La fábrica de lo seguro: Por qué Hollywood le teme al riesgo y se aferra a las mismas caras.
El año pasado decías que veías a Pedro Pascal en todo. Este año pasa lo mismo con Zendaya y Robert Pattinson.
La industria cinematográfica estadounidense se ha vuelto cada vez más aburrida y cobarde. Ya no solo le apuestan a las mismas historias sino a las mismas personas. Dicen que lo que más importa en Hollywood es hacer dinero. En parte, es cierto. Sin embargo, hay algo que importa más en ese lugar qué hacer dinero y es no perder dinero. Bajo esa lógica, quien genera ganancias en la taquilla se le pone en un pedestal y se le coloca una estrellita hollywoodense en la frente por bien portado, y quién pierde dinero es despedido. Es un sistema que intrínsecamente es adverso al riesgo.
Miedo al fracaso (económico)
Por eso vemos tantas secuelas y spinoffs. Walt Hickey, ganador del Premio Pulitzer y autor del libro “You Are What You Watch: How Movies and TV Affect Everything” hizo un estudio sobre la taquilla estadounidense y aseguró que en años recientes “el 46 por ciento de las películas sin una franquicia previa recuperaron su presupuesto en Estados Unidos, en comparación con el 66 por ciento de las secuelas. Esa cifra alcanzó el 77 por ciento para los spin-offs y el 58 por ciento para los remakes”.
El miedo al fracaso en taquilla ha destruido la capacidad de Hollywood no solo de apostar por historias originales sino también para crear nuevas estrellas de cine. En lugar de ir por talento emergente y construir carreras desde abajo, los estudios buscan caras familiares, delante y detrás de la cámara.
Las mismas caras
Hollywood ya no apuesta por la frescura. Ni en sus historias ni en las personas que contratan para dar vida a esas historias. Su star system está conformado principalmente por adultos de 40 años o más. Pedro Pascal, Robert Pattinson, Robert Downey Jr., Tom Cruise, Brad Pitt, Anne Hathaway. Las mismas caras que, a diferencia de unos años, ya no suelen protagonizar historias originales. Y no, nadie niega su talento, pero, ¿no hay más actores? ¿Por qué vemos a Pascal en todas las películas?
Pascal salió en tres de las películas más comentadas del 2025 (Amores materialistas, Eddington y Los cuatro fantásticos). En 2026, Pattinson protagoniza cuatro filmes relevantes (El drama, La odisea de Christopher Nolan, Primetime y Duna: parte tres de Denis Villeneuve. Hathaway también tiene un año activo. Estelarizó Mother Mary de David Lowery, el éxito El diablo viste a la moda 2, La odisea, El fin de la calle Oak y Verity.
Sería injusto decir que Hollywood no tiene estrellas más jóvenes. Ahí están Timothée Chalamet, Zendaya y Tom Holland. Sin embargo, no hay mucho más. Son las mismas caras de los últimos 10 años. Este año, Tom Holland y Zendaya protagonizan dos de las cintas que disputan la cima de los ingresos de taquilla para 2026: La odisea y Spider-Man: un nuevo día. Una película será estrenada dos semanas después de la otra. Estelarizadas por las mismas personas, que, además, resultan ser pareja en la vida real.
Ya no es el Hollywood de antes
¿Dónde quedó ese Hollywood más arriesgado? Para Seth Rogen, eso quedó en atrás. En entrevista con The New York Times, el actor, escritor, director y productor afirmó que Hollywood se ha vuelto “100%” adverso a los riesgos. Para ilustrar su punto, utilizó el ejemplo de la exitosa comedia Supercool (2007), protagonizada por los en ese entonces desconocidos Jonah Hill, Michael Cera y Emma Stone.
“Cuando hicimos esa película, compraron nuestro guión, dijeron que tendría un presupuesto de 20 millones de dólares, que el rodaje comenzaría ese mismo año y que se estrenaría en agosto del año siguiente. Eso fue todo […] Nosotros elegimos el reparto, encontramos un director, rodamos según su calendario y estrenamos la película en la fecha que ellos escogieron”, comentó el ganador del Emmy. “Eso jamás ocurriría hoy en día. Ningún estudio compraría un guión, le pondría fecha de estreno, elegiría el reparto y la rodaría”.
El actor de películas como Ligeramente embarazada y Siempre hay tiempo para reír aseguró que ahora todo tiene que estar “acomodado” antes de filmar una película. Se debe contar a priori con un director o directora que ya sea conocido o conocida. Los actores y actrices deben tener ya cierta fama (algo que no ocurrió en Supercool).
El propio estudio ya te impone las fechas de grabación y estreno. Rogen también dijo que ya no escogen a los actores con base en su talento o si son los indicados para el papel, sino por cuánto dinero podrían recaudar en taquilla. Las exigencias de rentabilidad han relegado a un segundo plano el descubrimiento de nuevas estrellas.
¿La fórmula falló?
Este año ha sido peculiar para Hollywood. Dos de sus más grandes éxitos fueron dirigidos por jóvenes de 20 años que salieron de YouTube: Obsesión, de Curry Baker, y Backrooms, de Kane Parsons. Estas dos películas le ganaron en taquilla a El Mandalorian y Grogu, una secuela de una serie que era un spinoff-secuela de Star Wars que, coincidencialmente, fue protagonizada por Pedro Pascal. Un caso no hace la regla, pero tal vez la fórmula de no hacer películas originales y que sean protagonizadas por Pedro Pascal ya está muy gastada.
Una industria volátil
No todo está perdido para quienes le apuestan a la falta de originalidad y caras nuevas en Hollywood: El diablo viste a la moda 2 fue un hit. La cinta lleva recaudados $608 millones de dólares a nivel mundial. La exitosa secuela logró cifras históricas, superando en tiempo récord el total de $326 millones que acumuló la cinta original en 2006. Por cada Mandalorian hay una Miranda Priestly.
Sin embargo, el modelo no parece ser sostenible. La irrupción de los directores de YouTube lo demuestra. Las audiencias están buscando nuevas historias contadas por nuevas personas. Tal vez al ver lo que han logrado películas como Obsesión y Backrooms pueda empujar a los ejecutivos de Hollywood a tomar más riesgos.
Al preguntarle a Rogen sobre estos éxitos, el actor respondió: “creo que, por definición, es una industria volátil. La característica que define a Hollywood, según mi experiencia, es que cada pocos años se produce un cambio radical. Menos mal que no es mi trabajo involucrarme demasiado en estas tendencias. Puedo mantenerme al margen, somos conscientes de ellas y nos dejaremos llevar por la corriente si encaja con nuestras ambiciones creativas”.