Conoce a Srdja Popovic, el arquitecto secreto de la revolución global

Srdja Popovic, el activista serbio que en 1998 formó el movimiento Otpor! para derrocar a Slobodan Milosevic, ha llevado su filosofía de la protesta -aderezada con humor y rock’n’roll- por todo el mundo, y hoy nos explica cómo movilizar a la gente para cambiar el mundo mediante una estrategia no violenta.

A principios de la primavera de 1992, Srdja Popovic era un estudiante de primer año en la Universidad de Belgrado, que dividía su tiempo en estudiar biología y tocar el bajo en una banda. Al igual que todos sus amigos, Popovic sentía repulsión hacia los soldados, la policía, las guerras, el terror y la represión; detestaba, en suma, el desorden brutal y sangriento en que Serbia se había sumergido bajo el mando de su enloquecido dictador, Slobodan Milosevic. Sin embargo, como la mayoría de los chicos de 18 años, no sentía que hubiera mucho que pudiera hacer al respecto. “Yo estaba interesado básicamente en tres cosas: beber mucho, desvelarme y salir con chicas. De hecho, lo único  que me hacia levantarme y salir a la calle eran los concierto de rock”.

Una noche de marzo de 1992, un grupo serbio llamado Rimtutituki (el nombre es un anagrama de Turim ti kitu, que significa, aproximadamente, “pongo mi pito en ti”) tocó en Belgrado sobre la plataforma de un camión, a pesar de que las autoridades les habían negado el permiso de tocar en la ciudad. 

“Así que allí estaban nuestros ídolos, manejando alrededor de la Plaza de la República en círculos, sobre un camión, cantando a todo pulmón”, cuenta Popovic. “Parecían más generales que rockeros. Y lo que estaban cantando era cosas como: “no tienen cerebro debajo de ese casco” y “si disparo, no tendré tiempo para coger.” Eran cosas realmente burlonas, divertidas y sediciosas. Y lo entendí . Todos lo entendimos.”

Lo que Popovic entendió , aunque le llevó algún tiempo sopesar sus implicaciones, fue que “la resistencia es posible y no tienen que consistir en sit-ins aburridos. De hecho, podía ser bastante cool: cuanto más divertida era una protesta, más eficaz sería el resultado. Incluso en situaciones desesperadas podíamos hacer que la gente se preocupara por lo que importa.”

Popovic y sus amigos comenzaron un colectivo que se convertiría con los años en Otpor! (Traducción: ¡Resistencia!) que fue la base de un movimiento masivo y no violento que terminó con la represión y el horror de Milosevic, quien al final ni siquiera llegó a la ronda final de las elecciones a las que él mismo tuvo que convocar en septiembre del 2000.

Desde entonces, Popovic y sus amigos han tenido mucho trabajo. El Centro para la Acción y las Estrategias No Violentas Aplicadas (Canvas) es una ONG independiente, ubicada en Belgrado, que fundó con un puñado de otros miembros de Otpor! en 2003, y que ha asesorado y capacitado a activistas pro democracia en más de 50 países, incluyendo India, Irán, Zimbabwe, Birmania, Ucrania, Georgia, Palestina, Bielorrusia, Túnez y Egipto.

Los materiales de la organización, incluyendo su manual, “La lucha no violenta: 50 puntos cruciales”, han sido traducidos a media docena de idiomas -y contando-, y han sido descargados decenas de miles de veces – 17.000 sólo en Irán-. Popovic y sus amigos ahora se dedican a impartir clases acerca del cambio político y social no violento en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo, incluyendo Harvard, la Universidad de Nueva York, Columbia y UCL.

Popovic, antaño un músico de bajo nivel estudiantil, hoy se ha transformado en un respetable profesor, escritor y pensador reconocido en el nuevo pero creciente campo académico de la lucha no violenta, cuya influencia se siente en todo el mundo.

Ahora ha publicado un libro altamente leíble e ingeniosamente titulado: “Blueprint for Revolution: cómo utilizar el arroz con leche, figuras de lego y otras técnicas no violentas para galvanizar comunidades, derribar a los dictadores o simplemente cambiar el mundo”, donde combina una entretenida introducción a la teoría y práctica de la protesta pacífica con un relato muy personal de sus propias experiencias.

El viaje, reconoce, no siempre ha sido sencillo. Siendo el segundo hijo de un valiente reportero televisivo de los años 70 y una glamorosa presentadora de televisión, Popovic relata: “en mi infancia nada había sugerido que fuera un rebelde. Quería hacer documentales de animales, como David Attenborough…treinta años después de que lo vi por primera vez, todavía puedo oír su voz. Pero cuando creces en el liberalismo, en el pensamiento libre y hasta cool de la Yugoslavia en la era de Tito, entiendes que un cierto sistema de valores está siendo pisoteado, no sólo por los horribles matones que andan por todas partes con uniformes horribles, sino por la peor clase de cultura popular nacionalista en toda la televisión, por el demente discurso de odio. Los croatas eran nuestros hermanos, y de pronto nos dijeron que los matáramos; es como si te dijeran que es tu deber patriótico es disparar a los escoceses. Bueno, eso te cambia.”

