Politikids: ​Jóvenes jugando a la política ¡Cuidado!


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En el Vértigo Horizontal, Juan Villoro dice: “En 1999 surgió el santuario del neoliberalismo, La Ciudad de los Niños, maniaticamente conocido como Kidzania. Donde el visitante asume el juego como trabajo. Ahí ninguna marca compite con otra: todas tienen exclusividad. […] la invitación a jugar al trabajo en un país con 55.3 millones de pobres y altas tasas de desempleo representa una utopía compensatoria”.

En Kidzania, el capitalismo tiene su máxima representación, instruir desde la cuna al próximo proletariado; si a los 6 años fuiste cajero a los 30 serás gerente. El sector económico para el que el espacio es dirigido, sin duda, la oferta laboral no representa una dificultad a la postre en sus vidas, puesto que Kidzania en todas sus sucursales, está ubicada en las zonas más acaudaladas del país, donde incluso los costos de entrada y consumo son elevados y poco accesibles para la gran mayoría.

Abordar esta paradoja, me conduce a señalar un hecho que me parece relevante. El santuario del neoliberalismo, no sólo se dedica a instruir a los infantes y jóvenes en el mercado laboral, sino mostrarles que se debe ser un ciudadano con valores. Kidzania afirma que en sus actividades -laborales- todas tienen un fin educativo, fomentar los valores como el respeto, la tolerancia, el trabajo en equipo, la diversidad e incluso en algunas, valores cívicos como el compromiso democrático, la legalidad y justicia. Estos últimos valores los consolida en alianza con dependencias y organismos gubernamentales como el Instituto Nacional Electoral, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México y el Banco de México, donde realizan labores como emitir su credencial de elector, participar en un juicio oral y fabricar billetes.


En ese sentido, podemos afirmar que Kidzania, contribuye a sentar bases de la democratización del país, la reducción de las desigualdades -desde los sectores más favorecidos, que ironía- y el acceso e impartición de justicia; con el paso del tiempo los niños que jugaban en kidzania, ahora serán parte de la ciudadanía ¿quienes se encargan de fomentar las bases ideológicas de los jóvenes? ¿cómo saber por quién votar? ¿qué políticas sociales y económicas son las correctas? Ese, es el trabajo de las juventudes de los partidos políticos, que, lamentablemente, en lugar de educar con valores cívicos, adoctrinan y amarran su padrón electoral para seguir en el juego político.

El discurso político y progresista ha llevado a reformar las legislaciones e incluso las normas partidistas para dar cabida, voz, voto y un lugar en las listas de candidatos, a los jóvenes en este sistema de partidos políticos, sin embargo, preocupa que existan cientos de miles de jóvenes afiliados o simpatizantes que defienden férreamente a los partidos antes que los ideales, lo cual hace creer que de hecho no han leído sus estatutos.

En un contexto social tan convulso, es necesario sentar ideales, principios y valores sólidos, puesto que ahora las juventudes apuestan más a cambiar de ideales por el partido, que el cambio de partido o, quedarse fuera del mismo, por sus ideales. Hay que recordar que los partidos políticos son organizaciones de interés público y parte fundamental de la democratización y representatividad del país, sin embargo el adoctrinamiento de las juventudes han permeado el debate público de intolerancia, desconocimiento, desinterés y una profunda politización partidista, donde ahora importa más el partido por el que se vota sin importar quien sea el candidato, que el candidato en sí mismo.

Aquí es donde aparece el Politikid, un término que refiere a estos jóvenes que prácticamente son niñ@s jugando a hacer política, ignorando la importancia que esta implica en el andamiaje social. No es salir a las calles a recoger basura, pintar las bardas con las siglas del partido, hacer campaña con la bandera y la gorra del partido, escuchar a los vecinos y preguntarles sus necesidades, porque, en verdad, parece el prototipo básico, tradicional y estandarizado de todo aspirante. Emiten opiniones sin sustento, replican los discursos del dirigente nacional, se dedican en ver caer al contrario para ocupar su lugar y se desgarran las vestiduras si los suyos son señalados, aunque todos sabemos que son culpables de lo que se les adjudica.

Los jóvenes deben anteponer sus principios e ideales antes que los intereses partidistas, y de ser necesario, deconstruir las prácticas normalizadas del dedazo, el compadrazgo y el clientelismo. Los partidos políticos y los jóvenes comparten una obligación y responsabilidad ciudadana, por un lado, los partidos de instruir y educar en términos de ética, moral, legalidad, democratización e igualdad y, por otra parte, la de los jóvenes de discernir e incluso diferir de su partido mismo, si es que esté atenta contra sus principios.

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De qué sirve tener jóvenes en cargos populares, si se van alinear a los intereses del partido y no a los de la sociedad, aún cuando la sociedad misma por medio del sufragio les otorgan la oportunidad de representar y propugnar por las necesidades del pueblo.

Urge fomentar valores cívicos para los próximos servidores públicos, como la democracia, la libertad de expresión, la equidad y diversidad de género, los derechos humanos, la transparencia y la dignidad. El servidor rinde cuentas al pueblo, no al partido, este es un medio de representatividad, una pieza fundamental pero no imprescindible, del engranaje político y social. Entender, como reiteradas veces se ha señalado, que los principios e ideales forjan un servidor público a la altura de su envergadura. La política se asume como el medio para mejorar las condiciones sociales, no hacer de la sociedad un juego.


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