La obsesión por el crecimiento ó ¿cómo seguir el PND?

#EspíritusAnimales es una columna de Dario Riva Palacio (@dariorp), y Eduardo Mejía

 

Lo prometido es deuda; luego de las sesiones en Palacio Nacional el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024 el primero de mayo. No se esperaban sorpresas, y no las hubo. Da continuidad a los 3 ejes principales en los que basó su campaña: justicia y Estado de Derecho, bienestar y  desarrollo económico.

Por otro lado, el pasado jueves 2 de mayo, el  secretario general de la OCDE José Ángel Gurría dio a conocer un ajuste de la organización a la baja sobre las perspectivas de crecimiento económico en el año, en convergencia con una desaceleración de la economía global. El ajuste se explicó también por dos factores: una baja recaudación, y principalmente la baja producción y exportación de petróleo sumadas a la deuda de PEMEX.

Lo que sí sorprendió a la opinión pública fue que tanto José Ángel Gurría como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial Carlos Salazar Lomelín coincidieron en medios de comunicación con que es posible alcanzar un 4% de crecimiento promedio; incluso alcanzar el 6% a final del sexenio como sostiene el PND si se cumplen con factores como la estabilidad social, política y económica.

El siguiente paso será esperar el Plan de Negocios de PEMEX entre mayo y junio. Una reestructuración administrativa y fiscal serán la clave para suavizar las notas de riesgo en la economía nacional. Y esperar por supuesto, la implementación de los proyectos regionales.

El indicador que comúnmente mide el éxito o fracaso de una política económica es el crecimiento del PIB. Es decir el aumento en la inversión, la mejora en exportaciones, el aumento del consumo o una combinación de los anteriores. A pesar del prestigio académico y político, la limitante de este tipo de mediciones es que son completamente cuantitativas, y dejan del lado diversos componentes cualitativos humanos y ambientales.

Y es que los saldos del neoliberalismo no solo se expresan en ese indicador, sino en una sociedad que, como dice el sociólogo Zygmunt Bauman, vive el ocaso de los valores humanos; fomentando el individualismo en detrimento de las relaciones cotidianas y una tendencia a distintas formas de violencia.

En el hasta ahora llamado modelo post-neoliberal se tendrán que confeccionar nuevos indicadores que complementen la evaluación de una transición no solo económica, sino de intangibles que plantea el PND como eje transversal: igualdad de genero, no discriminación e inclusión, combate a la corrupción, mejorar la gestión pública, territorio y desarrollo sostenible.

Si bien nadie se opone a los objetivos económicos, la pregunta no solo debe hacerse en términos de crecimiento agregado, sino, además ¿cómo medir el crecimiento de la prosperidad, la convivencia social, la ética o los valores?

 

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