Los 10 museos raros, bizarros e imperdibles en México que rompen con todo lo tradicional

Olvídate del arte virreinal, los códices prehispánicos y las esculturas de yeso. Si lo tuyo es el morbo, la extravagancia o simplemente te da flojera la solemnidad museística, México tiene opciones tan raras como entrañables. Porque aquí también se celebra la Semana Internacional de los Museos con cera, taxidermia y objetos que nadie pidió preservar… pero que ahora no queremos soltar.

Museo del Perfume (CDMX): nostalgia embotellada

En pleno Centro Histórico, este museo es un festín para la nariz y la memoria. El MUPE resguarda más de 3,000 frascos de perfumes antiguos y modernos, muchos de ellos de marcas desaparecidas. Huele a abuela, a primera cita y a comerciales de los 90. Es un viaje sensorial que mezcla el glamour, la publicidad y los recuerdos más kitsch del tocador.

Museo de las Momias (Guanajuato, Gto.): la muerte no perdona la pose

Este clásico del turismo extraño mexicano tiene todo: cuerpos deshidratados, gestos congelados de dolor, bebés momificados y hasta… ¡un rincón para momias desnudas! Hay quien lo considera una falta de respeto; otros, una joya cultural. Lo cierto es que el Museo de las Momias de Guanajuato no deja a nadie indiferente. Ni vivo ni muerto.

Museo del Mole (San Pedro Cholula, Puebla): un altar al antojo

Sí, el mole tiene su propio museo. El Museo del Mole Poblano combina historia culinaria, recetas de convento y hasta una línea del tiempo de moles regionales. Hay piezas con más de 100 años de antigüedad… aunque, por suerte, no son comestibles. Aquí, el hambre es parte de la experiencia museográfica.

Museo de la Medicina Mexicana (CDMX): doctores sin filtro

Dentro del antiguo Palacio de la Escuela de Medicina, este museo conserva instrumentos quirúrgicos del siglo XIX, pósters de enfermedades venéreas, modelos anatómicos de cera y frascos con fetos humanos. El realismo crudo de sus salas es tanto educativo como perturbador. No apto para estómagos delicados.

Museo del Juguete Antiguo (CDMX): caos, plástico y nostalgia

Una joya del caos visual. El MUJAM alberga miles de juguetes, robots, luchadores, máscaras, peluches, anuncios y objetos pop de todo el siglo XX. Más que un museo, parece el cuarto de un acumulador con muy buen gusto. Cada pasillo es un rincón de infancia y desorden colorido.

Museo de las Relaciones Rotas (CDMX): recuerdos que duelen

Basado en el concepto original croata, este museo llegó al Centro Histórico para recordarnos que el desamor también se archiva. Cartas, objetos cotidianos y hasta test de embarazo donados por exes componen esta colección emocional. El Museo de las Relaciones Rotas es tan terapéutico como incómodo.

Museo de la Luz (CDMX): ciencia que deslumbra

Ubicado en un antiguo edificio colonial de la UNAM, el Museo de la Luz mezcla ciencia y arte para explorar fenómenos como el color, la óptica y la energía. Con salas interactivas y experimentos que puedes probar, logra hacer que la física brille sin parecer una clase de secundaria.

Museo del Chocolate (CDMX): placer ancestral y gourmet

El MUCHO no solo te cuenta la historia del cacao desde tiempos prehispánicos, sino que además huele delicioso y tiene tienda para pecar sin culpa. Es ideal para conocer cómo este alimento fue sagrado, moneda, amuleto y hoy, producto de culto.

Museo del Enervante (CDMX): crónica narca desde el Estado

Este museo no está abierto al público, pero existe dentro de las instalaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional. Exhibe bienes incautados al narco: desde armas bañadas en oro hasta capos de cera. Su existencia genera debate ético: ¿glorificación o advertencia? Quizá ambos.

Museo Nacional de la Muerte (Aguascalientes, Ags.): más allá del susto

Este museo es todo un tratado visual sobre la relación de México con la muerte. Desde arte prehispánico hasta expresiones contemporáneas como el Día de Muertos, el Museo Nacional de la Muerte exhibe más de 2,000 piezas que celebran lo macabro con estilo y reflexión.

México es tierra de museos grandes, solemnes y gloriosos… pero también de rarezas que celebran lo insólito, lo marginal y lo cotidiano. Y si alguna vez dudaste si un perfume viejo, una momia encuerada o un peluche olvidado podía ser patrimonio cultural, aquí tienes la respuesta.

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