La ciencia comunitaria está transformando el planeta

Le llaman “Ciencia Ciudadana” y está cambiando el mundo. Una Ciencia que aquí hemos llamado Comunitaria y que se caracteriza por la capacidad de organización autogestiva, apropiación y uso de herramientas tecnológicas libres y absoluta libertad en la investigación. Es esa Ciencia la que sustenta el proyecto Birding, seguimiento y monitoreo amateur de aves que está desbordando a la investigación tradicional.

Patrones migratorios del Turpial Oriental (vía eBird

Además de usar sus cuadernos de campo y crear notas simples, los llamados “Birders” utilizan aplicaciones y bases de datos descentralizadas como eBird e iNaturalist para cuantificar su trabajo. Estos datos se han convertido en una impotantísima herramienta para el trabajo ornitológico (aún cuando no reciben el crédito justo por su labor).

Al convertir su trabajo en digital, los “naturalistas” ciudadanos han adquirido la habilidad para utilizar herramientas estadísticas y computadores para añadir filtros de control de calidad a su trabajo, con lo cual han logrado no solo mayor participación sino la creación de recursos visuales hermosos y útiles como este mapa de registros en tiempo real.


Las y los birders son apenas la punta del iceberg, una pequeña muestra del enorme movimiento de Ciencia Comunitaria y ciudadana, compuesta por millones de “makers”, personas que crean herramientas para explorar, monitorear y comprender nuestro planeta en formas totalmente novedosas.

La innovación apenas inicia, aunque ya tiene varias historias de extraordinario éxito, como el uso de drones para la conservación o  el desarrollo de pequeños satélites para mapear la Tierra. Historias que van más allá de simples “hackeos” (una parte esencial del movimiento maker en todo el mundo), porque con cada nueva herramienta aumenta el ejército de investigadoras e investigadores a lo largo del mundo. Son esas personas las que están llenando el mundo con cada sensor que cae en sus manos, las que están creando una especie de “sistema nervioso” para monitorear nuestro planeta.

Un movimiento compuesto por personas de todas las edades, pero sobre todo por niñas y niños que se suman con entusiasmo al tener acceso a herramientas de fácil manejo como las plataformas Arduino o Raspberry Pi, de las cuales ya hemos hablado en este medio. Un movimiento que toma forma muy lentamente en México, pero que gracias a proyectos como Alterius ya tiene espacios de encuentro donde aquellas personas interesadas en la investigación científica, pero con un enfoque relajado e incluso emocional (contrario a lo que pasa en los entornos académicos), pueden acercarse para formar parte de ese sistema nervioso en ciernes.

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Un movimiento que sin duda cambiará nuestra forma de entender y relacionarnos con nuestro entorno, porque sus posibilidades son infinitas, ahora monitorea, registra y deja a sus creadores la labor de analizar, pero gracias al desarrollo de la inteligencia artificial y el internet de las cosa, es probable que ese “sistema nervioso” no solo analice sino que opere en respuesta a los problemas que identifique por su propia cuenta… Suena fantástico pero es cierto, estamos creando un Planeta Cyborg.

Texto de Jesús Vergara-Huerta | Información de Backchannel | Imágenes de Benayoun, Birdsleuth y Parkerschool.


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1 comentario

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    29/09/2020 at 05:48 — Responder

    Hola tercera via. Llegue a ustedes gracias a la lectura de Alterius. Creo que hay argumentos válidos en esta nota, sin embargo me queda por comentar que vale la pena reconsiderar algunas de sus afirmaciones. La ciencia ciudadana con sus beneficios y efectos negativos no necesariamente siempre es autogestiva, ni usa siempre herramientas libres, ni tampoco tiene “absoluta libertad”, como lo mencionan al inicio.

    Precisamente el ejemplo que publican basado en eBird e incluso que mencionan posteriormente a iNaturalist no necesariamente se basan en infraestructuras abiertas (aunque iNat tenga código abierto), ni permiten la gobernanza de la ciencia por parte de los birders. Por supuesto han generado resultados científicos de gran valor, pero es necesario reconocer que su producción ha sido el resultado de una fuerte combinación de esquemas “tradicionales” de investigación (e.j. financiación a gran escala, infraestructuras centralizadas) y la participación pública voluntaria. Esto solo para resaltar que no podemos desconocer las múltiples formas de hacer ciencia ciudadana, válidas, con efectos positivos y negativos.

    Esto sin desconocer la importancia de la ciencia comunitaria y los múltiples ejemplos que se pueden leer en las publicaciones de Alterius.

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