¿Qué pasa en el estrecho de Ormuz y por qué podría poner en riesgo el tráfico de internet a nivel mundial?
Históricamente, el estrecho de Ormuz ha sido un puente para conectar empresas, mantener en funcionamiento servicios en línea esenciales y transportar la gran mayoría del tráfico de internet. Sin embargo, desde finales de febrero de 2026, tras el ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, se anunció el cierre total del paso, provocando inestabilidad económica y política a nivel mundial.
¿Qué está pasando en el estrecho?
Desde el 2 de marzo de 2026, Irán bloqueó el tránsito por el estrecho de Ormuz, reduciendo el tráfico marítimo en un 95%, pese a que el estrecho es la vía por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que se consume en todo el mundo.
Esto ha provocado un aumento masivo en el precio de los combustibles a nivel global. Incluso países como China, que compra el 90% del petróleo iraní, han tenido que implementar semanas laborales reducidas y home office para conservar energía.
Sin embargo, la amenaza no acaba ahí. Bajo las aguas del estrecho de Ormuz, se encuentran unos cables submarinos que transportan tráfico de internet, datos financieros y servicios en la nube entre el Golfo, Europa y Asia, y son un punto estratégico vulnerable hasta el momento.
¿En qué consisten estos cables submarinos que están en riesgo?
Aunque a menudo imaginamos el internet como un universo intangible, su funcionamiento depende de los cables submarinos que yacen en el fondo del océano mediante infraestructuras físicas esenciales, compuestas por fibras ópticas o cables eléctricos, lo que permite la transmisión masiva de datos y energía entre países y continentes.
Para resistir las condiciones del fondo marino, estas hebras están envueltas en múltiples capas de plástico, alambre de acero, cobre y nylon. Algunos cables modernos incluyen una capa de acero para protegerlos contra las mordeduras de peces o tiburones.
En todo el mundo, estos cables transportan aproximadamente el 99% del tráfico de internet, y son fundamentales para los servicios en la nube (como AWS), transacciones bancarias internacionales, telecomunicaciones, comercio electrónico, plataformas gubernamentales y redes logísticas.
De igual manera, países como los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han invertido miles de millones en inteligencia artificial que depende totalmente de estos cables para la transmisión ultrarrápida de datos.
A través de la agencia de noticias iraní Tasnim, afiliada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), se ha señalado que el daño simultáneo a varios cables, ya sea por accidente o acción deliberada, podría desencadenar graves cortes en toda la región.
Una combinación de factores físicos, geográficos y geopolíticos
A pesar de que los cables tienen capas protectoras de acero y plástico, no suelen ser más anchos que una manguera de jardín, por lo que siguen siendo vulnerables a daños físicos.
En una zona de operaciones militares, la mayoría de las rutas se concentran en canales omaníes muy estrechos, por lo que, si los buques resultan dañados, pueden quedar a la deriva y arrastrar sus anclas, cortando los cables en el fondo marino, algo que ya ha sucedido en la misma región. Actualmente, solo existe un buque de reparación posicionado dentro del Golfo para atender a toda la región si el estrecho de Ormuz se vuelve inaccesible.
De igual manera, las reparaciones requieren barcos altamente especializados que deben permanecer estáticos durante semanas para trabajar, lo que los convierte en “objetivos vulnerables” en zonas de combate. Además, la reparación puede verse impedida por la presencia de minas navales o la dificultad extrema para obtener permisos de entrada a aguas territoriales durante un conflicto.
Falta de alternativas
Según expertos, la situación es crítica porque no hay forma de sustituir esta capacidad rápidamente. Por un lado, no se puede recurrir a los sistemas satelitales porque no pueden manejar el volumen de datos de las redes submarinas. Y por otra parte, las alternativas por tierra son insuficientes para el tráfico actual y también son susceptibles a conflictos regionales.
El estrecho de Ormuz ha dejado de ser simplemente una ruta de petróleo: hoy es también un punto de quiebre digital, que Irán puede presionar para desestabilizar la conectividad digital global cuando le convenga.