Mitología de Prensa: Este no es un texto profesional ni periodístico

Ojalá alguien me pagara por escribir mis tonterías

Por Tercero Díaz

A menudo no sé qué estoy haciendo ni por qué. A menudo también parece que vivo a lo pendejo, pero tengo todo calculado. A menudo no tengo ningún plan, ni dios, ni amo, ni cronograma.

Soy de Mexicali, comunicólogo por la Universidad Autónoma de Baja California. Desde antes de estudiar la carrera ya sabía leer y un poco escribir, me interesaba. Conocí la foto en la universidad y desde ahí como estudiante me salí a la calle a hacer imagenes, esto me dio algunos premios nacionales, una beca en el extranjero, y otros premiecillos internacionales. Casi en su mayoría los obtuve aún cuando era estudiante. Como “profesional”, me he desarrollado más el ámbito del periodismo.


Lamentablemente, si quieres destacar en el gremio al que pertenezco, debes ganar premios. Esto para lo curricular y en cuestiones de legitimidad. Pero aclaro que hay muchxs fotógrafxs a los que admiramos y respetamos por su gran trabajo y que están en el underground, no hay grandes marcas periodísticas respaldándolxs porque no tienen grandes premios. Ganar premios como fotógrafx o escritorx de prensa no te hace buenx. Tampoco te hace mejor, solo es algo que se siente bien y que te ayuda económicamente porque nuestro trabajo esta muy precarizado. Además de que ganarlos te permite proyectar tu trabajo en otras plataformas y geografías.

Veo periodistas discutiendo sobre el esfuerzo que unx debe realizar para ganarse un espacio en el gremio y que por ello unxs son mejores que otrxs. Pero utilizan (muchxs sin darse cuenta) el término “esfuerzo” como sinónimo de soportar todo tipo de violencias laborales. En lo personal, y siendo bien honesto, jamás he sentido que me he esforzado (en el sentido correcto de la palabra) por hacer las cosas que quiero hacer; tengo desde los 13 años haciendo lo que me da la gana (pregúntenle a mi mamá) y esa conducta la he continuado hasta la fecha. Por lo que solo tuve que salir a la calle e ir a observar lo que realmente me interesaba y movía, lo que me atravesaba, lo que me obsesionaba. También por esto entiéndase que no me ha ido tan bien, no tengo departamento, bici fixi, ni buen equipo fotográfico, ni ropa de marca.

Este sin-esfuerzo me llevó a trabajar en la radio, en un medio institucional, en una agencia nacional de fotoperiodismo y posteriormente en organizaciones de la sociedad civil en el tema de derechos humanos, trata de personas, desaparición, memoria, justicia, paz, víctimas y el barrio. Actualmente trabajo en LILHA A.C., una residencia artística en San Pancho Nayarit.

He admirado a muchxs autorxs teóricxs, literarixs, músicxs, y fotográficxs, quienes han influido y cambiado mi vida. Pero jamás he dado la razón ni obedecido a alguien nada más porque lael autorx sea del gremio que sea, tenga peso y renombre. O sin ser autorxs, jamás obedezco a compañerxs nada más por las cuestiones jerárquicas. Esto último, lo he visto muy pronunciado entre mis colegas de generaciones jóvenes y aún más en lxs de la vieja escuela en la prensa. Lo entiendo, pero no comparto ese sentido judeocristiano periodístico de “picar piedra” porque según lxs “profesionales” así se inicia, sufriendo.

Quienes estamos del mejor lado de esta contienda, no pedimos sueldos y condiciones laborales favorables porque seamos flojxs o porque queramos todo fácil. Quienes actuamos diferente y pedimos un sueldo y trato justo, actuamos desde la dignidad y libertad que merecemos; no queremos replicar y perpetuar ese sistema de creencias, ideas y acciones que tienen tan jodidas las generaciones de periodistas en México.

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Entiendo que el periodismo y la foto son disciplinas con pautas específicas que han marcado la historia, modos, formas, hábitos y lenguajes propios de alguien que pertenece al gremio es lo que se espera de nosotrxs. Todo esto forma lo que llamo la Mitología de Prensa.

Defino la Mitología de Prensa como todas aquellas creencias, ideas, opiniones y acciones, normas explicitas e implícitas que han formado de manera distorsionada el imaginario colectivo de lxs periodistas que, bajo una educación idealizada, simulada y fantasiosa, se han creído sus mentiras, no conectando su discurso con su praxis periodística.

Aquí viene el costal de cuestiones hipócritas como la “objetividad”, “imparcialidad”, “democracia”, “profesional/profesionalismo”, “compromiso social”, “responsabilidad”, “ética”, entre otros asuntos varios que crean un culto y mitología de la acción periodística tanto en escritorxs como fotógrafxs de prensa.

