Ojalá gane Trump


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El 16 de junio de 2015 Mr. Donald Trump inició su campaña presidencial como precandidato del partido republicano con el lema “Make America Great Again!” indicó en esa ocasión que  “Cuando México envía a su gente, no envían a los mejores. Envían a gente que tiene muchos problemas, traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas” Además agregó que “construirá una gran valla en la frontera sur y haré que México pague por esa valla”.  Más adelante ese mismo año expresó sobre el tema de la deportación de indocumentados “Creo que es un proceso que puede tomar de 18 meses a dos años si se maneja apropiadamente. Los sacaré tan rápido que tu cabeza dará vueltas, incluso mucho antes de comenzar el muro (fronterizo) […] Ellos estarán fuera. Saben, tenemos un tremendo problema de crimen”. Como se puede apreciar la retórica política de Trump es por así decirlo clara y contundente, si los mexicanos que viven allá son deportados el crimen bajará y el empleo subirá, basta poner un buen muro, que México tendría que pagar por supuesto y el fin de proceso migratorio se agotará ante las grandes murallas que cerrarán el paso a toda América Latina.   

Hay que recordar que el 30 de junio de 2016  mientras criticaba los acuerdos de comercio que a su modo de ver quitaban puestos de trabajo a los Estados Unidos, pasó un avión que sobrevolaba el espacio donde emitía su discurso, y en ese momento hizo un alto para expresar sobre los gobernantes mexicanos lo siguiente “De hecho, eso podría ser un avión mexicano, se están preparando para atacar”, es difícil saber si este político norteamericano pensaba en ese momento en las torres gemelas de Nueva York o si su razonamiento de estadista en ciernes imaginaba algún conflicto armado que México iniciaría contra los Estados Unidos, en todo caso no cabe duda que se trata de un hombre que hasta en los miedos que habitan en su imaginación es precavido.  

Estas últimas declaraciones del nuevo líder carismático que seduce a millones con tan imponente retórica se dieron en el contexto de algo llamado Brexit que se realizó en el Reino Unido, donde partidos como el Independiente Británico (UKIP) de Nigel Farange con una ideología de extrema derecha propusieron hacer un referéndum para consultarle al pueblo británico si deseaban permanecer en la Unión Europea dado que estando en esta comunidad, Gran Bretaña había perdido la supremacía del continente. Sin duda, la sesuda pregunta debió incomodar las buenas conciencias del “pueblo” inglés al punto que se estableció un frente integrado por ideologías euroescépticas que pretendían cortar los lazos con Bruselas, donde se encuentra la burocracia de la Unión Europea.


Las críticas sobre pertenecer a la Unión Europea se centraron en tres puntos:

1) Intercambios: en donde alrededor el 44% de las exportaciones van a la Unión Europea y yéndose podrían hacer acuerdos y negociaciones con cualquier otro mercado emergente.

2) Costos: indicaron que pertenecer a la Unión Europea le costaba al Reino Unido alrededor de 350 millones de libras esterlinas a la semana y ese dinero pudiera ocuparse en cualquier otro tema al interior de la Nación y;

3) Migración: asentando que para 2030 habrá en el Reino Unido cerca de 2. 7 millones de personas inmigrantes que pondrán mucha presión sobre el sistema de seguridad social y en la oferta de empleos.

El jueves 23 de junio el 51.9% de votos del referéndum fue por la opción de abandonar la Unión Europea mientras que el 48.1% optó por la permanencia.

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Como puede apreciarse, el mundo tiene el privilegio de atisbar el asenso de líderes que plantean soluciones de nueva generación. En Estados Unidos con poner una barda, deportar a la gente y cancelar el Tratado de Libre Comercio ese país superará el largo curso de una crisis económica que debió pagar el pueblo norteamericano. En el Reino Unido con salirse de la Unión Europea y dejar de gastar en ese proceso de integración habrán de colocarse nuevamente como la potencia mundial por excelencia y la otrora isla  colonialista, por sí misma, mandará en Europa. Por ello ojalá gane Trump, todos los críticos del TLC podrán enviarle cartas para que nos dejen de mandar sus mercancías libres de impuestos, y nosotros dejaremos también de mandar nuestros productos, los cuales mucha falta nos hacen aquí, por tanto no contribuiremos más al intercambio desigual de valor y de materias primas, y a la dependencia. Total qué importa que ocho de cada diez cosas que vendemos las compre el vecino del norte, iniciaremos juntos la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, la victoria de Trump es la oportunidad.  

