El caso Adidas-Someone Somewhere y la cobertura del NYT: ¿un ejemplo de whitewashing corporativo?

En un pequeño y pintoresco municipio ubicado en la región de la Sierra Norte de Puebla, con apenas 9.000 habitantes, conocido como Naupan, se encuentran las más de 150 artesanas que participaron en una iniciativa presentada por Someone Somewhere, en colaboración con Adidas, de bordar a mano una colección de playeras que vestirá a la selección mexicana en la Copa del Mundo 2026. Sin anticiparlo, se han convertido en las protagonistas de un debate en redes sociales.

Un artículo de The New York Times titulado ‘¿Artesanía o explotación?promete ofrecer una postura neutral y una lectura diferente al tema que inició la activista y promotora cultural Luz Valdez a través de sus redes sociales hace unas semanas sobre las condiciones en las que se encuentran las mujeres artesanas y los detalles turbios de esta colaboración. Spoiler: no es ni neutral ni ofrece nueva información.

@luzvaldezmx¿Que piensan de todo esto? Nota : Lo que existe en Naupan es IMSS- Bienestar , que es para las personas que no tienen Seguridad social , el IMSS queda a 40 minutos , aunque si Someone Somewhere de verdad quería ayudar y tenerlas bajo la legalidad bien pudo apoyar a las artesanas contratadas a realizar el trámite , el traslado a Huauchinango no es complejo .♬ sonido original – Luz Valdez

A diferencia de lo que menciona el periodista Jack Nicas, no todo se trata de una historia positiva. A lo largo del reportaje, utiliza una estructura narrativa que entierra todos los datos duros que se han señalado en el último mes: las malas condiciones en las que trabajan las artesanas, con horarios rígidos, mobiliario inadecuado (ni siquiera pudieron ocultar en los visuales las sillas de niño de primaria en las que las tienen trabajando), obviamente sin seguro social (IMSS) ni prestaciones de ley, y por supuesto, el bajísimo salario de alrededor de 25 a 36 pesos mexicanos por hora. 

Respecto a ese último punto, dedicó un párrafo para desmentir este dato después de corroborar con Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere: “Con la condición de que no publicáramos cifras detalladas, me mostró las nóminas de 9 mujeres que indicaban que todas ellas recibían salarios por hora superiores a 36 pesos. La mayoría también recibía bonos por eficiencia, tareas administrativas, capacitación de sus compañeras y por trabajar en días concretos”, así declaró Nicas.

Pero algo que no se molestó en verificar fueron las leyes mexicanas en relación a las prestaciones laborales. “Cuando Jack Nicas me contactó, de verdad pensé que sería un artículo neutral, hasta que empezó a decir que las artesanas se notaban contentas y cuando le empecé a cuestionar si sabía que lo que estaba denunciando era el tema de las prestaciones laborales, que en este país es ilegal no darles, y es a lo que me refiero con explotación en mis videos, me comenzó a decir que no sabía esto. ¿Cómo vas a investigar un caso de explotación sin conocer el marco legal laboral del país del que estás hablando?”, declaró Luz Valdez al respecto. 

La Ley Federal del Trabajo señala que una prestación de servicios contempla un contrato por tiempo determinado. En este caso, fue un trabajo de 1 año entero sin contrato, sin prestaciones ni otros beneficios. Cabe destacar que la subcontratación de personal (outsourcing) está prohibida en México.

Un reportaje de Imagen TV evidenció que las artesanas llevan ocupando un espacio público para realizar su trabajo (la Casa de la Cultura del Ayuntamiento), tienen checador y firman su entrada y salida. A diferencia de lo que Jack Nicas menciona, que ellas podían retirarse cuando quisieran, Imagen TV sí incluyó una imagen en donde se aprecia a ver el horario del taller. Someone Somewhere decidió no responder a estas declaraciones. 

La empresa mexicana Someone Somewhere se presenta como “un puente entre las comunidades rurales y el mundo de la moda”. Desde hace más de una década, sus fundadores, quienes al momento eran unos estudiantes del Tec de Monterrey, realizaban un voluntariado en la Sierra Norte de Puebla. Fue ahí donde se formalizó el primer contacto, y el resto es historia. 

La otra cara de la moneda son las mujeres artesanas. Por un lado, el medio internacional se jacta de ser el primero en visitar Naupan y en hablar con ellas. “A pesar de los innumerables artículos publicados en la prensa mexicana, la mujer nahua que nos abrió la puerta del taller de un solo ambiente nos dijo que éramos los primeros periodistas en visitarlo”, describe Nicas en el artículo, y alardea unas cuantas veces más durante todo el texto. 

Es ahí donde encuentra su oportunidad. Si todas las mujeres con las que habló (25 de 150, según él) se muestran contentas, niegan que están siendo explotadas y agradecen la oportunidad de trabajar en esas condiciones, ¿entonces cuál es el problema? O a sus ojos, ¿quién es el problema?

Nada más ni nada menos que Luz Valdez. A pesar de que la historia publicada en NYT tiene como objetivo “verificar” los datos que Valdez soltó, presenta un sesgo enorme contra ella. Tan solo sus declaraciones al inicio del artículo revelan mucho: “Durante las últimas semanas, Valdez ha estado destrozando a Adidas y Someone Somewhere.” ¿Una activista e influencer mexicana con alrededor 1,3 millones de seguidores en TikTok e Instagram destruyendo a una empresa multimillonaria cuyas acciones crecen cada día más? Algo no cuadra aquí. 

Cabe mencionar que Luz sí fue entrevistada por el mismo Jack. Incluso, le compartió testimonios, fuentes y contactos de artesanos y ex trabajadores de Someone Somewhere. Sin embargo, lo que hizo fue utilizar la información a su conveniencia para la historia que quería contar. 

Hasta el mismo artículo incluye un testimonio anónimo que revela ganar solo 12 pesos mexicanos por hora y hasta 8 horas por la elaboración de una camiseta, pero Jack lo justifica y minimiza bajo una declaración de Nuño, y con los otros 4 testimonios positivos de las mujeres artesanas. 

Pero que las artesanas no denuncien como tal una “explotación” dentro del ambiente laboral no significa que no sea el caso. El mismo reportaje de Imagen TV hace énfasis en esto al platicar con una artesana: ella misma no sabía el significado de explotación hasta que conoció su situación.

Rosangela Fernández, abogada y experta en moda, declaró lo siguiente: “Cuando el patrimonio es colectivo, utilizar testimonios individuales para cerrar el debate jurídico resulta, por lo menos, metodológicamente insuficiente. El periodismo también elige qué preguntas hacer, y aunque las artesanas disidentes no formaron parte del reportaje —aún teniendo sus datos y testimonios— la fractura al tejido social es imposible de ocultar”.

No sorprende mucho que un medio como NYT reduzca este problema en una nota tendenciosa y con un sesgo bastante claro. Históricamente, la línea editorial ha mostrado un sesgo pro-Israel, y ha minimizado o enmarcado negativamente la lucha palestina, ha sido acusado de defender los intereses de las élites corporativas y del gran capital, y suele mantener una postura conservadora o favorable al mercado en cuestiones económicas e intervenciones geopolíticas. Y cuando se trata de México, tiende a ser muy reduccionista. 

A Jack Nicas no le gustó que lo señalaran como vendido, ¿pero si este reportaje no se trata de un lavado de imagen a Someone Somewhere, entonces qué es? Porque cuando un trabajo está del lado de las grandes empresas y desestima los hechos, deja de ser un artículo periodístico y pasa a convertirse en publicidad. 

Las colaboraciones éticas son posibles, pero definitivamente esta no es una de ellas.

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