“El oficio de editor es desconocido”: Manuel Pérez-Petit en entrevista

El poeta, promotor cultural y editor Manuel Pérez-Petit (Sevilla, España, 1967) carga en su espalda una responsabilidad enorme. Se ha convertido en colaborador estratégico para la implantación en Latinoamérica de Ediciones Camelot, editorial española que ha decidido abrirse paso en el nuevo continente con su proyecto Camelot América. El cual tiene como base de operaciones México, país que Manuel Pérez-Petit conoce bastante bien, pues gran parte de su trayectoria literaria la ha consolidado con proyectos radicados en estas tierras.

Pérez-Petit tiene la encomienda de sacar adelante este proyecto editorial ambicioso que, bajo el membrete de la edición independiente, busca consolidar su oferta literaria como una de las más atractivas de los últimos años. No sólo por la calidad de los títulos y de los autores que ha publicado, sino por la cantidad de títulos que han decidido publicar. Una cifra que, para cualquier otra editorial independiente, sería insostenible. Así, el proyecto americano de Ediciones Camelot ha arrancado publicando más de 30 títulos, entre los que destacan nombres de consolidados autores mexicanos, así como jóvenes promesas de la literatura nacional.  Sin embargo, su consigna es aumentar esta cifra año tras años.

Para encarar este proyecto, Manuel Pérez Petit ha dejado atrás toda visión romántica en torno al oficio de editor. Él sabe que la industria editorial mexicana adolece de muchas enfermedades, por lo cual, es difícil competir con las grandes editoriales transnacionales que devoran y aplastan a los pequeños proyectos editoriales que nacen día con día en los países latinoamericanos. Convertido en un editor con experiencia y olfato, Pérez Petit charla en exclusiva con Tercera Vía sobre Camelot América y el mundo editorial mexicano, el cual critica —sin condescendencia— para evidencia un panorama lleno de carencias.

¿El oficio de editor está desapareciendo?

Creo que el oficio de editor es desconocido. Hoy cualquiera cree que puede ser editor. Un gran error es pensar que ser editor es leer, y leer es lo que menos hace un editor de verdad. Es un oficio desconocido al que la gente se apunta con una facilidad pasmosa porque cree que es algo que lo puede hacer cualquiera. Los oficios hay que adquirirlos, hay que aprenderlos, y sobre todo hay que tener humildad en ellos. El oficio de editor requiere de una preparación mucho mayor de lo que la gente piensa.

Desde tu perspectiva, ¿cómo ves panorama actual de la industria editorial mexicana?

A la industria editorial mexicana la veo complicada. En la medida en que la mayor parte de los esfuerzos son esfuerzos personales. Sí, hay proyectos consolidados y hay otros proyectos que nacen, se desarrollan y mueren. Todo es resultado de que existe mucha iniciativa. Sin embargo, creo que una gran rémora en el mundo editorial —en general el latinoamericano— es la dependencia del apoyo institucional. La dependencia del apoyo institucional hace que nazcan proyectos editoriales al calor de la subvención o del apoyo, y estos son proyectos que no se capacitan para salir adelante, pues cuando se acaba el apoyo oficial desaparecen. Esa sí es una lástima porque al final no queda registro de ellos, si acaso queda un marasmo.

Una gran rémora en el mundo editorial —en general el latinoamericano— es la dependencia del apoyo institucional.

Hacen falta iniciativas privadas, es decir fundaciones privadas, y hace falta que la sociedad civil se mueva en favor de los proyectos culturales. Esa es mi visión, pienso que las ayudas institucionales son buenísimas, son fantásticas, pero hacen daño.

Dentro de esta industria, ¿qué distingue a Camelot América de otras editoriales?

Camelot viene a América como fruto del crecimiento de Camelot en España. Viene a este continente con la intención de no ser una editorial independiente más, tiene el objetivo de convertirse en un referente real en el mundo editorial y ser una alternativa a las grandes editoriales. Camelot América toma a México como base de operaciones, desde aquí se expande y en el primer año de existencia ya publica libros en Argentina, Colombia y Chile.

Si hay una cosa que diferencia a Camelot América de otras editoriales independientes es que no sólo publica en México, en Colombia y en Argentina, sino que se desplaza a estos países para presentar los libros de sus autores y crear una campaña de publicidad a nivel local. Esto es un elemento que la diferencia claramente de cualquier otra editorial que podríamos llamar independiente.

Me parece un proyecto de alto riesgo. ¿Lo es?

En mi tierra hay una expresión que es “el que la lleva la entiende”. Particularmente creo que es una cosa de locos, porque hoy la tendencia de hacer libros es ir en dirección contraria al papel. Sin embargo, Camelot América se presenta como una editorial tradicional que en principio sólo va a editar en papel. En este negocio, invierte quien puede invertir, por suerte Camelot España va muy bien y eso está permitiendo que el proyecto vaya creciendo poco a poco aquí en América.

 

¿Hay una visión romántica al intentar un proyecto de este calibre?

Toda visión romántica es nefasta, desde luego hay negocios mucho mejores: compro un camión de papayas, lo vendo en una semana en las calles de la colonia Roma y saco mucho más provecho que cualquier otra actividad que haga en el mundo editorial…

Hay negocios mucho mejores: compro un camión de papayas, lo vendo en una semana en las calles de la colonia Roma y saco mucho más provecho
Esta visión es nefasta para un trabajo como el nuestro, aunque yo comprendo que predomina siempre la visión romántica. Yo no me considero un Quijote, porque no soy un alma caritativa, es más, lucho contra la tendencia caritativa de mi alma. No es cuestión de estar locos, sino de estar comprometidos. Claro, si estar comprometidos es estar loco, también.

