El primer vampiro del cine mexicano cumple 60 años de aterrorizar cinéfilos

'El Vampiro', dirigida por el director mexicano Fernando Méndez, es una obra de culto en México y una de la películas mexicanas más populares en otros países

El Vampiro es, sin lugar a equivocaciones, una obra de culto. Dirigida por el director Fernando Méndez (Michoacán, 1908- Ciudad de México, 1966), uno de los directores y guionistas más destacados del cine de terror mexicano, esta película se mantiene como un clásico del cine nacional. A 60 años del estreno de este filme que revolucionó el género de terror, el primer vampiro del cine mexicano sigue aterrorizando a los cinéfilos.

La cinta toma como base la mitología del vampiro —solitario, inmortal, despiadado, romántico e incapaz de reflejarse en los espejos— y la recrea en el México rural de los años cincuentas. De tal manera, este vampiro habita una hacienda misteriosa, en donde participa de las tradiciones del país.

Estrenada en 1957, esta cinta no es una adaptación del libro Drácula, de Bram Stoker, sino una reinterpretación que consolidó una especie de vampirismo a la mexicana. A la postre, El Vampiro se convertiría en la mejor película de horror hecha en México y en uno de los filmes de culto más populares del cine mexicano en otros países.


Para los críticos, esta obra trajo una nueva forma de cine de terror a nuestro país. Protagonizada por el actor español Germán Robles, el filme cuenta la historia de la joven Marta, quien llega a Sierra Negra para visitar a su tía enferma. En el mismo tren viaja Enrique, un agente viajero que se ofrece a acompañarla. Al llegar a la estación, la pareja acepta continuar el recorrido en una desvencijada carreta que llegó a recoger una misteriosa caja procedente de Hungría.

Al llegar a la hacienda de sus parientes, Marta se entera de que su tía ha muerto y decide quedarse, sin percatarse de que está a merced del conde Lavud.

José Antonio Valdés, investigador fílmico de la Cineteca Nacional, señala lo siguiente al respecto de la cinta: “Fernando Méndez se tomaba las cosas en serio. Realmente quería hacer una película de horror, no una reelaboración o una parodia como suele suceder en el género de cine de luchadores, en el que todo es un pretexto para que haya una lucha”.

Es evidente que el talento de Méndez para manejar el género dotó a la película de una calidad que ha trascendido el tiempo. En 1956, Méndez ya había incursionado en el género de terror con la inquietante Ladrón de cadáveres, cinta en la que se mezclan por primera vez dos elementos característicos del horror mexicano: los luchadores y los monstruos.

Es guión fue escrito por Ramón Obón; la fotografía es obra de Rosalío Solano y la escenografía de Gunther Gerszo. Este talentoso equipo de trabajo, con la visión del director, logró que la película absorbiera atmósferas  del cine fantástico de Hollywood. “Retoma [Méndez] la estética de las películas de la Universal en los años treinta, que estuvieron fotografiadas por gente que venía del expresionismo alemán. El entorno siniestro, más esta reelaboración de la mitología europea en el ambiente del rancho mexicano, es una de las grandes aportaciones”, agrega el investigador de la Cineteca.

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El vampiro que rescató al cine mexicano

La película  sedujo a importantes cineastas como François Truffaut, que por aquel entonces era un prestigioso crítico que aún no había dado el salto a la dirección.

El año de 1957 enmarca una crisis en donde la calidad de cine mexicano iba en declive (excepción de algunos casos, como el de Roberto Gavaldón, uno de los principales referentes de este período), además de que en este año México perdió a uno de sus más grandes ídolos Pedro Infante. La cinematográfia nacional no hacía otra más que copiar las fórmulas que llegaba de Hollywood, donde se vivía la era dorada de la ciencia ficción.

Este es el escenario en que El vampiro irrumpió para conquistar a los espectadores con su formato de serie de B, por su exhibición en cines populares, y por el uso de blanco y negro cuando ya había producción a color. No obstante, la cinta llamó la atención en EE UU, y de Francia, en donde se han escrito tesis y libros sobre ella.

Curiosidades del vampiro mexicano

El Vampiro es una de las primeras películas del género que muestran a este ser de la noche con dientes caninos alargados. A diferencia de los incisivos prolongados del Conde Orlok en Nosferatu, del director alemán Friedrich Wilhelm Murnau; o la versión de Drácula de Tod Browning, con el protagónico de Bela Lugosi, que no enseña los dientes para nada. De este modo, las similitudes entre el largometraje de Méndez y la producción de los estudios Hammer, en Inglaterra, se asemejan más al denominado Príncipe de la noche, interpretado por el mítico Christopher Lee.

El productor y coprotagonista del filme, Abel Salazar,  consideró de inicio al actor Carlos López Moctezuma, conocido como el villano más querido y odiado de México, para el papel del Conde Lavud en El vampiro. Finalmente el papel cayó en las manos de Germán Robles, un actor de teatro que hacía su debut en la pantalla grande.

*Con información de El País


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