Migrar para triunfar: la historia de los niños triquis

Les decían “Los gigantes descalzos de las montañas”. Hace algunos años que los niños triquis sorprendieron al mundo con su habilidad en el básquetbol. Hoy ya no son niños, ni juegan descalzos, ni practican en las montañas: se han transformado en jóvenes que entrenan diariamente en una sede de la Policía Federal, en Iztapalapa, a la espera de cursar la preparatoria en EEUU, con una beca de la NBA, para luego estudiar un doctorado en Europa y volver a su comunidad. Pero, ¿es eso lo que ellos quieren?.

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LA HISTORIA

Hace tres años, un grupo de niños conmocionó al país. Jugaban básquetbol increíblemente, con un gesto característico: se movían descalzos, ligeros, como entre nubes. Estos chicos captaron la atención de miles de personas, no sólo en México, sino en el mundo. Después de obtener su primer campeonato en Argentina, los niños, procedentes de diversas comunidades de la sierra oaxaqueña, fueron bautizados como “Los gigantes descalzos de la montaña”.

Su historia, sin embargo, comenzó a trazarse muchos años antes, cuando Sergio Zúñiga llegó a Oaxaca como jugador de primera fuerza de la liga mexicana de básquetbol. La región estaba llena de canchas de baloncesto…que históricamente habían servido -además de cumplir su fin original- como helipuertos, para que la policía o el ejército llegaran directamente a las comunidades, sobre todo en caso de algún desastre natural o un conflicto social.

Se movían descalzos, ligeros, como entre nubes

Como narra Zúñiga en una entrevista publicada por Contenido, fue en esa región donde comenzó a formular el proyecto “Cambio de actitud en comunidades rurales”. Sin embargo, hasta el 2009 pudo platicar con los dirigentes del Movimiento de Unificación de Lucha Triqui (MULT), con los líderes locales y el Consejo de Ancianos, y plantearles su iniciativa. Ese preámbulo tuvo dos grandes razones: la zona sigue rigiéndose por usos y costumbres, mientras que el idioma puede llegar a ser un problema. En la región se hablan, al menos, nueve lenguas indígenas con sus variantes, y no siempre se utiliza el español.

Cuando Zúñiga les mostró su plan muchas de las autoridades se resistieron. No sólo por creerlo imposible, sino por temor a que el basquetbolista fuera parte del “Servicio Secreto”, que traficara con niños, o que en última instancia, dejara a las familias sin una fuerza importante de trabajo, pues en estas comunidades, los niños y las niñas son parte de las actividades económicas para sostener a las familias, por lo que entre más ayuda para la faena en el campo, mejor.

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“Cuando los papás vieron que se estaba logrando algo diferente para la región, es cuando ya los mandaron a hacer deporte. Anteriormente, los niños no pensaban en estudiar, sino que su horizonte era trabajar en el campo y cumplir su sueño americano, que es irse a EEUU, ganar un poco de dinero, regresar y casarse. Al final, eso hace que vuelvan a la misma vida de sus papás.”, nos dijo Sebastián Ortiz García, entrenador deportivo de los niños que conforman la selección Triqui de básquetbol. Él conoció a Zúñiga cuando éste llegó a su comunidad como maestro de educación física, y ahora forma parte del grupo de veinticinco entrenadores indígenas del proyecto, que inició con quinientos niños y ahora prepara a más de dos mil quinientos.

Ahora bien, ¿Qué pasó con ese primer grupo que se coronó en el 4to Festival Internacional de Minibasquetbol en Argentina?.

