Mineras amenazan a la mariposa monarca

“Mientras las mariposas sigan viniendo, tendremos trabajo”, dice Javier Ambrocio mientras observa el Santuario de la Mariposa Monarca Sierra Chincua. Una brisa fresca sopla en la ladera empinada, a más de 2,400 metros sobre el nivel del mar.

Ambrocio trabaja de guía en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, que se extiende en las montañas entre Michoacán y el Estado de México. La época de hibernación, cuando millones de mariposas llegan a la reserva, empezó a mediados de noviembre y se alargará hasta marzo.

La gente que vive en el pequeño pueblo de Ambrocio, Cerro Prieto, Michoacán, depende de las mariposas monarca para el trabajo estacional. No obstante, factores ambientales complejos han hecho que descienda la población de mariposas monarca y no haya garantías de que Ambrocio y sus vecinos vayan a poder trabajar entre las mariposas en los próximos años.

El clima extremo, la deforestación y el uso de herbicidas están reduciendo la población de mariposas en Norteamérica. Otro reto es local: la empresa minera más grande de México espera reoperar dentro de la Reserva de la Biosfera, poniendo en peligro los continuos esfuerzos para conservar el hábitat de las mariposas.

Si se mira al oeste desde el santuario de mariposas Sierra Chincua, el verde profundo de la cubierta forestal cede el paso a tierras agrícolas e invernaderos. Desde 2012, la deforestación ilegal en la zona núcleo de la reserva casi se ha erradicado, pero continúa en la zona de amortiguamiento, y proteger la reserva no es una tarea fácil en Michoacán, un estado donde los cárteles suelen estar detrás de la tala ilegal.

“Los que vienen a cortar árboles son gente de fuera de la comunidad. Aquí respetamos el bosque”.

En el santuario de mariposas en Sierra Chincua hay señales escritas a mano que dicen: “¡No hagas ruido!”. Los árboles están teñidos de naranja hasta a 20 metros de distancia, ya que las ramas están llenas de mariposas. Una zona de observación acordonada mantiene a los turistas a una distancia segura de los árboles envueltos en mariposas.

A pesar de que sus poblaciones están en declive, el espectáculo anual de la migración de las mariposas sigue cautivando a los turistas. Decenas de miles de personas visitan Michoacán y el Estado de México cada año para disfrutar de la vista. Las mariposas monarca llegan a estos bosques frescos, poblados por oyamel (Abies religiosa), pino (Pinus spp.) y pino-encino (Pinus and Quercus), en búsqueda de un hábitat seguro para los meses de invierno.

Las mariposas hibernan en 11 santuarios cada año, según el biólogo Eduardo Rendón de WWF. Es el director del programa de mariposas monarca de WWF, una colaboración con la empresa mexicana Telcel.

Tres amenazas importantes están haciendo que la población de mariposas en Norteamérica descienda: la deforestación y degradación forestal en México han empequeñecido considerablemente el alcance del hábitat de las mariposas mientras que los cambios del uso de la tierra y el aumento en el uso del herbicida glifosato han reducido la disponibilidad de algodoncillo en los EU.

El Centro para la Diversidad Biológica ha descubierto que el dicamba, un herbicida aprobado recientemente, también dañará la población de mariposas monarca. Ambos herbicidas son tóxicos para el algodoncillo, la única fuente de alimento para las orugas de mariposa monarca. La última amenaza importante es el clima extremo en México y los hábitats norteños de las mariposas. Los golpes de frío repentinos, las lluvias fuertes y la nieve pueden afectar a las poblaciones de mariposa.

Según un estudio de 2002 del experto en mariposas monarca Lincoln Brower, fallecido recientemente, el 44 % del hábitat boscoso de calidad en México ha sido degradado por la tala ilegal entre 1971 y 1999. En los últimos años, WWF y las autoridades ambientales mexicanas han frenado la tala ilegal en la zona núcleo de la reserva, pero la deforestación continúa en la zona de amortiguamiento.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México (Conanp) trabaja con WWF-Telcel, además de con los gobiernos estatales de Michoacán y el Estado de México, para proteger a las mariposas y su hábitat. Rendón dice que para que el trabajo tenga éxito, la conservación de las mariposas y el desarrollo local deben ir de la mano. Añade que programas como los de formación para la comunidad para que produzcan y vendan variedades locales de setas garantizan que los residentes de la reserva no tengan que depender de la deforestación por desesperación económica.

“Estamos intentando crear un proyecto integral que no solo se centre en la conservación de la mariposa monarca en sí, sino que conserve todo el ecosistema”

Los conservacionistas no siempre tuvieron un aproximación amistosa en el trabajo con las comunidades locales, que son descendientes de indígenas Otomí y Mazahua. No hace mucho, la extracción de madera y la minería eran los motores económicos de la región montañosa entre el Estado de México y Michoacán. Como ambas industrias se fueron reduciendo, las comunidades locales se mostraron en contra de las restricciones de vivir dentro de una reserva ecológica.

A diferencia de los parques de propiedad federal en EU, la mayor parte de la reserva está en manos de las comunidades locales conocidas como ejidos. El ejido fue el vehículo de la gran reforma agraria de México a mediados del siglo XX. Se dividieron las grandes propiedades y la gente que trabajaba en las haciendas pudo acceder a pedir tierra de los ejidos.

En los 70, los investigadores Fred Urquhart y Ken y Cathy Brugger se encontraban entre los estadounidenses y canadienses que querían descubrir dónde hibernan las mariposas monarca. En 1975, los Bruggers descubrieron la colonia Cerro Pelón en Michoacán. Aunque las comunidades locales habían visto las mariposas, esa fue la primera vez que se demostró que las mariposas monarca viajan desde Estados Unidos y Canadá para pasar el invierno en los bosques de Michoacán y el estado de México. Los trabajos para proteger la zona empezaron tras el descubrimiento.

El área fue nombrada “Zona de Reserva y Refugio de vida silvestre” en 1980, y en 1986 se convirtió en un área natural protegida federalmente. La Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (RBMM) se fundó en el año 2000 y ocupa más de 56 000 hectáreas. Su zona núcleo fue nombrada sitio patrimonio de la UNESCO en el 2008.

Con información de Mongabay Latam. 


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