México y el mundo: ¿Superamos el racismo?

Un especial de Tercera Vía
Ilustración: Jonathan Gil
Fotografía original: Annick Donkers

De acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos establecida por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, “la libertad, la justicia y la paz tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

La ONU determina que la violación de estos derechos ha causado los actos más atroces en la historia de la humanidad. Muchos de estos sucesos se originaron por la discriminación entre personas por su raza u origen étnico. Esta diferenciación es llamada por el Alto Comisionado de los Derechos Humanos como discriminación racial, la cual se caracteriza por  “la distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia nacional o étnica la cual tiene el propósito o el efecto de nulificar o perjudicar el reconocimiento, el goce o ejercicio, de forma equitativa, de los derechos humanos y libertades fundamentales en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales o cualquier otra área de la vida pública”.

El legado del racismo ha perpetuado las desigualdades entre personas de distinta raza en aspectos como el acceso a la educación y al trabajo

La discriminación racial ha causado crímenes de lesa humanidad como el genocidio indígena durante la colonización Europea en África y América, la masacre de Tutsis en Ruanda, el exterminio de judíos en Alemania, la matanza de armenios en Turquía, la aparición y consolidación de gobiernos discriminatorios como el del Apartheid en Sudáfrica o el racismo hacia los afroamericanos en Estados Unidos. A pesar de que las prácticas racistas han sido rechazadas por los miembros de las Naciones Unidas a través de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial de 1965, el legado del racismo ha perpetuado las desigualdades entre personas de distinta raza en aspectos como el acceso a la educación, el trabajo, etc. Además, el mal desempeño de la economía mundial ha dado pie al surgimiento de grupos y personajes racistas como Donald Trump en Estados Unidos, Marie Le Pen en Francia o Viktor Orbán en Hungría.

De acuerdo con el World Values Survey, 10 de los países con mayores niveles de racismo en el mundo son:

  1. India

  2. Pakistán

  3. Rusia

  4. Israel

  5. Alemania

  6. Japón

  7. Ruanda

  8. Australia

  9. Reino Unido

  10. Estados Unidos

  11. Arabia Saudita

  12. Sudáfrica

En acuerdo a dicha investigación, en estos países el número de personas que no tendría como vecino a alguien de una raza distinta se encuentra entre el 20% y el 40% de la su población. Un elemento interesante sobre estos resultados es que pareciera haber una débil relación entre los niveles de desarrollo de una sociedad y su tolerancia hacia otras razas. Es decir, un alto nivel educativo y crecimiento económico no garantiza que una sociedad sea más tolerante.

A pesar de la caída de gobiernos y leyes racistas en el mundo,  así como de la formación de una opinión pública internacional que considera que vivimos en sociedades pos raciales, las grandes diferencias en las condiciones de vida de una comunidad con fuertes antecedentes racistas demuestran la continuidad o la perpetuidad de las relaciones jerárquicas basadas en la raza.

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ESTADOS UNIDOS

La elección de un presidente afroamericano en Estados Unidos parece no haber mejorado las condiciones de vida de los afroamericanos u otras minorías étnicas de aquel país. Con base en información del Urban Institute, en el 2013 las diferencias entre las ganancias de familias (blanca, negra, hispana), mostraron una desigualdad alarmante. Mientras las familias blancas obtuvieron una ganancia promedio en dólares de $134,200 al año, el ingreso de las familias hispanas fue de $13,700 y el de las familias afroamericanas de $11,000. Esto equivale a que las familias blancas obtienen 12 veces más ganancias que las familias afroamericanas y 10 más que las hispanas.

La elección de un presidente de raza negra en Estados Unidos parece no haber mejorado las condiciones de vida de los afroamericanos u otras minorías étnicas de aquel país.
Esta cifra ha venido aumentando con el tiempo si se toma en cuenta que en 1995 dicha diferencia equivalía al 7% y 6% respectivamente. Estas desigualdades económicas expresadas en la raza, modifican también las conductas del gobierno hacia la sociedad. Por ejemplo, las familias afroamericanas e hispanas al tener menos ingresos, tienen menos ingresos, menos consumo y por lo mismo pagan menos impuestos. Si tomamos en cuenta que el gobierno norteamericano determina la entrega  de créditos inmobiliarios y pensiones laborales por el nivel de ingreso de las personas, sólo las familias blancas obtienen estos recursos manteniendo la desigualdad entre este grupo y las distintas minorías raciales.