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DENTRO DE UN BUNKER

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Foto: Annick Donkers

Una fría mañana acudimos a las instalaciones de la Policía Federal en Iztapalapa para poder conocer en persona a Los gigantes de la montaña. El panorama es una fortaleza intimidante, con policías fuertemente armados a resguardo de la entrada. Por un momento dudamos de estar en el lugar correcto. ¿Los niños que corrían descalzos por la sierra oaxaqueña ahora estaban en el Centro de Mando con las Fuerzas Federales?. Su paisaje debe haber sufrido un cambio drástico, sin duda. Ya sea por la niebla o por el smog, aquí ni siquiera se alcanzan a ver las montañas que rodean el valle de la ciudad. Dentro, en lugar de pájaros, hay helicópteros; en vez de árboles, campos de tiro, y no se alza un monumento a Benito Juárez, sino al Policía Federal caído en cumplimiento del deber. El complejo, inaugurado en 2008 por el ex presidente Felipe Calderón, tiene el objetivo de ofrecer “una infraestructura estratégica que sirva como base para un modelo que permita tomar acciones de prevención y despliegue policial rápido y eficiente”, según lo descrito en la misma página del organismo policial.

Después de una revisión “de rutina” fuimos recibidas por dos mujeres policías vestidas de civil, que nos llevaron a la sección de “actividades deportivas”. Fue un recorrido de aproximadamente cinco minutos en camioneta, a través de un lugar que es como la Ciudad Universitaria de las fuerzas de seguridad.

Al llegar a nuestro destino fue necesario pasar otro filtro de seguridad: un policía detrás de una computadora nos miró con recelo. Nuestras escoltas le indicaron que éramos periodistas y que íbamos con “los niños”. Nos permite la entrada sin más preguntas. Pudimos constatar que las instalaciones en las que entrenan son impecables: hay un campo de fútbol, pista para atletismo, un gimnasio bien equipado, y por supuesto, una cancha de básquetbol en perfectas condiciones.

¿Cómo acabó aquí el equipo de básquetbol de los niños triquis? La historia es peculiar: fue el ex comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo, quien los invitó a entrenar en este espacio. Desde 2014 mostró un gran interés por su historia y les ofreció un recorrido por las instalaciones. Luego, junto con los jefes de las siete divisiones de la Policía Federal, entregó a los niños regalos y reconocimientos. Meses después, ordenó trabajos de remozamiento en escuelas primarias y secundarias del estado de Oaxaca, iniciando con la Primaria Vicente Guerrero, ubicada en el municipio de Santa María del Tule, donde estudiaba la mayoría de los chicos.

Enrique Galindo fue retirado del cargo en agosto de 2016, después de cuatro años en funciones, tras la divulgación de un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que documentó cómo elementos de la Policía Federal cometieron al menos 22 ejecuciones extrajudiciales durante un operativo en Tanhuato, Michoacán, en mayo de 2015. Al margen de su despido, el acuerdo con el equipo permanece.

La decisión de mudarse al complejo policial no fue fácil. Sebastián asegura que se ponderaron las dificultades que enfrentaban en su comunidad, como la exigencia de Rafael Luis Cabrera, alcalde de Santa María del Tule, así como del comité de padres, para que firmaran un reglamento de uso de la cancha en la que entrenaban, que incluía el pago de cuotas. Como la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte en México (CONADE) no podía ofrecer las comodidades personalizadas de ofrecía el ex comisionado, el equipo decidió aceptar el ofrecimiento de Galindo.

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VIDAS PLANEADAS

El equipo ha destacado en diferentes competencias gracias a que tiene seis años preparándose. Los jugadores vienen de diferentes comunidades y regiones: unos hablan triqui, otros mixteco, zapoteco o chinanteco. Durante los entrenamientos la diversidad de lenguas se vuelve evidente. Mientras que Sebastián –que tiene muy buena química con los niños– dicta las instrucciones para los ejercicios, los chicos se gritan entre ellos en su propia lengua, jaspeada de español.

Quienes forman parte de la primera generación de este proyecto en realidad ya no son tan niños: tienen catorce años, y algunos pueden parecer mucho más grandes.  Entrenan de lunes a domingo, de 9:00 a 11:00 a.m.; luego toman clases particulares, y por la tarde juegan fútbol para mejorar su condición física. Los viernes y sábados van al Colegio de Ciencias y Humanidades Sur (CCH) para dar seguimiento a algunas de sus materias, pues deben mantener el promedio mínimo de 8.5 para continuar en el equipo.

