Ya es una realidad que Afganistán se está quedando sin doctoras, y está impactando directamente a la salud femenina
El regreso de los talibanes al poder en Afganistán marcó un antes y un después para la vida de las mujeres afganas. Primero, con la prohibición al acceso a la educación secundaria para las niñas. Después, con la prohibición a las mujeres de estudiar en facultades, escuelas e institutos de ciencias médicas. Hoy, cinco años después, las consecuencias de estas decisiones revelan algo aterrador: Afganistán se está quedando sin mujeres médicas capaces de atender a otras mujeres.
Ya lo había advertido UNICEF: Afganistán podría perder hasta 20.000 profesoras y 5.400 trabajadoras sanitarias para el año 2030 si se mantienen las restricciones a la educación de las niñas y el empleo de las mujeres. Desde que se hizo realidad la prohibición de la educación para niñas y mujeres, no ha dejado de crecer el cierre de clínicas y la escasez de doctoras y enfermeras.
Actualmente, las mujeres representan solo el 18% de los médicos especialistas, el 27% de los médicos generales y el 29% del personal de enfermería. Provincias como Helmand, Zabul y Uruzgan prácticamente carecen de doctoras especialistas. Además, durante 2025 cerraron o suspendieron 445 instalaciones sanitarias, incluidos 203 equipos médicos móviles que representaban el único acceso a la salud para comunidades remotas, de acuerdo con información de Health Cluster.
El informe de UNICEF advirtió que las restricciones a la educación y el trabajo ya le cuestan al país 84 millones de dólares al año en pérdidas de producción económica, y eso solo va a seguir en aumento. “Afganistán no puede permitirse perder a las futuras maestras, enfermeras, médicas, parteras y trabajadoras sociales que sostienen unos servicios esenciales. Pero esto será una realidad si las niñas siguen siendo excluidas de la educación”, dijo la Directora Ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell.
Mientras tanto, las mujeres que ya trabajan en el sector de la salud enfrentan restricciones sobre cómo y dónde trabajan. Por un lado, tienen prohibido trabajar en agencias humanitarias y organizaciones. Asimismo, tanto pacientes como trabajadoras de salud, están legalmente obligadas a viajar acompañadas por un mahram (un hombre de parentesco cercano como padre, hermano o marido).
Aquellas doctoras que no logran conseguir una “escolta” masculina tienen prohibido viajar a comunidades aisladas o desplazarse durante emergencias y desastres naturales para atender a pacientes. Eso, sin mencionar que a las mujeres afganas se les prohíbe ser atendidas por profesionales médicos hombres ya que no puede haber contacto físico entre personas de diferente género.
Debido a estas restricciones, muchas mujeres se han visto obligadas a dar a luz en sus hogares sin ningún tipo de asistencia médica. En situaciones críticas, se han registrado casos de mujeres que tuvieron que dar a luz fuera de los hospitales al negarles la entrada por falta de un acompañante masculino.
De acuerdo con la World Health Organisation (WHO), esto ha provocado una alarmante mortalidad materna e infantil con una cifra de 24 muertes diarias de madres y 167 niños en el país por causas prevenibles asociadas al embarazo y al parto, manteniéndose una tasa de mortalidad materna de aproximadamente 521 muertes por cada 100,000 nacimientos vivos.
Con más de 2.6 millones de niñas privadas de la educación secundaria, y el veto total a los estudios médicos superiores para mujeres, no habrá una nueva generación que reemplace al personal actual. Al retirarse las profesionales vigentes, las mujeres quedarán completamente privadas de asistencia médica, y esto está empezando a tomar forma.