Ser editor es un oficio como otro cualquiera, es un error de nuestro tiempo pensar que ciertos oficios son de rango superior. Hay un rango superior para cada oficio —para el editor y el fontanero—, este rango se obtiene a través de la dignidad de quien lo ejerce, la capacidad que tiene de tener humildad, tener autocrítica, tener autosuperación, de rectificar, de pedir perdón, de corregir, de decir si esto lo hago así lo tengo que hacer mejor. Para mí es un oficio como otro cualquiera. Pues bien, aquí yo estoy dando opiniones personales que no sé si representan a Camelot, pero bueno…

¿Cómo conciliar la visión empresarial con la visión romántica que predomina en el oficio de la edición?

Es cierto que editar es una aventura. Claro que tiene un punto quijotesco y tiene un punto romántico, todo eso en su medida está bien porque no se va a negar tampoco que exista. Editar no es una ciencia exacta. Nosotros en Camelot América tenemos muchas herramientas de tipo financiero para poder hacer un cálculo editorial correcto de un libro, sabemos cómo plantear comercialmente una obra, cómo moverla y publicitarla. Pero al no ser una ciencia exacta uno hace todo el cálculo y puede resultar que la cosa se cae. Ninguna editorial está exenta de esto, los libros se someten al mercado y el mercado es el que dicta y manda. Lo más que puede hacer uno es esforzarse lo suficiente en la medida de sus posibilidades para difundir y tener presencia en el mercado editorial, y así dar a conocer su proyecto y abrirse camino. A diferencia de las grandes editoriales, a nosotros nos costará mucho mayor tiempo y mucho mayor esfuerzo.

¿Cómo se puede competir con esos grandes monstruos editoriales?

Ser competencia con Planeta sería francamente suicida
Sencillamente no se puede competir, el sector editorial son ellos. Alrededor del sector editorial, hay toda una zona conurbada conformada por editoriales independientes con mayor o menor centralidad pero que siempre son periféricas. Esto es porque las grandes editoriales gastan mucho en promoción, esta inversión en promoción es imposible de asumir por una editorial pequeña. Por esta razón cuando yo digo que Camelot América busca ser alternativa no me estoy refiriendo a entrar en competencia con Planeta o Random House pues sería algo francamente suicida. Sino terminar haciendo una oferta editorial y literaria accesible para el público lector, con un catálogo muy abierto, de obras de ficción y de no ficción, para todos los públicos.

¿Cómo es el catálogo? ¿Qué tipo de libros están publicando? ¿Qué tipo de autores?

Desde que se fundó Camelot España, en septiembre de 2014, ha publicado más de 120 títulos. Este año el objetivo es sacar 60 títulos en España, y 33 títulos en América. De tal forma que terminaremos con un catálogo global de más de 200 títulos. El proyecto contempla sacar 33 títulos de Camelot Amércia en 2018, 60 en 2019 y 75 en 2020 y de ahí mantener el ritmo. Además de publicar libros inéditos también se contempla publicar obras del catálogo español en ediciones americanas, porque una de las características que tiene Camelot América es que no se trae el catálogo español a América sino que hace un catálogo nuevo.

Cuando a mí me hablaron por primera vez de Camelot yo pensé sinceramente que tenían previsto seleccionar de su catálogo español las obras que mejor les funcionaron para publicar en América. Y quizá publicar algún autor de aquí, y ya con eso. Pedí la información de lo que estaba previsto publicarse y me sorprendí. Es un catálogo propio, y eso es también un elemento que diferencia a la editorial de otras.

Se trata de catálogo muy amplio de obras de ficción y no ficción. Desde libro infantil hasta todo tipo de narrativa, cuento, novela y poesía. Incluso ensayo filosófico. Estamos hablando de un catálogo con el concepto más amplio que podemos tener. Donde entra todo tipo de obra, y eso también facilita generar públicos y llegar a diferentes tipos de lectores. Sabemos que hay libros que tendrán un mayor recorrido y libros que tendrán un menor recorrido, pero es una virtud del catálogo que sea tan abierto a todo tipo de géneros y autores.

 


¿Tienes algunos modelos de editores?

Einaudi, por ejemplo, fue un gran editor italiano cuya memoria está ya desapareciendo. Herralde tuvo su gran momento, él viajaba a Sudáfrica cuando no se conocía ningún autor sudafricano. Herralde publicó veinte años a varios premios nobel en Anagrama. Sabemos que Anagrama está ahora de bajada, bueno así es la vida…

Incluso Jacobo Siruela. Siruela trajo al idioma español autores absolutamente fundamentales. Aquí en México me parece muy interesante lo que hizo Grijalbo. Grijalbo pensó en un catálogo editorial, con obras muy comerciales, y con obras literarias de calidad, haciendo esa combinatoria. Y se fue a Estados Unidos a comprar directamente a Mario Puzo los derechos de El Padrino. Eso es lo que hace un editor, se va a Ciudad del Cabo a firmar con un autor desconocido que veinticinco años después es premio Nobel. ¿Cómo le hace el editor? ¿Es que el autor talentoso tiene una lucecita? No. Es que el editor se informa. Es que se forma en la investigación. Es que tiene buenos asesores. Es que ama el libro.

Y en el caso de Jacobo Siruela o Einaudi son editores absolutamente imprescindibles para la edición de los últimos cincuenta años. Gracias a ellos no concebimos hoy en día no haber leído a Italo Calvino, no haber leído a George Steiner…

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