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Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

“Lo que queremos es que estos jóvenes lleguen a Estados Unidos a estudiar su preparatoria y luego vayan a Europa a estudiar doctorados, para que cuando regresen a sus comunidades puedan trabajar y ayudar a su gente. Ellos han entendido muy bien esa parte”, nos explicó Sebastián. El próximo año, los once chicos se mudarán a EEUU becados por la National Basketball Association (NBA) para continuar con sus estudios y su entrenamiento.

Vale decir que los gigantes descalzos de la montaña ya no andan descalzos: son patrocinados por diferentes organizaciones, empresas y entidades gubernamentales. Casi antes de despedirnos, llegaron tres personas con mochilas y tenis para ellos. A pesar de toda la atención que han recibido, los chicos parecen no dejar de sorprenderse y emocionarse por los regalos que les ofrecen.

“Están de moda estos chamacos, ¿verdad?” -dicen las policías que nos escoltan-. “Habrían de ver, nosotras los acompañamos a todos sus eventos aquí. La gente se vuelve loca, todo mundo se quiere sacar la selfie con ellos”.

Vale decir que los gigantes descalzos de la montaña ya no andan descalzos

Aunque en la cancha todos gritan, corren, sonríen y nos saludan al pasar, en las gradas, fuera de la zona que dominan, algunos de los chicos son más expresivos que otros. Un par sólo sonríe cuando intentamos conversar con ellos.

–¿Y les gusta la ciudad?– les pregunto a todos en su descanso para tomar agua. Todos ríen. Mientras que un grupo asintió efusivamente, alguien gritó “¡NO!”, pero no pudimos identificar quién. Ya en las entrevistas, todos contestaron casi lo mismo….

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TESTIMONIOS

Me pregunto si dentro de su formación, los niños tienen una materia de relaciones públicas y trato con la prensa, donde les hacen ensayar sus respuestas. Cuando responden a mis preguntas, lo hacen de manera casi mecánica. Sorprendentemente todos tienen la misma respuesta. Quizá esto se debe a que comparten el mismo sueño, el mismo camino, los mismos temores y una sólida confianza en las personas que impulsaron este proyecto, que ya se han convertido en su familia.

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En sus paseos por la ciudad y en los viajes son acompañados por Sebastián. En ciertas ocasiones alguna periodista de la radio local se encarga de dar cobertura en todos sus eventos, y con ella dicen tener una relación “casi de hermanos”. Las dos policías que les acompañan en sus actividades en el área metropolitana coinciden en que son como sus madres. “Cuando se van, no tenemos quien nos moleste”, me cuentan entre risas. Además de Zúñiga, estas cuatro personas son quienes conviven con los niños todos los días. El contacto con el mundo exterior a los entrenamientos es limitado. Al igual que cualquier otro deportista de alto rendimiento, la prioridad es dedicarse a su especialidad, y en su caso, también a una formación académica.

Con el tiempo los chicos no solo han cambiado su calzado: en estos seis años adoptaron una nueva lengua, ciudad, estilo y proyecto de vida. Se puede cuestionar si ha sido decidido o no por ellos, pero en cualquier caso, para Sebastián, es una “recompensa por su disciplina y dedicación”. Para él, “motivándolos y dándoles otro tipo de visiones fue que cambiaron su mentalidad. Esto nos ha traído mucha satisfacción. Ahora ya cada uno ya tiene su objetivo. Ese es el reto de estos jóvenes: lo que queremos es cambiar su comunidad, su familia y ¿cómo no? cambiar la República Mexicana con lo poco que hacemos”.

Sebastián Ortiz García
Sebastián Ortiz García, entrenador deportivo | Foto: Annick Donkers

Tener 14 años y un plan de vida prácticamente resuelto no es poco. La pregunta que solo responderán ellos es: ¿Cuántos de los niños regresarán a su comunidad después de haber estudiado un doctorado en Europa?. Ahora que las visitas a “casa” son cada vez más breves y espaciadas, preparan un viaje a Panamá, mientras que su mudanza a EEUU está cada vez más cerca.  

