Colombia y la paz: tres poetas en el naufragio


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Colombia es un país que se ha reinventado a costa de su propia historia, anclada por muchos años en la violencia, la injusticia y el dolor. Sin embargo, en las últimas décadas esta región de América Latina ha luchado por crear un nuevo horizonte en donde la cultura y la paz construyan un puente entre las desigualdades. De esta manera, este territorio se fue convirtiendo en un país de poetas –y de artistas de toda índole—, gracias a esto venció el estigma de ser la capital mundial del narcotráfico. Medellín alberga uno de los festivales más importantes  de poesía, dicho evento recibió el Premio Nobel Alternativo de Paz “por demostrar cómo la creatividad, la belleza, la libre expresión y la comunidad pueden florecer y superar el miedo incluso ante la violencia más profundamente arraigada”. A este contexto  se le suma el hecho histórico de la firma del tratado de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, que se llevó a cabo el día de ayer 26 de septiembre. Con este hecho, el presidente  Juan Manuel Santos y el exlíder guerrillero Rodrigo Londoño alias Timochenko sepultaron medio siglo de guerras que habían sumido al país en la más honda desolación. Para celebrar este hecho, Tercera Vía reúne a tres poetas colombianos representativos de una generación que vivió el naufragio de nacer en la guerra y observar el principio de lo que supone la anhelada paz.  

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Darío Jaramillo Agudelo ( Antioquia, 1947)

Poeta, narrador y ensayista, ha obtenido el Premio Nacional de Poesía entre otros reconocimientos. Es considerado por la crítica como el gran renovador de la poesía amorosa colombiana y uno de los mejores poetas de la segunda mitad del siglo XX de su país. En 1989 perdió un pie a causa de un atentado de las FARC.


 

Desollamientos

…the seafaring man with one leg…

R.L. Stevenson

 

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Sin pie mi cuerpo sigue amando lo mismo

y mi alma se sale del lugar que ya no ocupo,

fuera de mí:

no, no hay aquí símbolos,

el cuerpo se acomoda a la pasión,

y la pasión al cuerpo que pierde sus fragmentos

y continúa íntegro, sin misterios incólume.

Contra la muerte tengo la mirada y la risa,

soy dueño del abrazo de mi amigo

y del latido sordo de un corazón ansioso.

Contra la muerte tengo el dolor en el pie que no tengo,

un dolor tan real como la muerte misma

y unas ganas enormes de caricias, de besos,

de saber el nombre propio de un árbol que me obsede,

de aspirar un perdido perfume que persigo,

de oír ciertas canciones que recuerdo a fragmentos,

de acariciar mi perro,

de que timbre el teléfono a las seis de la mañana,

de seguir este juego.

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Jotamario Arbeláez (Cali, 1940)

Es uno de los fundadores del movimiento conocido como Nadaísmo. La ironía, la mordacidad y la crítica feroz son los ejes de su obra poética. Además de poeta es publicista y ha participado en el diseño de las campañas de los presidentes colombianos Belisario Betancur, Álvaro Gómez y Andrés Pastrana. Sus libros más destacados son Oveja Negra y Golpe de Dados, con los que obtuvo el Premio Nacional de Poesía.

 

Un día después de la guerra

Un día después de la guerra

 

si hay guerra

si después de la guerra hay un día

te tomaré en mis brazos

un día después de la guerra

si hay guerra

si después de la guerra hay un día

si después de la guerra tengo brazos

te haré con amor el amor

un día después de la guerra

si hay guerra

si después de la guerra hay un día

si después de la guerra hay amor

y si hay con qué hacer el amor.

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Juan Manuel Roca (Medellín, 1946)

Es poeta, narrador y periodista. Su trabajo como periodista le valió el Premio Nacional de periodismo Simón Bolívar. Biblia de pobres es uno de sus poemarios más destacados. Su obra literaria ha sido traducida a varias lenguas y ha ganado múltiples distinciones y premios de reconocimiento internacional. Además de su trabajo narrativo y ensayístico es coautor del Diccionario anarquista de emergencia..

 

Una generación

(grabado en Mezzotinta)

 

De tanto agitar banderas se fueron volviendo harapos.

Muchos, como Eneas, íbamos con el padre a cuestas

En lucha con su sombra y su talante.

El fantasma que recorría el mundo

Se sentó a nuestra mesa y compartió

Un pan hecho con la levadura del sueño.

Recordábamos a Louise Michel,

Su manera de señalar que la misma madera

Sirve para fabricar toneles o cadalsos.

A cada tanto recibíamos noticias de Patmos:

Paisajes devastados y hombres desplazados,

Lejos del más allá de las ciudades.

Se fueron poblando de vacíos las mesas del café,

De herrumbre los cubiertos del ausente.

El oscuro garitero repartía un naipe negro

Y supimos que la muerte, como un corredor de fondo,

Entrenaba en los estadios nocturnos y vacíos.

Siempre hubo mujeres lavando el agua,

Dándonos a comer el pan de la alegría.

Despreciamos los pasos congelados de la estatuaria,

Los caballos de bronce y los poetas de mármol,

Las mutiladas Venus que desconocen el desperezo

o el abrazo.

Una tertulia de sombras bebía el vino del destierro.

En ella estaban el que cerró la puerta,

El que fue mala noticia en una edición de la tarde,

El que jamás juró ser novio de la muerte.

A nosotros nos tocó aprender a nadar en un naufragio.


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