No estoy diciendo nada nuevo ni descubriendo el hilo negro. Nada más estoy de ocioso incomodando viejxs e intenando pudrir jóvenxs. Intentando reflexionar y quedarme desnudo.

El problema con que se haga culto a esta Mitología radica en que son incapaces de reconocer que la imagen que se han producido no concuerda con sus acciones y que esta incongruencia es evidente para muchxs comunicólogxs, simples mortales del pueblo y movimientos sociales y que, por ende, rechazan a los miembrxs de la prensa. Entrevistan a fotoperiodista y repiten como merolicxs lo que se le dijo que debía ser unx fotoperiodista en estas representaciones sociales que incluye lo mencionado en el costal del párrafo anterior. Repiten tanto en las fiestas como en entrevistas lo que se espera que digan. Están desconectadxs.

Pero no, no son objetivxs, no son imparciales, no existe la democracia. Su profesionalismo no es más que un adoctrinamiento para caer bien, caer en ligero, llevarla tranqui y quitarle al periodista su principal función: pensar.

Los he observado y escuchado en entrevistas, en trabajo de campo, nos hemos bebido todos los pomos, hemos inhalado toda la cocaína… hemos pedido más para volver a inhalar. Su compromiso social es muy corto, rayando en la falsa humildad y falsa empatía, porque #MitologíaDePrensa.

Hablan de cómo debe ser unx verdaderx fotoperiodista y escritorx, sin un trabajo de base que lo respalde. Ojo, sí veo todas sus coberturas, premios y lugares hasta donde han llegado, sus muchos años de experiencia, a la que no les llego ni a los talones. No llegarles a los talones no me quita el derecho de incendiarlo todo. No es lo mismo el trabajo de desarrollo de base (en el periodismo) que años y trayectoria en la industria periodística.

Ellxs, lxs profesionales, pensarán que lxs estoy ofendiendo, pero en ocasiones son ellxs quienes me ofenden con su moralidad y su mitología, con su culto a falsos ídolxs que tienen discursos increíbles pero en la práctica se quedan cortísimxs. Lo diré sin tapujos: son una mentira. Me desacreditarán esta reflexión porque no los conozco de toda la vida, porque no tengo los años ni sus trayectorias, soy nuevo, apenas me subí a un rato a los medios desde la radio hasta el freelanceo actual. En mi defensa diré que soy consistente y que no rindo culto a la Mitología de Prensa. Basta ya de palmaditas en la espalda, complices unxs de otrxs de la mediocridad y el ego en su uso más tóxico.

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Fuente de la imagen: Revista Etcétera

Quiero reiterar que no hablo desde la soberbia, sino desde la dignidad y la libertad. Reconozco que fallo en mi práctica y técnica fotográfica, que mis textos a veces son tan caóticos que me los tienen que regresar como cien mil veces; Daniela Rea no me dejará mentir (perdón por esos textos Daniela y gracias por tu paciencia y enseñanza). Quiero aclarar que mi satisfacción no es porque me crea chingón por mi trabajo, ni tengo el trabajo suficiente como para jactarme de ese modo, estaría cayendo en lo mismo que critico de quienes se la creen por la incipiente chamba; unas fotos, un texto, publicaciones en medios… No, de ahí no proviene mi satisfacción. Todo trabajo que he realizado no ha sido porque sea heróico o un súper periodista, he realizado mis trabajos gracias a las personas de las historias, gracias a que ellxs me han abierto las puertas, me han dado la confianza y oportunidad de ver sus alegrías y desgracias. Sin ellos unx no hace nada.

Mi satisfacción y dignidad vienen de una arraigada forma de ir andando por la vida, ir siempre acorde a lo que creo, desobedeciendo al patrón sea quien sea, yendo por lo que me parece correcto. Porque al final, no son más que patrones y no son más que trabajos. La satisfacción que me impulsa a opinar sobre el tema viene de saber que el periodismo y los medios no son objetivos y no solo de saberlo sino también de vivir la diferencia. Mis trabajos han sido significativos porque son honestos. De la honestidad viene mi fuego. Agradezco a lxs periodistas honestxs que desde sus rincones hacen lo mejor que pueden. Todxs ellxs me han motivado en cada momento, agradezco a quienes me enseñaron a vivir la diferencia.

