10 Consejos prácticos de un chairo para rifar en la CDMX

Si habitas en la “CiuDad-MonXtruo” (otrora conocida como Detritus Federal) y eres de aquellas personas que piensan que es una basura y consideran que escapar es la única forma de resolver su fatídica relación. Te entiendo muy bien, pero también es cierto que esta masa de asfalto esconde una belleza que pulula por toda su extensión, con cientos de proyectos y hermosas personas que buscan cambiar el mundo y conectándose poco a poco.

Pienso-siento que cuando le reclamamos al espacio en realidad nos estamos dando cuenta de que nuestro sistema de valores y las expectativas con las que caminamos son insuficientes. Que andamos en círculos que no nos nutren para nada o que incluso nos hunden más en la angustia que provocan las imposiciones del pensamiento dominante.

Para mí da lo mismo si eso lo vives en esta porquería de ciudad que en un pequeño pueblecito rodeado de bosques y playas, de hecho resulta valiosísimo alcanzar el equilibrio en estos espacios caóticos porque si lo logras te lo llevas para siempre y a donde sea. Así que aquí van mis recomendaciones no pedidas para rifar en la CDMX… y en la vida:

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Acepta el miserable estado de tu existencia

Lo más difícil y a la vez más importante es reconocer que estás siendo explotado en tu trabajo, que tu escuela te trata cómo idiota y que comprar sólo incrementa el vacío que te atormenta por las noches.

Recuerda lo que verdaderamente quieres hacer y hazlo

Si no estás pintando, bailando, haciendo música, escribiendo poesía o todas las anteriores te reventaron porque eso lo quisiste hacer y lo hiciste desde tus primeros años de vida y esta sociedad infame te lo arrebató… ¡Mándala al diablo y rescata esos sueños!

Revisa tu núcleo de amistades y transforma tus vínculos sociales

No justifiques de ninguna manera que las personas que te rodean sean insoportablemente racistas, sexistas o clasistas (ni siquiera en broma, las bromas son mensajes polisémicos que sólo pueden emerger de mentes que las interiorizan). Sé que es complicado confrontar de golpe todo esto, pero es la única forma de reconstruir tu campo relacional, además es momento de dejar de validar todas esas actitudes sólo por mantener esa falsa seguridad que te da el sólo hecho de escapar de la soledad.

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Ilustración de Ugo Gattoni

Aprende a vivir la soledad

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En este punto empieza lo bueno, sigues trabajando en algo que no te gusta, intentas pero dejas tus pasiones porque todavía cargas con un montón de inseguridad y si realizaste el punto 3 ya sólo tienes tres amistades; dos de las cuales se encuentran a miles de kilómetros de distancia y otra que está cooptada por el amor romántico y haciéndose cargo de una pequeña niña. Así que es buen momento para estar contigo, esa soledad casi forzada es un buen punto de partida para lo que viene.

Practica el arte del mínimo esfuerzo

No es momento de renunciar a tu trabajo, porque sin apoyo colectivo eso significa hacer un salto al vacío, tendrás que soportar un rato pero lo primero es olvidar esas tonterías de querer ser el empleado (la persona explotada) del mes. Poco a poco puedes acercarte a las alternativas [pronto verás que de hecho no son alternativas, sino rutas de vida igual de válidas con el poder de barrer con toda la basura que el sistema basado en el éxito implantó en tu confundida mente] y si sigues una buena ruta vas a descubrir proyectos interesantísimos en alimentación, salud, vestido, arte, ciencia y tecnología, que están realizando personas que están aprendiendo y a la vez enseñando a transgredir todos los códigos del individualismo competitivo, sustituyéndolos por la fuerza de la solidaridad y un tejido comunitario que te hará recuperar la fe en la humanidad. Ve involucrándote poco a poco, apoyando a las iniciativas que más te gustan y que más requieren de tu trabajo, fortalécelas y date a la tarea de desarrollar un proyecto propio. Hacer lo que te gusta en un entorno amoroso es una buen forma de vivir en plenitud (quizá la única).

Consigue una bicicleta (Opcional pero urgente)

Si tienes carro déjalo, tramita una tarjeta para la ecobici y comienza una emancipación vial, mezclando su uso con el transporte público. Pero recuerda que es sólo una transición, en poco tiempo estarás tirando a la basura tu credencial y diciendo adiós para siempre al transporte público, montado en una bicla armada por un colectivo o personas bien chéveres que conocerás en el punto 5. Harás ejercicio, te librarás de la histeria colectiva en buena parte de tu día, reducirás significativamente tus niveles de estrés y sentirás alivio de no ser parte de la multitud que fortalece la industria automotriz, quizá la más ecocida de todas.

Rompe de una vez con lo peor de ti (Obligatorio)

Ya te rifaste confrontando a uno de los peores males de nuestro tiempo, el maligno y aparentemente invencible Capitalismo pero apenas estás empezando porque ese cuate malvado viene con otro igual de gandalla y bien resistente llamado Patriarcado. Así que busca espacios que construyan desde la sororidad y que se asuman como feministas (piensa que feminista es una bonita palabra y representa una de las posturas revolucionarias más importante de nuestros tiempos). Si una persona muy querida (o no tan querida) te dice que no lo hagas, trata de explicarle amorosamente la importancia de sumarte a esos espacios y si no lo entiende regresa al punto 3 [de hecho verás que en el proceso irás al punto 3 casi todos los días de tu vida a partir de ahora].

Sé anti-tú

Si eres un hombre hay grandes probabilidades de que seas un macho heteronormado, violento y poco sensible, así que reconoce que estás jodido porque en este punto (si lo estás tomando en serio) eres lo más “anti-tú” que puedes ser. Te estás destruyendo, estás intentando acabar con tus privilegios (algunos que parecen ser irrenunciables) y si lo estás haciendo bien estás profundamente incómodo, pero aguanta un poco y pronto estarás rodeado de una comunidad hermosísima que te habrá enseñado a amar de verdad y a apegarte de manera segura (¡Aguas con el discurso del desapego!… Ese es para los códigos que estás abandonando y para tu propio ego, no necesariamente para las personas con las que estás construyendo).

Recuerda que la contradicción no es tan mala

Durante todo el proceso de rifar en la CDMX y en la vida, te darás cuenta que eres un cúmulo de contradicciones y es probable que eso te haga sentir muy mal, pero lo cierto es que estás mal enfocando el significado de la contradicción. Cuando aparece y la puedes mirar con claridad, sólo se trata de tu propio cuerpo empujándote hacia otras latitudes, de nada sirve pensar en renunciar sólo porque sigues comprando en el Wallmart o falocentrizando tu lenguaje (reflejo de tu ridícula vida sexual); tu insiste y pronto estarás sembrando junto a una hermosa bandita ecochaira tu propio alimento y sabiendo que lo chido tiene mucha madre (en lugar de poca).

Aprende a entrenar a tu “mente mono”

Cómo todo lo que vas a enfrentar en los puntos anteriores te va a llevar de sacudida en sacudida existencial y muchas veces vas a querer claudicar, lo mejor es incorporar herramientas para controlar la frustración. Una de las mejores es aprender a respirar, no importa si eres tremendamente obsesivo porque meditar te va a cambiar la vida haciéndote habitar el presente, atesorando el pasado y preparando el futuro con mucha claridad. Para lograrlo sólo sigue los consejos de este monje budista buena onda:

Este texto fue escrito por un hippie ecochairo que se encuentra en el punto 8, tratando de rifar y que prefiere guardar el anonimato para no ser presa fácil de Nacho Progre.

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