El cuento de la mujer inconsciente: De la fantasía en la cultura pop a la violencia en la vida real
El patriarcado está obsesionado con mujeres fáciles de administrar: que esté emocionalmente disponible, que sea útil pero no lo suficiente para molestar, que no amenace con incomodar tu realidad y que pueda ser moldeada a tu gusto. Ni siquiera tienes que esperar a su autorización, ni tiene que estar consciente, basta con que exista solo para ti.
La cultura patriarcal ha reproducido durante décadas un imaginario de mujer inconsciente. Antes, se presentaba como romanticismo, en donde el príncipe encantador rescataba a la mujer inconsciente y la salvaba con un beso sin su consentimiento. Ahora, una gran parte de la cultura pop gira alrededor de este fenómeno, pero no para replicarlo, sino para cuestionarlo.
¿Quién es la mujer inconsciente?
La mujer inconsciente es aquella que carece de agencia sobre su propia existencia, aquella que espera a ser elegida para que su vida tenga un propósito, aquella que no tiene un pensamiento propio.
En los cuentos clásicos y en la cultura popular, este arquetipo se manifiesta a través del imaginario de la mujer pasiva, casi hasta ideal, pero en la vida real esto se traduce a ser literalmente una víctima de una situación de violencia.
Esto forma parte del colectivo imaginario patriarcal. Es decir, muchas veces esta lectura nos ha orillado a romantizar, fantasear o “desear” la sumisión (incluso llegando a hacer apología a la cultura de la violación). Sin embargo, no es un deseo autónomo, es un producto del condicionamiento masculino. Y eso es resultado del patriarcado.
Sus diferentes representaciones en la cultura
El ejemplo más claro empieza con una historia de Disney. Puede aplicar para La Bella Durmiente o Blancanieves, en donde es representado el inconsciente colectivo de mujeres que esperan ser rescatadas, careciendo de completa agencia sobre su propia existencia o toma de decisiones.
Pero antes de que Disney dibujara a una princesa dormida, los filósofos ya habían trazado el boceto. El término también se utiliza para describir configuraciones históricas de lo femenino en respuesta a corrientes de pensamiento. Por ejemplo, el filósofo Arthur Schopenhauer analiza la feminidad como algo externo y despojado de una voluntad consciente propia. Para Schopenhauer, la mujer es esencialmente otro elemento teórico vaciado, que simplemente acompaña su pensamiento filosófico, pero no participa voluntariamente.
Y esto lo hemos visto repetidamente en historias de Hollywood, en donde el personaje femenino solo existe para darle sentido al personaje masculino. Sin una voz, sin una voluntad propia, solo un cuerpo. Pero la cultura pop no inventó a la mujer inconsciente, simplemente la heredó.
De la fantasía en la cultura pop a la violencia en la vida real
Pero el cuento de la mujer inconsciente no es un personaje de ficción, en realidad somos todas. Un caso que sacudió al mundo y que simboliza este arquetipo en la vida real es el caso Gisèle Pelicot, la sobreviviente de violencia sexual que fue drogada por casi una década por su propio esposo mediante fármacos para ser agredida sexualmente por decenas de hombres.
Su caso fue un parteaguas para hablar de la violencia sexual, y redefinir conceptos como autonomía y consentimiento, lo cual ella no tuvo hasta llevar el juicio en contra de Dominique Pelicot, su ex esposo y el autor del crimen.
En los medios, en la cultura y en la vida real, el cuerpo femenino siempre es diseñado para ser visto, consumido y manipulado. Pero cuando la mujer que habita ese cuerpo desarrolla complejidad, cuando piensa por sí misma, cuando se expresa y tiene agencia, deja de funcionar.
La mujer no es inconsciente porque quiere, es inconsciente porque está diseñada para serlo.