton demuestra que este fervor se extendía más allá de las fronteras de los EUA, ya que como señala Ted Gioia: “En 1924 se instaló en Inglaterra, donde, en compañía de Clarence «Tandy» Johnstone, adquirió renombre como intérprete de cabaret y vendió, según se dice, diez millones de discos (una cifra difícil de creer pero que, aunque sólo fuese la mitad, pone de manifiesto su extraordinario gancho)”.

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Según Alec Wilder, experto en música popular clásica , «After You’ve Gone» es una canción «que suena americana» y, aunque la expresión no forma parte de la terminología al uso entre los musicólogos, entiendo lo que quiere decir. El oyente se ve asaltado ya de entrada por una sonoridad exultante y enfática, marcada por la repetición de las frases ascendentes y acrecentada por la rapidez con que se sucede la actividad armónica: a lo largo de toda la pieza, que presenta una estructura poco convencional de veinte compases, se produce como mínimo un cambio de acorde por compás. La letra, que habla de llanto y ruina, parece extraída de otra canción más desesperada, porque la melodía nos sugiere una historia distinta: cuando te hayas marchado me iré de juerga, no me quedaré rumiando las penas.

Hoy en día, la canción suele tocarse con un ritmo rápido y alegre, pero las primeras grabaciones tendían a ser más lentas y mucho más sombrías. La célebre versión de Marion Harris, de 1918, registra menos de ochenta pulsos por minuto, y la interpretación que grabó Bessie Smith en 1927 adopta un movimiento similar y resulta tan angustiosa que más bien recuerda a los blues apesadumbrados que integraban el grueso de su repertorio, aunque el grupo de acompañamiento, una formación estelar en la que militaban, entre otros, Fletcher Henderson y Coleman Hawkins, consigue la admirable proeza de imprimir swing a una cadencia tan sombría. La versión de Sophie Tucker, grabada pocas semanas después, no es mucho más enérgica, y la de Johnny Dodd, también de 1927, presenta una concepción muy parecida a la de Smith.

Por aquella época, sin embargo, los California Ramblers y los Charleston Chasers, grupo que aglutinaba el talento de Miff Mole, Jimmy Dorsey y Red Nichols, duplicaron el tempo y demostraron que «After You’ve Gone» podía ser una tribuna eficaz para un jazz de más voltaje. Cuando en 1935 Coleman Hawkins grabó la canción en los Países Bajos, se ciñó al planteamiento de Bessie Smith, lo cual no es de extrañar dado que había participado en aquella sesión. Pero casi todas las demás figuras del jazz que habían grabado la pieza en el ínterin —músicos como Louis Armstrong, Art Tatum, Fletcher Henderson, Paul Whiteman (con un arreglo de William Grant Still) y Django Reinhardt— se decantaron por una interpretación más rápida y desahogada.

«After You’ve Gone» siguió gozando del favor de los improvisadores durante la llamada era del swing, y nadie grabó tantas versiones de la composición como Benny Goodman (más de cuarenta, si se incluyen todas las grabaciones pirata, emisiones radiofónicas y filmaciones). La más famosa sería su versión en trío, con Teddy Wilson y Gene Krupa, que llegó a situarse entre los primeros veinte puestos de las listas en 1935. Los acompañantes de Goodman también le cogieron gusto a la canción: Lionel Hampton alcanzó el éxito en 1937 con una interpretación vocal, y el trompetista Roy Eldridge también manifestó enérgicamente su interés por la pieza, grabándola bajo su propia dirección y como acompañante de Gene Krupa, Benny Goodman y otros artistas.

Los músicos de bebop y cool jazz se mostraron mucho menos inclinados a tocar «After You’ve Gone». Charlie Parker, Thelonious Monk, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Bud Powell y la mayoría de sus camaradas nunca la llevaron a un estudio de grabación (aunque Parker, en una de las jam sessions del espectáculo itinerante Jazz at the Philharmonic, nos dejó una memorable versión en directo). La excepción fue Sonny Stitt, que durante la década de 1950 registró la pieza en varias ocasiones, mientras que Sonny Rollins aprovechó los acordes para su canción «Come, Gone», incluida en el disco Way Out West; ese albúm cuya maravillosa portada, con Rollins vestido de vaquero, nos invita a imaginar una pieza cinematográfica de Sergio Leone que en lugar de pistoleros los protagonistas resuelvan sus asuntos con unos potentes “call and responses” abrazados por la orquesta de Morricone. Otro tanto hizo Art Pepper en «Straight Life», tema que se convertiría en una de las composiciones más representativas del ilustre saxofonista y en el título de la explícita autobiografía que publicaría más adelante (Ambas piezas las incluimos también en la lista de reproducción).

