Un Nobel por llevar la literatura a la música

Cuando era niña jugaba a que componía canciones. Escribía las letras y luego las dotaba de un fatal tono pop. Mi diversión se situaba en una libreta, un lápiz y la complejidad de las palabras. Tenía 7 años y quería ser compositora.

Mi amor por las letras, por intentar disuadirlas y manipularlas vio su primer luz en el intento de escribir canciones. Tal situación me ha ido acompañando en toda degustación del arte. Me gusta lo que tenga letras, pero no simples letras, letras dominadas, bien controladas, dirigidas y colocadas en su punto exacto, hervidas en la temperatura correcta y balanceadas estratégicamente. El arte con letras impecables es mi arte favorito.

En las galerías, las obras generalmente me parecen incompletas hasta no ver el título. Para mi un artista que sabe bautizar su obra es un artista que sabe dar la pincelada final.

En cuanto a la música, me sucede igual. Soy casi incapaz de apreciar todos los elementos musicales. Para eso mi oído es sordo pero se dota de lucidez ante la letra de una canción. Pertenezco a la canción de cuerdas desafinadas con letras afinadas.

Creo que esa es la razón por la que me gusta la literatura, la puedes incluir en todo, la escabulles y la conviertes en la cereza del pastel de cualquier otro arte.

Con el premio a Bob Dylan una gran ola de opiniones conformes e inconformes se embarcaron en el tren del Nobel. Con lo que he entablado en los párrafos anteriores respecto al arte mezclado con el arte de las letras, mi opinión es simple:

Me parece brutal encasillar la literatura a los libros. Es limitante y absurdo.


Los que han criticado el seleccionado al Premio Nobel de este año 2016, limitan el premio para alguien que ha impreso sus letras en un material con portada, contraportada y prólogo. La literatura no pertenece únicamente a los libros, no es su único hábitat. Siendo así, las cartas de Gabriela Mistral (ganadora también del Nobel) no tendrían valor literario, halagaríamos sólo su poesía y sinceramente yo soy más fan de sus cartas que de su poesía. Incluso, habría que considerar que colocarle melodía a la poesía de Gabriela Mistral no demeritaría su trabajo.

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Quienes reprochan el premio a Dylan, recriminan un Premio Nobel al músico, cuando el premio otorgado a Dylan es al poeta. El premio es a su ingenio literario. Dylan llevó su poesía cargada de protesta a sus canciones pero eso no demerita el acto literario previo a la simbiosis musical.

Todo este barullo alrededor del premio al artista me parece más un homenaje (casi un recordatorio) de la majestuosidad de la literatura, un homenaje a su camuflaje. Dylan junto a su poesía llevada de la mano por melodía, tocó y esparció como polen temas de protesta, reflexión social y derechos civiles. Quizá esto abre la puerta a no sólo escuchar la música, sino también leer la música.

 

“How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling Stone”

 

Una protesta sumida en la rima. Un Nobel por llevar la literatura a la música.

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La autora es Licenciada en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad de Guadalajara.

Tw/ @franeloops


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