El Canon del Jazz: Una revisión de los temas clave del arte sincopado

Para los(as) aficionados(as) del jazz, y particularmente para quienes nos dedicamos a estudiarlo desde un instrumento, el repertorio es la parte medular del trabajo. Sin embargo, esto no siempre está claro y es común perdernos de la riqueza que se encuentran en cientos de temas, simplemente porque el trabajo que se requiere para dominar este arte que trasciende lo meramente musical puede ser abrumador.

Además del repertorio, un(a) músico(a) de jazz debe profundizar en técnica (estudiar escalas, acordes, relaciones armónicas, patrones, licks; todo en 12 tonos distintos que se deben dominar por igual), sonido (no solo hay que tocar un instrumento, sino hacerlo de la forma más bella y original que puedas) y lenguaje, es decir en las formas en las que los(as) grandes maestros(as) se movían por una progresión de acordes con un estilo propio, sumando ideas y articulación en el tiempo preciso. Así, un aprendiz puede pasar días enteros tratando, casi siempre sin lograrlo del todo, estudiando lo que hizo Charlie Parker en cualquiera de sus característicos blues, o la forma en la que Oliver Nelson desarrolla ese solo bellísimo en el “Stolen Moments”, la articulación de Dexter en cualquiera de sus temas, el dominio armónico de Monk para desarrollar su estilo absolutamente único e irrepetible o el sonido inigualable y precioso de Ben Webster.

Ted Gioia, fue notando lo que todo(a) músico(a) y aficionado(a) al jazz va aprendiendo en el camino; que los(as) músicos(as) con mayor experiencia y dominio, conocen a la perfección cientos de temas que componen lo que los editores al español de su libro “The jazz standards: A guide to the repertoire” denominaron como El Canon del Jazz. Tiene sentido que una vez dominado el sonido, el lenguaje y la técnica, se puedan devorar temas y canciones con cierta facilidad.


Pero más allá de interpretarlo, el Canon del Jazz es un pequeño tesoro para quienes gozan de esta música, ya que se trata de una exploración histórica de este sincopado arte; con su importante carga política y social.

Incluso los temas más conocidos en el Jazz, como el On the Sunny Side of the Street, toman un sentido distinto gracias a esta revisión histórica de Ted Gioia 1El Canon del Jazz, permite mirar los temas clásicos desde una perspectiva más rica; por ejemplo, según lo descrito por Gioia “On The Sunny Side of the Street”, el tema registrado por Dorothy Fields / Jimmy McHugh, pudo ser escrito originalmente por Flat Waller quien les vendió la pieza para ser presentada por Lew Leslie, un hombre blanco que vivió de hacer espectáculos de artistas negros. Un acto de apropiación cultural muy característico de la época y que exacerbaba las distancias en la sociedad estadounidense por conflictos de racialización. En el libro se puede leer lo siguiente: “Según las conjeturas del presentador de televisión Steve Allen y otros críticos, el «sunny side» [lado soleado] del que habla esta canción alude a los estadounidenses negros que se hacían pasar por blancos. La letra, desde luego, se presta a esta interpretación, pero mal se compadece esta teoría con el hecho de que la canción se concibiese pensando en intérpretes como Richman y Lewis. Es más, el hecho de que Richman comenzase su carrera actuando con la cara pintada de negro y que Lewis asimilase los manierismos del jazz echan por tierra la hipótesis de Allen y compañía; la historia verdadera de la canción más bien nos habla de blancos que se apropian la parafernalia de la cultura negra”.

El libro de Gioia es magnífico, ya que como el mismo lo explica en la introducción su búsqueda no tenía el mismo objetivo de los Fakebooks o los Realbooks, que son compendios de las partituras de estos temas. El Canon del Jazz, según las palabras del propio autor es un libro que “aspira a ser un […] repaso al repertorio clásico del jazz como el que me habría gustado que alguien me hubiese regalado en su día: un vademécum que me habría ayudado como músico, como crítico, como historiador y, sencillamente, como amante y entusiasta de este género artístico”.

Por supuesto el libro, como todo compendio, tiene sus limitaciones. En el quedan fuera temas importantes pero favorece la música que actualmente sigue revitalizando la escena jazzística. Otra limitante es que se trata de un libro costoso y con el que no se puede interactuar, es por esto que me ha parecido buena idea compartir su esencia en una serie de entradas y enriquecerlo con las ventajas de las tecnologías multimedia.

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Una lista completísima sobre la iniciativa de Gioia está disponible en Spotify gracias a la Editorial Turner, quien publica la versión en español de el Canon del Jazz. Además añadiré versiones en vivo desde plataformas como youtube, ya que el Jazz es un arte que se disfruta no solo escuchándolo, sino mirándolo; quien goza ver los conciertos clásicos de Coltrane, Sonny Rollins o cualquier otro de los(as) titanes se regocija mirando como el despliegue de ideas rítmicas y melódicas en un solo puede potenciar en algunos interpretes auténticos “estados alterados de la mente”.

