Rediseñar la salud: el nuevo espéculo que sí escucha a las mujeres
Durante más de un siglo, millones de mujeres en el mundo han tenido que someterse a exámenes ginecológicos con un instrumento que, lejos de ser neutral, ha sido fuente de ansiedad, dolor y desconfianza: el espéculo vaginal.
Diseñado originalmente por hombres y sin mayor evolución desde el siglo XIX, este dispositivo médico ha pasado por alto las necesidades emocionales y físicas de quienes lo utilizan. La normalización del malestar en la consulta ginecológica es, en sí misma, un síntoma de un sistema médico que históricamente ha priorizado la eficiencia clínica por sobre el bienestar integral de las pacientes.
El primer cambio en 150 años
El espéculo vaginal fue creado por un hombre, James Marion Sims. Era tiempo de cambio y dos ingenieras de la Universidad Técnica de Delft de Países Bajos, crearon “Lilium”.
Se trata de Tamara Hoveling y Ariadna Izcara Gual, quienes al momento de rediseñar el aparato tomaron en cuenta las propias incomodidades que como mujeres han vivido a la hora de una cita ginecológica; con este contexto saben que la salud de las mujeres está en desventaja cuando por miedo al espéculo piensan si quiera en agenda una revisión.
Con dos piezas en lugar de nueve, también se volvería un instrumento médico con más ventajas sobre el ya existente de hace 150 años.
Además, el diseño considera la privacidad y autonomía de la paciente, permitiendo una colocación más respetuosa y menos invasiva. Este tipo de detalles no son “lujos”, sino condiciones mínimas para un ejercicio digno del derecho a la salud reproductiva.
El surgimiento de proyectos como Lilium, que no sólo apuntan a mejorar la experiencia de las mujeres en el ámbito médico, sino que cuestionan las bases de una medicina históricamente androcentrista. El rediseño de un instrumento no cambia por sí solo el sistema, pero sí abre la puerta a repensarlo desde lo más cotidiano.