Breve poetografía de Francisco Hernández


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El poeta Francisco Hernández recibirá la Medalla Bellas Artes 2016 el martes 22 de noviembre a las 19 hrs. en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

A continuación presentamos una breve poetografía del autor de Moneda de tres caras.

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Bajo el sol meridiano

Este sueño comienza con un gesto imposible,

con un acto de fijas claridades:

alguien corta de tajo mi oreja derecha

para deslizarla por los labios abiertos

_____

_____

de tu vulva jugosa.

La oreja es un acantilado por donde resuena el mar

de tus adentros.

Habitada por olas, desconoces la paz del abandono.

En las escamas de tu espalda, la oreja

traza racimos de laberintos rojos.

La punta de tu lengua la hace girar como hélice

que a ningún cielo escapa.

Los perros, entre aullidos, la confunden

con dura flor de piel.

Para vivir en celo la destrozan.

En tiempo de ventisca percibe los galopes del camino,

arde junto a los cirios,

se purifica hasta convertirse

en la primera nota del derrumbe.

Sin cesar, la oreja vigila mi sueño

más el gesto imposible que lo anima.

Cuando despierto le brotan plumas de jilguero

y vuela derritiéndose bajo el sol meridiano.

**

¿Cuánto pesa un caballo?

Cargar un caballo, echárselo a la espalda,

esperar sus órdenes, cruzar una colina

de vuelta de la guerra.

Un caballo pesa más que un planeta:

el planeta no piensa ni tiene olfato para marcar fronteras.

¿Cuánto pesa un hermano

de nuestra sangre?

¿Cuánto pesa si una silla lo cansa, si un

sable lo somete, si unas flechas lo encaminan

a un fondeadero sin reposo?

El equino fija su mirar en un sitio

indeterminado de la colina.

Sabe que su dueño llegará a los prados.

Ha perdido las herraduras traseras,

pero la brida lo mantiene sereno,

muerto viviente bajo el poder de las nubes.

Las hierbas se empequeñecen. Crecen los cuernos

del casco del guerrero.

¿Nacimos para echarnos caballos a la espalda?

Lo contrario solo se explica al conocer el peso

de nuestra soberbia y lo inútil de nuestra prisa.

(El cuadro lo pintó Hokusai.

El nombre del guerrero es Hatakeyama Shigetada.

El corcel parece sonreír al recordar su apodo:

“Acróbata seguidor de mariposas”.) ~

**

 

De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios

 

Podría ser que la música y la poesía fueran una misma cosa, o

tal vez dos cosas que se necesitan mutuamente como la boca y

el oído, pues la boca no es más que un oído que se mueve y

que contesta.

Novalis

Miro la música de Schumann

como se ve un libro, una moneda

o una lámpara.

Ocupa su lugar en la sala situándose,

con movimientos felinos,

entre el recuerdo de mi padre

y el color de la alfombra.

De pronto, pájaros muertos

estrellan las ventanas.

Yo miro la música de Schumann

y escribo este poema

que crece con la noche:

 

I

Hoy converso contigo, Robert Schumann,

te cuento de tu sombra en la pared rugosa

y hago que mis hijos te oigan en sus sueños

como quien escucha pasar un trineo

tirado por caballos enfermos.

Estoy harto de todo, Robert Schumann,

de esta urbe pesarosa de torrentes plomizos,

de este bello país de pordioseros y ladrones

donde el amor es mierda de perros policías

y la piedad un tiro en parietal de niño.

Pero tu música, que se desprende

de los socavones de la demencia,

impulsa por mis venas sus alcoholes benéficos

y lleva hasta mis ligamentos y mis huesos

la quietud de los puertos cuando el ciclón se acerca,

la faz del otro que en mí se desespera

y el poderoso canto de un guerrero vencido.

**

 

Domingo

Me gustan los animales domésticos

de la casa de fieras de tu alma.

Tristan Tzara

 

Además de ratas, hay niños en el parque.

Yo quisiera como ellos estar bajo la claridad

y correr de un muslo a otro sin previo itinerario.

Pero estoy como las ratas, a la sombra,

y cuando muerdo

una rebanada de jícama muerdo una pequeña

mariposa blanca.

Por mi pelaje fluye la sangre mineral del bosque.

Los pájaros me ven y levantan el vuelo de un bostezo.

En el agua podrida del estanque las nubes son los restos

de algún incendio recientemente naufragado.

El calor es azul, como el domingo,

y una gran gota de sudor

cruza mi vientre recordándome el beso

de una joven muerta.

A lo lejos, los nauseabundos muros de Mixcoac

con azotados por el mar.

Estoy tan sólo, que cualquiera diría que estás conmigo.

Pasa un avión tan cerca,

que se lleva tus última palabras.

Pero aún así la ciudad es un miserable tragafuego

que impide el vuelo de las corolas amarillas.

¿En qué paramos estarás diseminando tus orgasmos?

Me río de quienes pasean a sus amantes y a sus perros

porque yo no tengo perro ni amante que me ladre.

Sudo miles de gotas de calor.

¿Caminaré al anochecer sobre las aguas frescas?

Husmeo entre los caños y me encuentro con una niña

que ha pasado toda su vida a la intemperie.

Busco en tu mirada perdida y me encuentro

con un sueño

que se insola bajo la protección de tu memoria.

Más allá de la línea del horizonte, alguien le venda el cráneo a la locura.

La libélula escapa de mis labios y eso significa

que ha llegado el momento de macerar

la carne de la mosca.

El amor es lo que estos niños felices desconocen.

Lo contrario del amor es una realidad olvidada

en lo más amoroso de nosotros mismos.

Limpio mis uñas y mi rabo en la huella que dejan los que aman.

Estoy tan solo que cualquiera diría que regresaré

a roer las entrañas de los animales domésticos

de la casa de fieras de tu alma.

Pero no.

No regresaré nunca.

Desde mi madriguera veo cómo el sol descubre los cristales de la tierra y cómo un pequeño

de cabellera oscura le arranca los ojos a un gorrión.


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