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Otro aspecto importante que demuestra la continuidad de prácticas racistas en Estados Unidas es el comportamiento de las fuerzas de seguridad ante la comunidad Afroamericana. Durante los últimos años, los asesinatos de afroamericanos desarmados a manos de la policía ha demostrado la falsedad de la sociedad pos racial norteamericana. De acuerdo con una investigación realizada por el periódico Inglés, The Guardian, en Estados Unidos un afroamericano tiene el doble de oportunidades de ser asesinado por la policía que un hombre blanco. De los 547 asesinatos reportados por policías en 2014 en Estados Unidos, 28.3% eran afroamericanos y 15.5% eran hispanos. Del total de afroamericanos asesinados por fuerzas policiacas, el 31.6% se encontraba desarmado. Si comparamos esta cifra con el porcentaje de blancos desarmados asesinados por la policía, con un 16%, es evidente que los policías del vecino del norte tienden a matar con mayor facilidad a personas de raza negra.

SUDÁFRICA

A pesar de que en Sudáfrica el gobierno del Apartheid terminó en 1994 con la elección democrática de Nelson Mandela como presidente, las condiciones de vida entre blancos y negros siguen siendo muy desiguales. De acuerdo con el datos del censo de población 2011 del gobierno sudafricano, el número de personas blancas viviendo en chozas o shacks es de 8000, mientras que la población negra viviendo bajo las mismas condiciones de pobreza es de 1,868,325. Este dato podría considerarse normal si tomamos en cuenta que la población blanca solo representa el 8.9% del total de la población del país africano. Por lo tanto, el número de pobres entre blancos y negros solo reflejaría su proporción en el total de la población. Sin embargo, si este fuera el caso también tendría que haber más gente rica de raza negra en el país.

Si tomamos como base la lista de los hombres más ricos de Sudáfrica publicada por la revista Forbes, entre los 20 hombres con más dinero en el país, solamente dos son negros.
Esta desigualdad de ingreso se refleja no solamente en los sectores más ricos sino también en el resto de la población. Con base en datos del gobierno de Sudáfrica, los blancos ganan en promedio 9 veces más que los negros.

Así como en Estados Unidos, a pesar del término de gobiernos que aplican políticas discriminatorias, las fuerzas del orden siguen reproduciendo acciones represoras en contra de los grupos excluidos históricamente. En el año de 2012, la policía de Sudáfrica asesinó a 36 mineros con orígenes indígenas por la protesta que habían hecho para exigir mejores condiciones de trabajo.

La reproducción de prácticas discriminatorias heredadas del Apartheid no solamente se refleja entre blancos y negros, sino entre sudafricanos y personas de otros países. A partir de 2008, ciudadanos sudafricanos han atacado mortalmente a migrantes provenientes de países como Etiopia, Mozambique o Somalia con el argumento de que su llegada solo le quita trabajas y oportunidades a los sudafricanos. A pesar de que la comunidad negra en Sudáfrica sufrió durante años la exclusión social, política y económica de los blancos, las prácticas racistas aún se encuentran dentro del imaginario colectivo de la sociedad reflejado en la postura antinmigrante de la población.

MÉXICO

Un 54% de los mexicanos consideran que en México es muy común que se insulte a una persona por el color de su piel

Sin importar que México no se encuentre dentro de los diez países más discriminatorios del mundo, las prácticas de exclusión social heredadas desde la colonia continúan permeando la vida diaria de los mexicanos. De acuerdo con datos del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred), un 54% de los mexicanos consideran que en México es muy común que se insulte a una persona por el color de su piel. Tomando en cuenta que el 65% de la población se consideran así mismas morenas, el rechazo social por el color de la piel se encuentra presente en la mayoría de la población del país. Esta discriminación hace que el 20% de los mexicanos se sienta a disgusto con su color de piel.

De acuerdo con la encuesta de Conapred-UNAM 2010, 64% de la población estaría dispuesta a vivir con una persona de una raza distinta, pero 23% no lo haría. Además, 5.5% de la población considera negativo que la sociedad esté compuesta por fenotipos distintos. En el caso de México, existe una mayoría discriminada y una minoría que discrimina. Esto nos llevaría a parecernos más al caso de Sudáfrica que al de Estados Unidos, en donde una minoría es quien continúa con prácticas discriminatorias sobre el resto de la población.

Esta discriminación se extiende también al reconocimiento de las personas ante la ley. En México,  15% de la población considera que sus derechos no son respetas debido a su color de piel. Si tomamos en cuenta que la población indígena en el país representa entre el 10% y el 11% de la población, podríamos decir que la mayoría de los indígenas en nuestro país es discriminada y percibe que es excluido del ejercicio libre de sus derechos. Esta exclusión social ha generado en buena medida la marginación de los pueblos indígenas en México. De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), existen en nuestro país 15.7 millones de personas que se consideran indígenas, de las cuales el 70% se encuentra viviendo en pobreza.