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También hubo momentos de desesperación, aunque no tanto para él mismo: “una vez que has sido arrestado y golpeado, sabes lo que va a suceder, sabes que hay gente fuera de la cárcel y un abogado, los medios de comunicación -que no estás solo- y vences el miedo. Pero lo duro era que lo pasaran los miembros más jóvenes de Otpor!, y sobre todo, sus madres. Eran muy difíciles esas llamadas telefónicas a medianoche, cuando los padres me contaban que sus hijos habían sido levantados por los policías. Esa responsabilidad pesa mucho.”

“El momento más complicado para mí, sin embargo, fue durante el bombardeo de la OTAN contra Serbia, en abril de 1999, cuando el centro nacional de televisión donde trabajaba mi madre y donde había pasado muchas horas de mi infancia se convirtió en uno de los blancos. Aunque ella no estaba allí -le tocaba trabajar el turno de la tarde ese día- nuestro vecina tuvo la mala suerte de encontrarse en ese momento en los estudios. Me paré en la ventana y vi el humo junto a su hijo. Ese era el final del pozo: tu país está siendo bombardeado, dieciséis de los colegas de tu madre mueren y ella se queda tan cerca de perder su vida, mientras las cosas continúan agravándose. Pero había una lección incluso en eso: Milosevic tuvo sus índices de aprobación mas altos en 1999, al igual que George W. Bush nunca fue tan popular como el 12 de septiembre de 2001, cuando su país fue atacado desde el exterior. En esos momentos, todo el mundo se une en torno a sus líderes -incluso aunque se trate de un pésimo liderazgo-. En ese sentido, las intervenciones militares extranjeras no aportan al cambio “.

Popovic sostiene que las sanciones externas tampoco ayudan. “Las dirigidas al círculo interno de Milosevic sirvieron. Pero el embargo del petróleo hizo más rica a la mafia, y el embargo comercial nos hundió en la hiperinflación; mis padres vendían gasolina de contrabando en las calles para sobrevivir. Imponer este tipo de medidas desde afuera le da al gobierno excusas para hacer lo que quiera, y hace que cada persona que quiera un cambio duradero tenga que enfrascarse en la lucha por su vida, por lo que todos están demasiado ocupados sobreviviendo como para movilizarse”.

A partir de estas experiencias, Otpor! llegó a la conclusión de que la resistencia interna, no la intervención externa, es el mejor motor del cambio político. A través de una estrategia de prueba y error en sus propias campañas, Popovic confirmó la convicción íntima que adquirió durante esa epifanía sobre un camión de 1992: que la protesta no violenta -y de ser posible, divertida- sería el motor más efectivo de todos para el cambio.

Los principios fundamentales -la unidad, la planificación y la disciplina no violenta- que el movimiento maduró y que Canvas enseña no llegaron de la noche a la mañana. “En 1992, estábamos en nuestra fase de ocuppy”, dice Popovic. “Nosotros ocupamos los cuatro campus universitarios en Serbia – es un país pequeño – y éramos superliberales, super educados, súper cool y super aislados. Mientras tanto, Milosevic enviaba sus tanques a Croacia. Tuvimos que salir a escuchar y traer a la gente real, a la gente rural, a la gente que no parece tan brillante, y la convencimos para que luchara con nosotros. Construir un movimiento, pero nos llevó cinco años.”

Popovic sostiene que el miedo y la apatía son las “fuerzas del status quo” en las sociedades opresivas y corruptas, y que para contrarrestar esos males se necesita movilización, entusiasmo y humor. El puño levantado y apretado, maravillosamente estilizado por Otpor! y diseñado por el mejor amigo de Popovic, Nenad Duda Petrovic, fue muy útil en esa lógica: podía ser pegado a las paredes, estampado en cualquier viejo pedazo de papel, desde volantes hasta billetes, e imitado en la calle. No se necesitaban banderas ni cantos: sólo chocabas los puños con tu compañero y compañera.

Por otro lado, las campañas del grupo nunca le pidieron demasiado a la gente. “Todos los movimientos exitosos vienen con una barrera de entrada muy baja”, dice Popovic. “Tienes que ofrecer a la gente dos cosas: la oportunidad de hacer algo significativo y la certeza de que al hacerlo podrá también salirse con la suya. En Chile, contra Pinochet, hubo grupos que promovieron la idea de conducir a media velocidad: no era ilegal, suponía un bajo riesgo hacerlo, era bastante divertido y los policías no podían hacer nada. Se trata de proponer algo elegante y que te permita vivir para contarlo”.

Las campañas que son divertidas cuentan el doble, por lo menos, y es a lo que Popovic lo llama “risivismo”. Una de las estrategias más conocidas de Otpor!, por ejemplo, era pintar el rostro de Milosevic en un barril y dejarlo en una calle muy concurrida junto a un palo. Ningún transeúnte sería arrestado por meterle un golpe, pero las autoridades se enfrentaban a un dilema: hacer el ridículo al “detener” a un barril vacío, o actuar como si no importara y arriesgarse a que cientos de barriles aparecieran por todas partes.

