10 de Mayo en México: Madres buscadoras exigen a Sheinbaum romper pacto de impunidad y justicia para más de 128 mil desaparecidos
En lugar de flores, pancartas con rostros ausentes. En lugar de felicitaciones, consignas que denuncian abandono, simulación y complicidad estatal. Este 10 de mayo, Día de las Madres en México, miles de mujeres se volcaron a las calles de la Ciudad de México, encabezando la XIII Marcha de la Dignidad Nacional bajo una consigna que ya no es sólo grito de protesta, sino declaración de principios: “con el gobierno o sin él, llegaremos a la verdad”.
La movilización, integrada por madres buscadoras de todo el país —desde Coahuila hasta Veracruz, pasando por Jalisco, Guerrero y Sinaloa— expuso de nuevo la profundidad de la crisis nacional de desapariciones. Las cifras oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas superan ya las 128 mil personas, pero detrás del número hay nombres, historias y familias rotas. Hay también un Estado que, según denuncian las manifestantes, no responde ni protege, sino que perpetúa la impunidad desde sus propias estructuras.
Durante el recorrido del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia, la exigencia fue clara y directa: Claudia Sheinbaum debe romper con los pactos de impunidad. Las madres no pidieron diálogo ni mesas simbólicas; pidieron hechos: reestructuración de la Fiscalía General de la República, cese de funcionarios implicados en violaciones a derechos humanos y aceptación del informe del Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas, que documenta la práctica sistemática de este delito en México.
Lejos de atender ese llamado, el gobierno federal ha rechazado el diagnóstico internacional, negando que el Estado sea perpetrador de desapariciones. Las madres, sin embargo, señalan que no se trata solo de órdenes directas, sino de omisiones deliberadas: “Quizás el gobierno no ordena las desapariciones, pero las solapa. Es culpable por aquiescencia”.
Las críticas no se limitan al gobierno actual. Las familias acusan una cadena de negligencia institucional que se ha mantenido a lo largo de varias administraciones, donde las fiscalías permanecen sin fortalecimiento real, las comisiones de búsqueda siguen operando con recursos mínimos, y las reformas anunciadas terminan siendo maquillaje sin efecto concreto.
El dolor también cruza fronteras. Ana María Velázquez, madre de Carlos Eduardo, joven desaparecido en su intento por llegar a Estados Unidos, visibilizó el abandono de los casos binacionales. A tres años de no saber de su hijo, implora a Sheinbaum que interceda para acceder a registros forenses en la Universidad de Texas. Su súplica revela otro ángulo de la crisis: la indiferencia del aparato diplomático mexicano ante los migrantes desaparecidos en ruta.
La protesta no sólo exigió justicia por los ausentes, sino también por quienes los buscan. Casos como el de María del Carmen Morales, asesinada en Jalisco junto a su hijo, reflejan el nivel de riesgo que enfrentan las madres buscadoras. En Zacatecas, al menos 27 han sido asesinadas.
En Culiacán, integrantes de Sabuesos Guerreras replicaron la protesta colocando fichas de búsqueda en las escalinatas de la catedral. En redes, las imágenes de madres vestidas con camisetas impresas con los rostros de sus hijos se convirtieron en símbolo de la lucha. Nada que celebrar este 10 de mayo, salvo la dignidad intacta de quienes, pese al abandono, no han dejado de buscar.
A más de una década de la primera Marcha de la Dignidad Nacional, la exigencia sigue siendo la misma: verdad, justicia y garantías de no repetición. Lo que cambió fue la claridad con que las madres identifican al adversario: la impunidad sostenida desde el poder. Ya no hay cabida para reformas estéticas ni discursos vacíos. Como recordaron las manifestantes: “No somos ignorantes. No queremos promesas. Queremos hechos”.