El 16% de los mexicanos considera que las personas indígenas son pobres porque no trabajan lo suficiente
La exclusión de las personas indígenas del ejercicio de sus derechos se puede observar en la falta de acceso a la salud, educación y empleo. De acuerdo con el censo de población en 2005, 75 de cada 100 personas indígenas no son derechohabientes a servicios de salud a nivel nacional. En materia de educación, solo el 50% de las y los jóvenes indígenas de entre 15 y 17 años asisten a la escuela. Este número decrece entre las personas de 18 a 21 años, en donde sólo 16% continúa con sus estudios. En la situación laboral, 57% trabajan en actividades de baja especialización y 37% se desempeñan en el mercado informal. La remuneración alcanzada es de menos de dos salarios mínimos para el 58% de esta población. El racismo también se acompaña de otros prejuicios: en la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (ENADIS) el 16% de los mexicanos considera que las personas indígenas son pobres porque no trabajan lo suficiente.

Otro sector de la población en México con altos grados de discriminación es la comunidad afrodescendiente. El 47% de la población en el país asegura que la pobreza en las comunidades negras se debe a que la gente no trabaja. Aún más, el 74% de la población de estas comunidades no tiene acceso a la salud y el 96% no tiene vacaciones pagadas en su trabajo.

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UN POCO DE HISTORIA

Podemos decir que el racismo llegó a México junto con los navíos españoles en la época de la conquista. Proveniente de Europa, fue una ideología de la superioridad  arrasó con la cultura indígena.

Durante la Colonia en la Nueva España, los españoles crearon una jerarquía racial encabezada por europeos-hombres-blancos-cristianos. Por debajo de ellos estaban los criollos (españoles nacidos en territorio americano) quienes a su vez serían superiores a todas las castas resultantes del mestizaje.

CastaHijxs de:
MestizoBlanco con india
MulatoBlanco con negra
CastizoMestizo con blanca
CholoMestizo con india
JarochoNegro con india
MoriscoBlanco con mulata
MestindioIndio con mestiza
LoboIndio con negra
GrifoIndio con loba
ChinoLobo con negra
CambujoChino con india
Tente en el aireCambujo con india
No te entiendoTente en el aire con mulata
Ahí te estásNo te entiendo con india

Después de la Independencia las cosas no cambiaron demasiado: los gobiernos del siglo XIX en América Latina realizaron cruzadas de “modernización” que consistían en la asimilación o exterminio de las poblaciones indígenas. Por otra parte, la población afromexicana, “liberada de la esclavitud” por Miguel Hidalgo, fue relegada al ostracismo y la invisibilidad, sin alcanzar hasta el día de hoy el reconocimiento que exige.

Durante el Porfiriato y la Revolución, proliferó la idea de una “Cultura Homogénea”. José Jorge Gómez Izquierdo lo explica en su ensayo Racismo y nacionalismo en el discurso de las élites mexicanas: Historia Patria y Antropología Indigenista:

“Se pretende que la unidad política y territorial se convierta en una unidad homogénea, étnica, cultural y racialmente considerada. El racismo no es una mera aparición marginal o un accidente en la historia de México, sino todo lo contrario, se trata de un fenómeno omnipresente, constante e inevitable, que marca una continuidad entre los modos racistas de percibir a las “razas indias”, propias de las élites porfirianas y de las nacional/revolucionarias”.

Desde mediados del siglo XX, el racismo se perpetuó en los medios masivos de comunicación. A diario se han reproducido juicios de valor que refuerzan la exclusión y el paternalismo hacia las personas indígenas. Sin duda el EZLN fue un punto de quiebre que perturbó la narrativa racista que pesaba sobre los pueblos indios y permitió abrir espacio a su voz y a su huella. Habrá que seguir escuchandoles y aprendiendo de su perspectiva de la historia, presente y futura.

Desde mediados del siglo XX, el racismo se perpetuó en los medios masivos de comunicación.

Existe una corriente filosófica y política que busca decolonizar América Latina mediante una amplia reflexión crítica de su historia, bajo una premisa fundamental: a pesar de que nos independizamos jurídicamente de España en el siglo XIX, seguimos siendo coloniales en el terreno intelectual, político, cultural y económico. A pesar de que en México no figura esta opción decolonial en el discurso público, poco a poco ha ido ganando terreno en diversos espacios académicos. En cuanto a la región, en Ecuador ha sido parte central de la narrativa impulsada por Rafael Correa y en Bolivia se ha creado incluso “El viceministerio de descolonización” para darle seguimiento a tan importante asunto desde el organigrama estatal.