Efrén Martínez / 14 años

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

“Me siento muy bien de estar en la ciudad, ya que yo soy de un pueblo que se llama Cruz Blanca en Cuilápam de Guerrero en los Valles Centrales. Se siente muy bonito estar aprendiendo de otro tipo de cultura. Hemos ido al cine y a conocer el centro para desestresarnos. Yo quiero ser ingeniero automotriz o ingeniero civil porque es una carrera muy laboriosa y bonita. La verdad a mi no me gustaba el básquetbol, pero me invitaron en mi comunidad a jugar y de ahí empecé a hilar ese sueño de jugar”.

Melquiades Ramírez / 14 años

Melquiades "Aquí estamos preparándonos para tener buenos momentos y empezar a esforzarnos más y luego competir en otros países para demostrar lo que es México y lo que tiene México. En 2010 mi hermano empezó a entrenar y me dijo que siguiera su ejempo y me dio la oportunidad de estarn en este equipo y fue así que logré estar aquí. Lo que me gusta del básquetbol es divertirme y demostrar lo que aprendimos en el entrenamiento. Yo quiero ser jugador profesional y en el estudio voy a ser detective. Como todos lo sabemos en Oaxaca hay mucha violencia, es por eso."
Foto: Annick Donkers

“Aquí estamos preparándonos para tener buenos momentos y empezar a esforzarnos más y luego competir en otros países para demostrar lo que es México y lo que tiene México. En 2010 mi hermano empezó a entrenar y me dijo que siguiera su ejempo y me dio la oportunidad de estar en este equipo y fue así que logré estar aquí. Lo que me gusta del básquetbol es divertirme y demostrar lo que aprendimos en el entrenamiento. Yo quiero ser jugador profesional y en el estudio voy a ser detective. Como todos lo sabemos en Oaxaca hay mucha violencia, es por eso.”

Dylan Ramírez / 14 años

 Dylan Ramírez 14 años Originario de Tlaxiaco, en la Mixteca oaxaqueña. "Los entrenamientos son rígidos, pero nos enseñan disciplina para que podamos triunfar más adelante. El próximo año ya vamos a estar en la preparatoria de EEUU conociendo nuevas clases sociales y explorando diversos lugares para tener más conocimientos de la vida." A Dylan le gustaría ser científico, pero desea continuar con el deporte porque considera que le dio muchas nuevas oportunidades. Al preguntarle si extraña la mixteca, responde: "Allá no tenía mis tres comidas al día, pero nos dan vacaciones los entrenadores y vamos a ver a nuestros familiares".
Foto: Annick Donkers

“Yo soy originario de Tlaxiaco, en la Mixteca oaxaqueña. Los entrenamientos aquí son rígidos, pero nos enseñan disciplina para que podamos triunfar más adelante. El próximo año ya vamos a estar en la preparatoria de EEUU conociendo nuevas clases sociales y explorando diversos lugares para tener más conocimientos de la vida. A mi me gustaría ser científico, pero deseo continuar con el deporte porque considero que me dio muchas nuevas oportunidades.”

Al preguntarle si extraña la mixteca, responde: “Allá no tenía mis tres comidas al día, pero nos dan vacaciones los entrenadores y vamos a ver a nuestros familiares”.

Luis Enrique Vargas / 14 años

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

“Es padre convivir con otros jóvenes de otras regiones y aprendo divirtiéndome en cada situación que tenemos. Tengo tres años entrenando, entré al equipo cuando llegaron a la Sierra Juárez a un campamento donde eligieron a los mejores. De 50 chavos sólo quedé yo. Al principio mi familia decía que era mentira todo lo que decían, pero tuve fe, confié en todos los entrenadores, en que me iban a sacar de donde estaba y que iba a conocer diferentes culturas, lenguas, sociedades, tradiciones y países. Así fue que poco a poco fue empezando esta historia donde con trabajo y esfuerzo fue lográndose todo (…) Quisiera ser ingeniero automotriz, pero también un jugador profesional de la NBA.”

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CRÉDITOS

Reportaje: Alexandria Sevilla
Edición: César Alan Ruiz Galicia
Diseño web: Francisco Trejo Corona
Fotografía original: Annick Donkers
Ilustración original: Jonathan Gil
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