Me apoyaré de la guía de Gioia para encontrar puentes comunes entre la época que vio nacer estas canciones con lo que vivimos en la actualidad. Por supuesto es fácil adelantarnos a ciertas cosas, por un lado seguimos resistiendo los planes de la mano blanca de la historia, pero también veremos que ciertos códigos de esa mano grotesca calaron muy profundamente en esta música al grado en que, lamentablemente, no sale bien librada en cuestiones como el sexismo o la violencia interna de un gremio que muchas veces ha olvidado el sentido de cooperación, contaminado por el carácter individualista y competitivo de la visión hegemónica de la historia.

Contrario a la forma en la que Gioia explora la lista de manera alfabética, en esta serie de entradas iré revisando diversos temas del libro pero tomando como referencia las biografías de las y los grandes maestros del jazz o haciendo revisiones generales de algún tema en particular, como el sesgo de género y la lucha de las mujeres jazzistas para ganar espacios en este arte a lo largo de la historia.

Si te dedicas a la música, mi recomendación es que sigas este camino para profundizar en tu lenguaje. Adapta tu rutina de estudio a lo que el Canon del Jazz te va a enseñando; trabaja tus escalas, acordes, patrones y licks en las tonalidades y la progresión de acordes del tema. Es común enfrentar dos laberintos; el primero es no avanzar de unas cuantas tonalidades simplemente porque tenemos la tendencia de trabajar desde el Do y hasta donde lleguemos en el día; el segundo es encerrarnos en los mismos temas de siempre, porque implican su trabajo y porque nos conectamos más con ellos. El Canon puede mirarse como ese sistema que nos lleve a otras tonalidades y a ampliar nuestro repertorio, simplemente porque nos evita la dificultad de planear demasiado la rutina diaria.

 

El mundo esta en muletas y necesita el jazz

Si no te dedicas a la música, pero la disfrutas, este será un viaje igualmente enriquecedor. Aunque la revisión del Canon del Jazz es un proyecto personal, me interesa compartirlo porque en estos tiempos críticos el jazz es un arte que evoca todo lo que necesitamos para salir de estos momentos siendo mejores. Resistencia, rebelión, sentido comunitario, creatividad sin limites y la capacidad de adaptarnos a un ritmo impredecible gracias al dominio de la improvisación con sentido; lanzando un mensaje claro y profundo que convoque a quienes seguimos rechazando los planes de muerte de quienes intentan dominarlo todo.

Este será un viaje de historias que no están registradas en los grandes medios, que arrastraron multitudes durante décadas pero que sobre todo se refugiaron en pequeños rincones, bares y prostíbulos en la nación más hipócrita; aquella que enarbola la bandera de libertad cuando le habla al mundo, al tiempo que esclaviza y violenta sistemáticamente a sus afrodescendientes.

Historias como las de Arnett Cobb, a quien primero una enfermedad y luego un accidente automovilístico, hicieron que terminara andando en muletas. Pero en realidad lo que continuó sosteniéndolo a lo largo de su vida fue ese brillante saxofón tenor. Su sonido era como el de Webster y su swing era tan perfecto que compartió un Grammy con BB King. Acá se le ve en el último de sus conciertos (por lo menos el último del que se tiene registro visual), apoyado por dos de sus compañeros y apenas avanzando, tan cansado que apenas unos meses después dejaría este plano. Cortazar decía que nadie había podido decir que cosa es el swing, pero seguro que él sabía que el swing era eso que reavivaba el cansado cuerpo de Cobb… ¡Hay que verlo y escucharlo porque es hermoso y sobre todo porque el mundo está en muletas y necesita el jazz!

Mi objetivo con este pequeño proyecto personal es invitar a un público cada vez más amplio a escuchar sin prejuicios todo lo que puede ofrecer esta hermosa música; espero con ello derribar ciertos mitos, sobre todo la visión clasista que se le ha dado en ciertos lugares y el que se trata de una música compleja y difícil de escuchar, cuando en realidad se puede decir que es música popular fundamentalmente echa para bailar, aunque es verdad que en el camino fue exigiendo el respeto que merece por su calidad y belleza. Por esta razón recomiendo a quienes quieran dar seguimiento a esta iniciativa que agreguen a sus favoritos este vinculo directo a la sección que conglomera las notas y lo revisen constantemente para seguir el avance.


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Referencias

Referencias
1 El Canon del Jazz, permite mirar los temas clásicos desde una perspectiva más rica; por ejemplo, según lo descrito por Gioia “On The Sunny Side of the Street”, el tema registrado por Dorothy Fields / Jimmy McHugh, pudo ser escrito originalmente por Flat Waller quien les vendió la pieza para ser presentada por Lew Leslie, un hombre blanco que vivió de hacer espectáculos de artistas negros. Un acto de apropiación cultural muy característico de la época y que exacerbaba las distancias en la sociedad estadounidense por conflictos de racialización. En el libro se puede leer lo siguiente: “Según las conjeturas del presentador de televisión Steve Allen y otros críticos, el «sunny side» [lado soleado] del que habla esta canción alude a los estadounidenses negros que se hacían pasar por blancos. La letra, desde luego, se presta a esta interpretación, pero mal se compadece esta teoría con el hecho de que la canción se concibiese pensando en intérpretes como Richman y Lewis. Es más, el hecho de que Richman comenzase su carrera actuando con la cara pintada de negro y que Lewis asimilase los manierismos del jazz echan por tierra la hipótesis de Allen y compañía; la historia verdadera de la canción más bien nos habla de blancos que se apropian la parafernalia de la cultura negra”.
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