«After You’ve Gone» ha seguido tocándose por doquier en las últimas décadas; toda suerte de intérpretes, desde Woody Allen a Wynton Marsalis, ha probado a recrearla. Cada año salen al mercado hasta una docena o más de versiones nuevas de la canción, y dado que ya existen más de un millar, los aficionados tienen donde elegir. La mayoría aspira a remedar la sensibilidad jazzística de una época pretérita, y los tratamientos innovadores son más bien escasos. No obstante, la interpretación que llevó a cabo Nicholas Payton en su proyecto Gumbo Nouveau, de 1995, donde se reconfiguran tanto las armonías como la sensibilidad rítmica, demuestra que esta venerable pieza de 1918 aún es capaz de mudar de piel.

El mismo Dr. House, peor conocido como Hugh Laurie, grabó su versión de la canción años después que la innovadora propuesta de Payton, pero retomando un estilo clásico y apegado a las versiones vocales de Bessie Smith o Dina Washington. Aunque Laurie no es un mal músico, en realidad no aporta mucho en términos musicales pero la incluimos en la lista porque igual se agradece que una figura tan mediática revitalice la historia de esta música y la acerque a un público nuevo.*

Por último cabe señalar que la historia de Layton, pone de manifiesto que un artista puede encontrar muchos tipos de trascendencia; no solo dejó una de las piezas más emblemáticas del repertorio del jazz, sino que además su legado social sigue patente en Gran Bretaña: ya que los derechos de autor de su obra se cedieron al hospital infantil de Great Ormond Street.

Es difícil decantarse por alguna de las versiones que acá se comparten, pero el despliegue de Sonny Stitt combina perfectamente con la portada de su disco “The Hard Swing”. Al final de todo, las partidas duelen como ese puñetazo en el rostro, pero la perfección bebopera del gran saxofonista es como un guante que ablanda el impacto.*

Partituras y recursos para aprender a tocar After you’ve gone

Aquí se puede ver y descargar libremente una versión de la pieza en Musescore, transcrita para instrumentos en Si bemol, con una introducción para la trompeta y continuando con el tema. En este otro enlace se puede descargar una versión con la progresión de acordes, según la versión de Ella Fitzgerald.*

Si estás empezando y tienes problemas con los acordes más complejos, puedes apoyarte de esta página para buscar acordes, incluyendo su construcción y el tipo de escalas que puedes utilizar cuando lo veas en una partitura.

Otra plataforma en la que se pueden encontrar recursos interesantes es Soundslice, donde una comunidad comparte transcripciones de solos de los principales temas de jazz (y otros estilos musicales) y que tiene la gran ventaja de que se pueden modificar los tempos y transponer las tonalidades. En esta plataforma se pueden encontrar solos sobre este tema en varios instrumentos; como la versión en piano de Clarence Fisher o el extraordinario solo de George Berson para guitarra. Incluso versiones que no probablemente Gioia ni siquiera ha escuchado, como esta versión en violín por Stephane Grappelli (inicia en el minuto 9:15 del vídeo).

Texto de Ted Gioia, *comentado por O’tan Huerta y extraído de el libro “El Canon del Jazz”.


Vídeo Recomendado



Referencias

1 Como se verá a lo largo de esta serie, incluso en el propio libro de Ted Gioia, esta apropiación cultural por parte de las personas de piel blanca no es nada extraña en la historia del jazz
2 Quizá Gioia habría acertado más si hubiera señalado que en todo caso se trata de las pocas historias de éxito para las personas de piel negra que fueron permitidas por el poder político de los Estados Unidos, con su carga histórica de extremo racismo
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