Culiacán y AMLO, dejar libre a Ovidio Guzmán, ¿error o acierto?

“No hay hechos, solo interpretaciones”

Friedrich Nietzsche.

Sobre lo sucedido en Culiacán en días pasados, hay una infinidad de comentarios negativos y positivos hacia el gobierno, pero ¿quién tiene la razón? ¿Por qué dos personas que se enteran de un mismo hecho pueden tener opiniones tan diferentes?



La respuesta probablemente se encuentre no en analizar los acontecimientos en sí, sino en el cómo se piensa a partir de dichos hechos.

A grandes rasgos, el conocimiento adquirido de cada persona forma esquemas mentales que le permiten enfrentarse y entender la realidad. Dicho entendimiento es parcial, puesningún individuo posee todo el saber. Estas estructuras se van creando desde la infancia y continúan modificándose a lo largo de la vida, haciéndose cada vez más complejas.

Tales esquemas deben ser rígidos para evitar caer en engaños y falsedades, sin embargo, esta rigidez en ocasiones impide adquirir conocimientos que no se ajustan o no tienen cabida a lo que se tiene acostumbrado o a lo que se da por verdad.

La asimilación es parte importante de los procesos del pensamiento. Cuando un esquema es flexible y se encuentra frente a nueva evidencia, hechos o razonamientos, es capaz de modificarse para poder sumar el nuevo conocimiento al que ya se tiene e incluso hacer los cambios necesarios para que se ajuste, es decir, lo asimila.

La forma en la que cada persona piensa condiciona la manera en la que actúa. La toma de decisiones, los juicios sobre los acontecimientos históricos, la idea de lo que es justo e injusto, entre otros, están sujetos a los esquemas mentales, por lo tanto, todo aquello que esté fuera de tales estructuras y no se pueda asimilar, se tomará como falso.

Por esta y otras razones es que dos personas que nacieron y crecieron en condiciones análogas, pueden tener ideas opuestas sobre un político, sobre el tema del aborto, sobre la existencia de Dios, etc. Todo depende de cómo se hayan formado las estructuras que determinan su interpretación de la realidad, su rigidez y flexibilidad.  

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Lo anterior no es positivo o negativo por sí mismo, la pluralidad, los distintos puntos de vista y la diversidad de pensamiento es lo que nutre y desarrolla nuevas formas de concebir y construir el mundo. El problema existe cuando hay demasiadas certezas que puedan generar conductas extremas. Como dicta un proverbio romano2: “la exageración de principios también lleva a la ruina.”

Para alguien, la liberación de Ovidio Guzmán puede ser un error, para otros, un acierto. Por más obvio que parezca a cada una de las partes, la realidad es que es muy probable que ambos partan de un convencimiento previo. Una persona con la certeza de que Andrés Manuel es un mal gobernante, hallará la manera de ajustar las acciones de este como errores, de mayor o menor magnitud, pero errores al fin.

Esto, claro, también funciona en la dirección opuesta. Una persona convencida de que AMLO es un buen presidenteencontrará en cada noticia la manera de justificar las cosascuando estas parezcan desfavorables, verá el lado positivo y se enfocará en los aciertos.

Ahora, más allá de las diferencias que hay en los esquemas mentales de las personas, existen también errores del pensamiento, trampas a las que se está expuesto al momento de razonar. Las falacias es un ejemplo de ello y los sesgos de confirmación son otro.

Los primeros son argumentos que parecen válidos, pero no lo son: argumento a silentio, argumento ad bacullum, argumento ad hominem, entre otros. Los segundos son un fenómeno recurrente que se ejemplifica de la siguiente manera: cuando un individuo está plenamente convencido de algo, es más fácil hallar información que confirme sus ideas. Todo aquello que le dé la razón estará más a la vista, mientras que lo que contradiga sus ideas, se ocultará o no será relevante. Cada persona asume tener la razón sobre algo o está segura de que su ejercicio mental es adecuado, a pesar de que puede caer en estas fallas.

La incertidumbre, en el terreno del pensamiento, es una postura que tiene distintas ventajas. Sería algo paralelo a la célebre “ignorancia socrática”, que se puede interpretar como la consciencia del desconocimiento. Por más conocimiento que se tenga sobre algo, hay un sinnúmero de cosas que aún se ignoran. Aceptar que no se sabe sobre algo, de alguna manera es abrirse a la posibilidad de saber. Es tener disposición para aprender, es mantener esquemas mentales flexibles, que asimilen cosas nuevas o aristas no contemplados con anterioridad sobre un tema en particular.

La tendencia a responder rápido o a hacer juicios presurosos, generalmente solo replican ideas preconcebidas. No toman en cuenta toda la información. Un sentido crítico es el mejor camino para emitir una opinión. Obtener la mayor cantidad de información posible, analizarla, juzgar y entonces decidir. Sin cerrarse a la posibilidad, a pesar del arduo trabajo mental, de que haya elementos o variables que no se tomaron en cuenta o de que haya errores en los procesos mentales.    

Respecto a la violenta jornada que vivió la ciudad de Culiacán, ¿fue una buena decisión liberar a Ovidio Guzmán, horas después de su detención o fue la decisión menos mala? ¿Sabía el Estado del poderío armamentista del grupo criminal y planeó mal las cosas, o desconocía por completo a lo que se enfrentaba? ¿Es la confrontación armada la mejor estrategia para combatir el crimen organizado? ¿Es este hecho algo que marcará el gobierno de Andrés Manuel o pasará al olvido como acontecimientos semejantes?

Cada uno es libre de formular y responder las preguntas que desee, a partir de lo que sabe, de lo que desea saber y de su capacidad para ser crítico.

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