Charles Mingus y el eterno sonido de la rabia (Primera Parte)

Abordar a Charles Mingus no es sencillo, se puede iniciar desde la profundidad de su música, desde su compromiso con la emancipación de los afroamericanos en la América del Siglo XX o de su despreciable personalidad. Sin embargo, no me parece apropiado hablar de Mingus desde un enfoque ético, la rabia traducida en múltiples actos de violencia que lo convierten en el referente más claro del maestro ficticio de Whiplash!*, tiene su origen en la violencia permanente y sistemática que vivió desde la infancia hasta su muerte, desde la miseria del gueto que habitó en Los Ángeles cuando pequeño, hasta la persecución de Estado por la sociedad segregacionista de su época. Por supuesto toda entrada de este tipo, debe iniciar con el Moanin, pieza que contiene todo lo que amamos de Mingus, incluyendo esa trompeta parlanchina que irrumpe en el minuto seis para erizar cada diminuto cabello de nuestros cuerpos.

Es cierto, ni la violencia nunca es justificada, ni siquiera desde los indispensables del arte, pero podemos comprenderla y como todo humano Mingus portaba rasgos negativos y positivos. La diferencia es que Mingus llevaba todo al extremo, incluyendo la versión mitológica que hizo de él mismo, plasmada en su autobiografía “Beneath the underdog”. Ahí se pueden leer cosas como esta (en una horrible traducción castiza):



«¡Yo soy mucho más hombre que cualquier sucio mamón blanco! ¡Me follé a veintitres tías en una noche, la mujer del jefe incluida!”. A lo que su psicoanalista responde “eres un buen hombre, Charles, pero hay mucha invención y fantasía en lo que dices. Por ejemplo, ningún hombre podría con tantos actos sexuales en una sola noche como los que tú alardeas”. Mingus replica “Lo hice porque deseaba morir y esperaba que eso me matase. Pero al volver de México aún me sentía satisfecho, así que paré».

Es claro que todo es ficción, incluyendo al psicoanalista que es solo una invención del propio Mingus para desarrollar sus relatos, lo que desnuda que el peso de la cultura blanca patriarcal y heteronormativa puede trastornar incluso a los más grandes genios que ha dado nuestra historia. Pero más allá de eso, tenemos al Mingus que con su música inigualable y su rabiosa rebeldía al status quo de sus tiempos, demuestra una vez más el carácter revolucionario del jazz.

Quizá podamos entender su postura radical ante los problemas raciales, si partimos de una descripción propia de Mingus que se consideraba “lo suficientemente blanco para dejar de pasar por negro ni lo bastante claro para que me llamen blanco”. Este fenómeno de “estar en medio”, le exigió a Mingus una declaración desde la elección de su instrumento, después de intentar con el trombón siendo muy pequeño, se decantó por el Chelo pero la incapacidad de sus maestros y la recomendación de un amigo cercano que le advirtió que «estaba ensayando con un instrumento más propio de blancos que de negros», hizo que se dedicara al estudio del contrabajo.

Pero el genio de Mingus no solo es el del interprete, sino por sobre todo la del compositor. Influido claramente por Duke Ellington, cuya música le inspiró a insertarse en el mundo del jazz, la de Mingus es una música elevada que no le pide nada a los grandes compositores de la historia. Su capacidad prodigiosa como compositor está plasmada en las grabaciones de 1960, sobre sus composiciones de los años 40’s cuando apenas pasaba los quince años, conocidas como las pre-Bird; en honor a la ruptura que significaba la irrupción de Charlie Parker al mundo de la música.

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Tras su paso por los grupos de Lee Young y Red Norvo, Mingus se había destacado tanto que logró compartir escenario con sus grandes referentes; en el concierto Jazz at Massey Hall reúne a Charli Chan (que no es otro más que Parker, ya que por motivo contractuales tuvo que actuar bajo un seudónimo), Gillespie, Bud Powell y Max Roach, una de las grandes alineaciones de todos los tiempos. Posteriormente compartió con el propio Parker, Thelonious Monk y Roy Haynes, pero lamentablemente de esas míticas sesiones solo existen un par de fotografías (una de las cuales forma la portada de esta entrada) y ninguna grabación.

Pero lo de Mingus es el arte del genio que debe crear su propio lenguaje. Después de explotar en la producción personal y la experimentación libre, por medio de su Jazz Workshop traducido posteriormente en el álbum llamado The jazz experiments of Charles Mingus, también pudo colaborar con Miles Davis, primero mostrando sus dotes como pianista en Smooch y luego en el álbum Blue Mood que compartimos íntegro en esta entrada, donde además se puede escuchar a Elvin Jones en la batería antes de formar parte del legendario cuarteto Coltrane.

A partir de ahí, lo de Mingus ya es su obra personal, un retrato que lo define por sí mismo al lado de grandes músicos pero como líder indiscutible. Por su puesto hay que iniciar en esta etapa con su Pithecanthropus Erectus; Monterouse en el Sax tenor, McClean en el Alto, Mal Waldron al piano y Willie Jones en la batería trazan todo lo que podemos esperar de Mingus. Sobre todo la pieza que le da el nombre al álbum contiene la belleza y la complejidad que le definen, el swing de McClean hipnotiza, los solos del resto estremecen, pero la línea del bajo de Mingus es una guía permanente que desde la primera nota muestra toda su potencia.

* Así es, tanto se alarmaron los jazzistas con esta película que quizá desconocen las violentas respuestas de Mingus incluso en presentaciones en vivo, como cuando golpeó a Jimmy Knepper en Filadelfia, después de haber cerrado la tapa para aplastar los dedos del pianista. Lamentablemente Whiplash! está lejos de ser una simple ficción, ilustra a la perfección el carácter aplastante de la autoridad simbólica y dice mucho de una sociedad tan acostumbrada a la violencia, que solo con abundante sangre brotando en las pantallas cinematográficas puede entender los efectos de dicha autoridad.

Texto y recopilación: Jesús Vergara | Ningún contenido multimedia fue alojado por Tercera Vía.

 

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