El enfoque de Canvas, además, esta respaldado por investigaciones académicas. En un estudio de 2011 realizado por las investigadoras estadounidenses Erica Chenoweth y Maria J Stephan se analizaron 323 campañas de resistencia civil en todo el mundo -que tuvieron lugar entre 1900 y 2006- y se obtuvieron los siguientes resultados: las campañas no violentas tuvieron éxito en el 53% de los casos y las violentas en sólo el 26%. Por otra parte, sólo el 4% de los cambios de régimen con violencia terminaron en una democracia funcional, en comparación con el 42% de los cambios de régimen no violentos.

Sin embargo, también es cierto que algunos movimientos pro-democracia han fracasado espectacularmente. La revolución de Egipto, por ejemplo, en la que Canvas desempeñó un papel importante como uno de los asesores cercanos al movimiento juvenil del 6 de abril, ha dado paso a dos regímenes autoritarios en rápida sucesión, mientras que Siria ha caído en una guerra civil terrorífica.

Descubrir la razón por la que una revolución exitosa no logra una transición a la democracia es difícil, y Popovic lo reconoce: “En el caso de Egipto, creo que probablemente dieron por terminado el proceso demasiado pronto. Sacudieron el árbol, se deshicieron de Mubarak, tuvieron su fiesta y se fueron a casa, pero el país no tenía instituciones maduras y había sido un Estado gobernado por un solo hombre durante demasiado tiempo. No pudieron mantener la unidad después de eso. Quizá habría sido diferente si hubieran podido formar un gobierno de transición que incluyera al movimiento civil de la juventud, al ejército y la Hermandad Musulmana…en cambio, los grupos más poderosos y organizados simplemente se hicieron cargo, y contra ellos ha estado luchando la mayoría desde entonces.”

Respecto a Siria, dice Popovic, “la oposición pensó que si tomaban las armas llegaría la caballería, como había pasado en Libia. El problema es que nunca llegó, y escogieron la batalla equivocada. La lucha contra Assad es como ponerse a boxear con Mike Tyson, y tu no quieres retar a Mike Tyson en un ring de boxeo. Quieres desafiarlo a un juego de ajedrez.”

También aquí, según él, una elección distinta podría haber producido resultados diferentes, aunque con dictadores asesinos, nada es seguro: “Si la oposición hubiera logrado alguna unidad entre árabes, kurdos y cristianos, golpeando a Assad donde le dolía, en su cartera, con falta de cooperación en masa, con boicots de consumidores internacionales… En fin, ¿quién sabe? Eso fue lo que funciono para el Apartheid en Sudáfrica. Pero en su lugar, saquearon los arsenales y comenzaron a pelear en una guerra que no pueden ganar “.

“La curva de aprendizaje no siempre es apacible”, concluye Popovic. Sin embargo, es optimista. Cree que las técnicas de estilo Canvas se pueden transferir con éxito a los movimientos que buscan un cambio social amplio, como Syriza, Podemos, e incluso -con algunas reservas- para los movimientos de Occupy de los últimos años. “Todos ellos guardan muchas coincidencias”.

Su inocultable recelo hacia Occupy se debe a que “son demasiado predecibles  y confrontacionales. Lo que quieres en una campaña es lo que llamamos “tácticas de dispersión de bajo riesgo e inclusivas”. Ocuppy apostó por una táctica de concentración que es de alto riesgo y divisiva: aglomerar a todos en un solo lugar, pelear con la policía y hacer enojar a los comerciantes, a quienes en realidad necesitas ganar para tu causa, no es una buena idea”.

Cuando en 2002 un pequeño y valiente grupo de activistas de la oposición zimbabuense fue a buscar a Otpor! para pedir su consejo, Popovic y sus compañeros revolucionarios se empezaron a dar cuenta que había potencial para algo. Luego vinieron los georgianos, los ucranianos y los bielorrusos para confirmarlo.

Para Popovic, ahora que el enfoque de “vamos a resolver esto con armas” está aún más desacreditado (“sabemos que las armas no solucionan nada, lo hemos visto en Libia, Irak, Siria, en muchos, muchos lugares”), la revolución no violenta puede desempeñar un papel aún mayor: “el desafío ahora es triple. Los activistas tienen que aprender las reglas de la resistencia no violenta, por lo que tenemos que poner las herramientas necesarias a su disposición. En segundo lugar hace falta convencer a las élites de que con aviones y bombas no cambiarán nada. Y por último, necesitamos mirar a nuestros oponentes, porque los dictadores están aprendiendo tan rápido como nosotros. Mira el ejemplo de Putin. Pero por encima de todo, las personas comunes y corrientes que están oprimidas deben darse cuenta de que juntos, con disciplina, humor, planificación cuidadosa y algunas tácticas ordenadas, pueden mover montañas”.

Concluye Popovic: “En 1992 todo lo que realmente queríamos era un país normal, con música cool. Y mira a dónde ese deseo nos ha llevado.”


El texto original fue traducido al español por Luis Álvarez Máynez.

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