‘Bye Bye Bird’ y la soportable frivolidad del chaca de Azcapotzalco

La obra expresa de una manera cruda y mordaz, sin carácter dogmático, ni tapujos pero a través del humor negro, el problema de la delincuencia juvenil en México.

Por Alejandro Velázquez


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Bye Bye Bird es la ópera prima de José Manuel Hidalgo, estudiante de la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, originario de la Ciudad de México, y ganador del XVI Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo.

El drama narratúrgico escrito por este joven de 21 años, centra su atención en el El Bye Bye Bird, un personaje que enlaza directo con la pieza de blues en harmónica de Sonny Boy Williamson II, llamada Bye Bye Bird. El personaje del que trata Hidalgo, basado en Williamson, es construido por ser rudo, padrote y hechicero de la harmónica; se crea a partir de una perspectiva de los personajes narradores que hoy podrían ser categorizados como tipos de adolescentes “chacas”. Estos jóvenes chintololos tienen al músico como mentor, por ser virtuoso en la música y un modelo de antivalores de una cultura falocéntrica. Conforme se caracteriza al Bye Bye Bird, la narraturgia acrecienta el drama en la cotidianidad de los habitantes de la unidad habitacional de Azcapotzalco en donde están inmersos los discípulos y su guía espiritual.

Bajo la dirección de Alejandro Ricaño, quien fue jurado del ya mencionado premio, el elenco formado por Sara Pinet, Ricardo Rodríguez, Luis Eduardo Yee, construye el universo de una unidad habitacional de Azcapotzalco en decadencia, edificando espacios dramáticos verosímiles a través de narraciones claras y matizadas. Ricaño brinda transiciones rápidas en la narrativa, mediante la iluminación de Matías Gorlero y la escenografía rotatoria diseñada por Jesús Hernández, la cual es similar al armatoste creado por Martín Acosta para la obra Autorretrato en sepia, de LEGOM, también dirigida por Acosta. En el constante movimiento de la escenografía, el elenco genera personajes esperpénticos, con rasgos de cinismo, insensibilidad ante la barbarie y de una inocencia habituada a la violencia, semejantes a los personajes literarios de la posguerra en España y México.

A través del humor negro, a veces tan opaco que en lugar de ser risible se convierte en puntos suspensivos, en la cotidianidad de la decadente unidad habitacional se ven temas representativos de la delincuencia juvenil en México. Estos temas reales de la CDMX llevados al humor al principio no resultan tan graciosos como se puede creer; en esta obra el humor negro adquiere más poder en el espectador cuando ya se ha adquirido más información sobre los personajes y cuando estos son ridiculizados, no tanto por las anécdotas sobre las perfidias y la misoginia cotidiana.

Aunque haya humor y risas en esta obra, no es casual que el sentimiento de tristeza sea uno de los efectos más duraderos. Los temas tratados en la obra conciernen a millones de habitantes de la CDMX y que se sienten inherentes a su territorialidad, por lo cual, no es casual que después de la función, afuera del teatro, una señora le pregunte en voz alta a su acompañante qué hacer con el problema de “nuestros jóvenes”. La sensación del declive y pérdida en la cultura urbana son materia que están a la vuelta de la esquina y que Bye Bye Bird expresa de una manera cruda y mordaz, sin carácter dogmático, ni tapujos. Al final, la cotidianidad frívola de algo grotesco es un aspecto de una territorialidad en la cual están inmersos los defeños y la obra lo lleva de una manera frontal y muy directa. Este puede que sea uno de los motivos por los cuales genera un sentimiento de extrañeza e incomodidad, por haber estado frente a una realidad muy cercana pero invisible, que los políticos utilizan a conveniencia, para después desecharla. Después de la función y salir del recinto cultural quedan ganas de que aquellos que inspiraron a Hidalgo para crear la ficción vean esta obra, o que ésta llegue a los jóvenes que han sido calificados como la “Otredad”.

Datos de la temporada del 8 de marzo al 15 de abril del 2018, según el programa de mano:

Teatro: Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque (Paseo de la Reforma y Campo Marte S/N, cerca del metro auditorio.

Horario: Jueves (20:00 h), Viernes (20:00 h), Sábado (19:00), Domingo (18:00). Suspende 17, 29 y 30 de marzo.


Alejandro Velázquez escribe crítica teatral en un proyecto llamado Licras desde que se tituló de la Maestría en Artes Escénicas de la Universidad Veracruzana, donde investigó la variante escénica llamada la impro en la Ciudad de México; antes colaboró para medios digitales como Entretenia, Teatro Mexicano y Ciudad de Frente, mientras trabajaba como profesor de teatro a nivel secundaria; antes estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, donde decidió dedicarse al teatro.

LICRAS

Twitter: @LicrasLab

Correo electrónico: nostrovostro123@gmail.com

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