El futbol es bueno…pero incita a la violencia

Este post tiene la finalidad de ser la punta de lanza para investigaciones con más seriedad y carácter científico. Sin duda podemos leer esta entrega como la visión personal de un aficionado y observador del futbol, la verdad es que es eso y una hipótesis que estoy hambriento por comprobar.

Soy de los que cree que el futbol es de las mejores cosas que existe en el mundo, si detrás de muchas otras, quizá como decía Valdano, es la primera de las cosas sin importancia. Sin embargo su belleza nadie se la quita, el futbol desata una pasión desenfrenada, las pasiones son buenas siempre y cuando se controlen, la pasión por una persona lleva al enamoramiento entregado, el exceso a la obsesión y posesión, para todo hay límites, igual pasa con la comida, con el sexo, con las drogas.

El futbol desata pasiones y algunas de las razones las podemos numerar en la siguiente lista.

  • Es barato (al menos de este lado del hemisferio)
  • Provoca sonrisas (el gol es una inyección de felicidad)
  • Competencia sana (Entre equipos, jugadores y aficionados invita a tener un espíritu competitivo sano para el desarrollo humano)
  • Desarrollo humano (físico, mental, moral)
  • Reflejo de una sociedad
  • Atractivo económico

Y ahí me detengo no por falta de atributos positivos sino porque no es el tema, después hablaremos de los beneficios del futbol. Pero destacando las características anteriores podemos llegar a al conclusión de que el deporte de una pelota es buena, no tiene nada de malo. Sin embargo hay algo que sucede con la idolatría que domina nuestras mentes y nuestros sentidos, incluso nuestras aspiraciones, queremos ser lo que nuestros ídolos son. Uno de los principios de la mercadotecnia es que compramos algo influenciado por tres factores: tu pareja, tu familia y los líderes de opinión. No importa nada más, entonces la publicidad se enfoca a convencer a estos para que tu te convenzas, por eso si Messi trae unos zapatos los quieres o tu madre compra una marca de leche la compras, sin saber más. Eso mismo pasa en el futbol, cuando somos suficientemente apasionados como para idolatrar a un jugador se convierte en un influencer de nuestra vida.

Por eso cuando escuchamos lugares comunes como “los futbolistas son un ejemplo para la juventud” es que es cierto, la juventud carente de ídolos de un peso moral, histórico o artístico recurre a los artistas de los pies para convertirlos en sus máximos ídolos, no se trata tampoco de un solo jugador, se trata de idolatrar un deporte, la cultura del futbol, ir al estadio, los chismes, los rumores, los comentaristas, las conferencias de prensa, las promociones, los partidos, las estadísticas y por añadidura las broncas.

Por eso, mi principal hipótesis en el tema es que los futbolistas incitan a al violencia, casi nunca, es bueno aclarar, pero cuando lo hacen, dejan una marca para siempre, por eso son una de las figuras públicas que más deben cuidar su reputación y mantener la mente fría en el lugar donde nada está frío, la cancha. Para muestra doy algunos sustentos de mi hipótesis.

Creo que esto hubiera terminado pronto…

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De no ser por esto

Violencia futbol 1

O esto no hubiera pasado

Violencia fubol 2

Si esto no hubiera llegado a mayores

O este ataque violento y cobarde no hubiera ocurrido

Violencia futbol 3

Si la rivalidad no se hubiera llevado a otros niveles

Violencia futbol 4

Soy un asiduo asistente a los estadios de futbol, es uno de mis pasatiempos favoritos y he podido observar en tiempos recientes que la mayoría de las veces que hay bronca en la cancha los aficionados sufren una especie de transformación. He presenciado partidos aburridos en exceso donde los jugadores se empiezan a empujar y la afición despierta, grita, chifla y no se duerme ya en el resto del partido, les han dado una inyección de adrenalina, positiva o negativa, no lo sabemos.

He presenciado también broncas que pasan en la cancha y a dos aficionados con playeras distintas pelearse porque uno se puso de pie para defender al jugador de su equipo y lanzar un temerario: “pártele su madre” y a otro responder: “que se la parta al tuyo” y los dos se empujan, se pelean y salen arrestados. He visto también que por una rivalidad menor un aficionado grite: “que los maten”. Debo de confesar mi hipótesis cada vez toma más fuerza cuando voy al estadio: el futbol también provoca violencia.


Pero hay un debate oculto: el futbol es chispa y jiribilla, deporte de contacto y que en muchas ocasiones la pasión se desborda a una entrada fuerte, gritos, reclamos y empujones. Sin embargo debe existir un límite, el futbol no se hizo para violentarse. Muy atrás quedaron las épocas de las patadas voladoras de Javier Aguirre y Miguel Herrera, más en un país como el nuestro y en un contexto como el mexicano que no buscamos quién nos la hizo en el trabajo, en la calle o en un asalto sino el primero que nos la pague y puede ser en un estadio.

Por eso es fundamental que los futbolistas no solamente den buen ejemplo en la cancha sino que erradiquen actitudes violentas de cualquier tipo, lo digo por el bien del deporte, de otro tema será estudiar el asunto de las barras que también tiene cabida en esta Tercera Vía, el futbol no dejará de ser lo que es si no incita a la violencia, no dejará de apasionar e impresionar a propios extraños, pero si dejará de llevarse muertos, golpizas, cicatrices y la tranquilidad del aficionado cuando asiste a ver una de sus máximas alegrías.


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