Cuando en su Mitología se me decía que no debía publicar opiniones ni aspectos de mi vida personal en redes sociales porque trabajo en medios y sea como sea soy un representante de ese medio, yo pregunto ¿Hasta qué nivel de deshonestidad con ustedes mismxs quieren llegar y a cuanta Mitología de Prensa se van acostumbrar?… Y claro, ahí voy yo a publicar mis pendejadas, riéndome de todo y siendo un usuario abiertamente declarado de psicoactivos; una postura política que entiendo no todos tienen que asumir.

Cuando por mi aspecto se me hacían comentarios de que no soy periodista, que yo no’mas ando jugando, que no soy serio, decidí reafirmar mi camino y seguir adelante; más tatuajes, renuncias, violencias laborales, me cerré puertas, perdí respeto, amistades del gremio y no tengo muchos conocimientos que muchxs colegas sí tienen respecto a equipos, técnica, información. Pero como les dije más arriba, jamás obedezco a nadie basándome en las jerarquías, menos si su actuar no es congruente. También gané muchísimo, experiencias, aprendizaje significativo y amistades profundas, estas dos últimas son lo que más me importan en la vida desde hace algunos años.

Escribo este texto porque mi gremio me resulta risible. No estoy de acuerdo en que sean amigxs de la fuente, de lxs policías, que le hablen al diputado, senador y presidente como si fuera algo aparte de nosotrxs, como si fueran importantes. Porque no estoy de acuerdo que tengan toda esa complacencia y se nombren y se proclamen “objetivos”, “imparciales”, “responsables” y “profesionales”.

Hay todo un abanico de posibilidades desde donde replantearnos el periodismo.

No estoy de acuerdo que sean periodistas, fotoperiodistas y comunicológxs y no quieran criticar su gremio, sus acciones y a los medios para los cuales trabajan. Soy comunicólogo y por lo tanto mi papel es observar y criticar la cultura, la comunicación y los medios. Mi papel no es narrar y pensar desde una falsa objetividad donde se complace al patrón por cuestiones políticas y económicas. La crítica y un mejor desempeño deberían ser nuestra jugada, nuestra principal labor. En cambio, lxs “profesionales” prefieren defender el gremio a capa y espada.

Es una obviedad que no soy objetivo, eso es “un invento del dinero, libertad de prensa es libertad del anunciante” (decía Sin Dios, una banda anarcopunk de origen español de los noventas), y desde esos parámetros tampoco soy un profesional. Prefiero mis estoperoles y tatuajes en mi carita hermosa, que una chamarra Northface y reproducir el discurso oficial creyéndomelo. Discurso planteado y reforzado desde la formación académica y posterior en el ámbito laboral.

No quiero que se me mal interprete y me lean como si mi postura fuera que todxs están mal menos yo, o que no necesité a mis compañerxs para aprender a trabajar y hacer las pocas coberturas que he realizado. Los necesité, les sigo agradecido, pero no les debo lealtad, complicidad ni silencio ante sus formas complacientes, cómodas e hipócritas.

Esto que escribo es para quienes en silencio y por cuidados mitológicos, no dicen lo que están pensando y saliendo de su sala de redacción, se van a casa y a las fiestas repitiendo el discurso hegemónico. Esto es para quienes tienen ese viaje de que la “forma correcta” es esa ilusión “profesional”. Es para quienes me han dicho que soy un flojo y drogadicto y después me piden que les consiga droga; la diferencia entre ellos y yo, es que ellos se drogan en un baño a escondidas, y yo no. Esto es para quienes hacen su trabajo sin ser empáticos, sin entender las otras realidades pero hacen post en Instagram y Facebook como si entendieran la otredad. Es para quienes se creyeron esa Mitología de Prensa y para quienes no la creyeron pero decidieron vivir en ella porque “es su trabajo”.

Esta reflexión es porque nosotrxs lxs de las comunicaciones, tenemos todo que mejorar, tenemos mucho en qué esforzarnos, tenemos una gran deuda con el periodismo y sobre todo con la sociedad. Hago esta reflexión porque de seguro el 8M del 2021 hombres de la prensa después de ser invasivos en un espacio al que no fueron convocados, y que por su falta de empatía y machismo, dirán cosas como “esto es vía pública, estoy haciendo mi trabajo”, y luego irán a llorar en redes sociales. Porque seguro muchxs miembrxs de la prensa la próxima protesta donde haya acción directa, dirán que “la violencia no es la solución”, sin haber leído un libro que les explique la cuestión de la acción directa, la protesta y las estrategias del Estado para que piensen de ese modo, moral, alienado y unidimensional. Dirán a título personal como opinión propia (que no tiene nada de propia) que “esas no son las formas”… tenemos un camino por repensar, pero la neta a mí no me hagan caso, estoy amanecido tomando una cheve caliente e inhalando meta.


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