Les importa más la pizza que tu vida: El horror de la economía del servicio

La llamada ‘gig economy’ o economía del servicio via apps como Uber, Rappi o Fiverr, puede sonar disruptiva y atractiva para sus accionistas y la prensa porrista de tecnología. La realidad es que sus valuaciones y ganancias (a la par de millonarias pérdidas dado que son servicios insostenibles y subsidiados por venture capital) son posibles gracias al esfuerzo mal remunerado de cientos de miles de trabajadores.

Mientras que Uber te cuenta en su publicidad que es una opción atractiva para aquellos que estén de ociosos en su tiempo libre, existe una parte considerable de “socios” que optaron por repartir en Eats o manejar en Didi como un ingreso completo ante la falta de oportunidades en su carrera o ubicación geográfica. Esto, pasa tanto en San Francisco, donde profesionales (incluso de tecnología) completan la renta manejando, como en Guadalajara o CDMX; no son raros los casos de personas mal aconsejadas que invirtieron lo que no tenían en un segundo coche porque oyeron que Uber los haría ricos.

El caso de Rappi y Uber Eats (o Eats, para nombrarlo de manera más sencilla) es todavía más distópico: sin seguridad social ni respaldo de algún negocio, poniendo el vehículo propio y con todo en contra. Es una entrada a la economía del servicio más barata que manejar un Uber convencional pero con mayor peligrosidad.

Un reporte en The Verge relató el horror de ser repartidor de Rappi o Eats en la CDMX; huesos rotos, empresas inhumanas, juicios imposibles de llevar en Europa y poco respaldo de dichas startups que ni siquiera generan ganancias a sus accionistas pero llegan a costarle la vida a los trabajadores mexicanos.

Justo este fin de semana, un hilo viral de la periodista argentina Yanina Otero expone la poca solidaridad de la empresa Glovo (un clon más de Eats, pero local). Pasa que al ser atropellado un repartidor de 63 años, el soporte técnico de Glovo actuó con desdén y falta de empatía al hacer de lado la situación de un ser humano atropellado para más bien preocuparse por el estado del pedido (una pizza).

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Aunque Glovo ya pidió disculpas y pasó la responsabilidad al técnico que atendió el chat (seguramente también malpagado por outsourcing), estas situaciones también se dan en Eats y Rappi si tomamos en cuenta el artículo de The Verge sobre el infierno que viven los repartidores accidentados en México.

Posdata

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1 comentario

  1. […] la que los dueños de los autos y los conductores con situación precaria y metas diarias irreales. Peor aún la tienen los repartidores de Rappi y Uber Eats, ya que los que son ciclistas/motociclistas están más expuestos a situaciones de accidentes […]

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