Hay que darle una vuelta a estudiosos de la política que dicen que el populismo es un concepto que puede abarcar movimientos de partidos de izquierda como de derecha, así como personas tan disímiles como Gordon Brown, Hugo Chávez, John McCain y Barack Obama. Teun Pauwels indica que históricamente se hay tres olas del fenómeno, la primera en la segunda mitad del siglo XIX cuando los Naródniks rusos y el Partido del Pueblo en Estados Unidos ganaron importancia. El segundo momento hace referencia al populismo Latinoamericano e identifica esta ola con el peronismo. Por último, la tercera ola surge a fines del siglo XX cuando partidos como el Frente Nacional en Francia se estableció en los sistemas de partido de las democracias europeas. La primera ola del populismo, respecto del Partido del Pueblo en Estados Unidos y los Narodniks en Rusia representaron un movimiento de un sector específico de la sociedad, el elemento rural, y su crítica hacia las élites y sus medidas económicas. En otras palabras, representan un movimiento que surge desde abajo para buscar que sus peticiones sean escuchadas. La segunda ola en América Latina se centró en la figura del líder, al establecer medidas para ayudar a los desfavorecidos como subir el salario y el reconocimiento de los sindicatos. La tercera ola que surgió a principios de 1970 consideró que los Estados deben ser habitados por miembros que pertenecen a la nación ya que personas ajenas a éste son una amenaza para la homogeneidad de los Estados-Nación.

Se pueden encontrar diferencias en cada ola, sin embargo quizá lo importante son las similitudes, todas estas olas atraen al pueblo, consideran que las personas comunes son sinceras pero han sido abandonadas y mal guiadas. Se presentan como movimientos anti-elitistas, así el discurso que construyen es que hay un pequeño grupo que representa a la élite que se enriquece a expensas del poblador común, este punto está al centro del concepto. En tercer lugar el populismo se presenta como un movimiento democrático pues lo que intenta es empoderar a la población y por último estos movimientos surgen en épocas de crisis, sean reales o percibidas. De tal modo el populismo se puede analizar desde tres puntos de vista:

  1. Como un tipo de organización donde líderes carismáticos basan su mandato en un gran número de personas aunque en importante medida están institucionalizadas. Este líder busca mantener el poder a partir de reclamos anti élites estableciendo para ello recursos como el plebiscito y referendum. Autores como Di Tella, Jansen y Weyland analizan el concepto desde esta perspectiva.

 

  1. Una segunda manera de analizar el concepto “populista” es como un estilo o forma de hacer política, donde los políticos hablan con un lenguaje directo, simple y que puede ser visto como demagogia. En este concepto indican autores como Moffit, Tormey, Jagers y Walgrave que los políticos rompen los moldes “clásicos o políticamente correctos” y más bien el estilo es grosero, ocupan modismos o un habla muy coloquial para apelar a la persona común.

 

  1. Ver el populismo como una ideología. Aunque esta perspectiva es compleja Mudde indicó que a grandes rasgos, si consideramos al populismo así, entonces hay que entender que se trata de una ideología que considera a la sociedad en dos grandes grupos “el pueblo puro” y la “élite corrupta” en donde la política debe ser una expresión de la voluntad general.

Si observamos este breve análisis nos daremos cuenta que poco o nada tiene que ver con el discurso de Mr. Trump ni de los derechistas ingleses, aunque Obama también se diga populista, porque al fin y el cabo uno ya no sabe donde estudia la gente, menos los líderes del futuro. Tendremos entonces la oportunidad de recibir en los E.U. a un líder sin duda inédito o desconocido en sus atributos, donde la ciencia política poco o nada sabe, y que resulta irreconocible por la profundidad y sensibilidad de sus ideas. Los líderes no populistas de aquí y de allá podrán enfrentar a las élites corruptas, terminar la dominación, hacer la revolución social total, dirigir la lucha de clases, y reivindicar al pueblo oprimido por los hombres malos, las mafias y la democracia burguesa.

Demos la bienvenida a los liberadores de masas en Estados Unidos, Inglaterra y México que nos llevarán a la tierra de la que mana leche y miel y donde no tendremos ya que trabajar porque la riqueza se distribuirá de manera justa. Quizá sólo habrían de considerarse algunas medidas en lo que establecemos la sociedad sin clases porque habrá que acomodar el 80 por ciento del comercio exterior mexicano, nacionalizar bancos y fábricas, y de una vez campos de golf, expulsar los capitales extranjeros y a las trasnacionales, dar refugio trabajo y bienestar a los millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos y que son explotados por los yanquis, y finalmente prepararnos para una era política definida por conductores de la vida social mexicana porque nada hay de malo en sacrificar las libertades y los mal llamados derechos humanos si construimos la sociedad y la democracia verdaderas. Ojala gane Trump. Con muros, autarquía, nacionalizaciones, cancelación  de libertades, abrogación de la democracia burguesa y deportaciones masivas el milenio será nuestro.


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