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LA ENTREVISTA

Elvira Pablo: “Se oprimieron culturas en nombre del progreso y eso se sigue reproduciendo”

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Fotografía: Annick Donkers

Elvira Pablo es una destacada estudiante indígena de la especialidad de derecho penal de la UNAM. Vinculada a procesos comunitarios y la defensa de derechos de los pueblos indígenas mediante litigio estratégico, habla para Tercera Vía sobre el racismo como una opresión invisibilizada.

¿Crees que en México hay racismo?

Claro que sí. También hay que pensar que la discriminación es una forma de racismo y al revés. Ya sea por la apariencia física, por la vestimenta o por la forma de hablar, existe. En mi caso no ha sido tan explícito, pero si “es normal” que se me quedan viendo cuando traigo una blusa típica o si ando con huaraches.

si “es normal” que se me quedan viendo cuando traigo una blusa típica o si ando con huaraches.
Sé que han habido casos más graves. Un compañero nos contaba que cuando estaba por ingresar a la UNAM, le faltaba un documento para la inscripción, y le decían en servicios escolares, en tono paternal: “Ya mejor regresate a tu Estado, qué andas haciendo hasta acá”. Otra compañera tuvo el caso de un profesor que le daba un trato desigual, pues por el mismo trabajo le asignó una calificación menor que a otros. Cuando confrontó al maestro, preguntándole si era por ser indígena, el docente lo aceptó. Creo que adentro de la Universidad es mucho menor la violencia que afuera de ella, pero también ocurre.

También hay episodios de discriminación cuando ocupas el espacio público, o al pedir empleo. Es común que en los centros comerciales, por ejemplo, si vas con tu vestimenta, el vigilante te sigue, como para que no vayas a robarte algo.

¿Por qué crees que en México no se asume que somos racistas?

Porque ya lo normalizamos. Al bromear decimos “Ay, pareces indio” o “hablas como indio”. La gente no se da cuenta de que eso es racismo. En México también sentimos lo blanco, europeo o extranjero como bueno, y lo de acá como lo malo, lo que no se debe tener. Muchas de nosotras y de nosotros sabemos que se prohíbe en las escuelas hablar la propia lengua, o que los abuelos dicen a los papás “que ya no se la enseñen a sus hijos, porque si quieres progresar, salir adelante, no tienes que hablar en una lengua indígena”. Eso ha llegado hasta mi comunidad: cuando estoy en mi pueblo, donde hablamos mixe, hablan más los niños español que mixe.

Fotografía: Annick Donkers
Fotografía: Annick Donkers

¿Tienes un punto de encuentro con otros indígenas?

Muchos becarios hacemos reuniones y nos encontramos para platicar. Ahí hablamos de problemáticas comunes. Por ejemplo, soy de Oaxaca y extraño, pero es generalizado el sentimiento de añoranza de quienes dejaron su tierra natal para estudiar en la capital del país. Más allá de eso, nos estamos preparando para sacar adelante a nuestras comunidades y contribuir en algo con ellas. Incluso buscamos crear alternativas y soluciones para el país. Eso se ve en las tesis que trabajamos, pues generalmente se abordan temas concretos.

Yo estaba haciendo mi tesis sobre como armonizar los sistemas normativos internos y el derecho positivo mexicano, no para imponer uno sobre otro, sino articularlos. Como es muy complicado, eso lo pienso hacer ampliamente después, en un posgrado. Estoy ahora en una especialidad en temas penales, por lo que creo que trataré el asunto de reclusos indígenas, así como el debido proceso y el derecho a tener un intérprete en los juicios.

Al bromear decimos “Ay, pareces indio” o “hablas como indio”. La gente no se da cuenta de que eso es racismo

¿Es posible México sin racismo?

Si, pero hay que cambiar muchas cosas. Lo primero es reconocer que existe. Ir tomando de conciencia de eso y darnos cuenta de que esta mal.

Creo que las personas indígenas podemos vivir sin tener que enfrentar desigualdades por el sólo hecho de ser indígenas, desigualdades que aparecen al momento de pedir trabajo, cuando quieres que te escuchen, o al decidir como vestirte. Necesitamos sentirnos más respetados. Eso pasa por preservar lenguas, vestimenta y cultura.

Hay personas que dicen cosas como “¿Por qué preservar una lengua indígena si es más fácil que hablemos una sola?”. Hay que dejar de creer que una vale más que otras,

De facto México es un país con muchísimas culturas indígenas. El tema es el reconocimiento. Hay personas que dicen cosas como “¿Por qué preservar una lengua indígena si es más fácil que hablemos una sola?”. Hay que dejar de creer que una vale más que otras, que una es inferior y otra superior, porque eso se refleja en políticas públicas, legislación y otras cosas. Todo tiene que ver con la forma en que se oprimieron culturas en nombre del progreso y eso se sigue reproduciendo.  


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