Valeria Guzmán #VocesVioletas

Valeria Guzmán (Puebla, Puebla, 1990). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Trabaja en el departamento de Publicaciones en el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la UNAM. Ha publicado en medios como Sin Embargo, Unidiversidad, Revista Registro, La Otra y Tierra Adentro. Tuitea y sube fotos como @quenmotoca


Quiero más las cosas que el arte

Mejor las cosas de uso

en ese museo, la silla de madera

la charola de lo mismo

el plato que brillaba con los peces adentro

los peces brillaban reflejados en mi pecho.

Miraba el espejo con flores falsas

(probablemente añadidas posteriormente)

el dibujo de ojos blancos más que los ojos ya pintados

el esqueleto con un foco en el cabello

más que los escapistas pájaros.

Terminó sus cuadros con el color adentro

pero el color ya estaba adentro.

En sus bocetos, abuela

me acordé de tus charolas

de tu cuerpo menos cuerpo

la cocina donde pasabas las cosas

con una papaya mosqueada.

Recordé la casa de Azar y sus cosas (tantas)

mamá dijo quiero lo mismo

y sus equipales sus tazas sus talaveras indubitables

qué es un tibor es carísmo es un regalo

las lámparas de Ticalli el auto que nos llevó

la nueva casa de papá

necesaria a los diez años

cómo escogió nuevos pedazos

el ónix con crema y una pared roja quemada

con una desnuda encima

de Acapulco, asegura.

Pensaban que conocía a la encuerada

del baño pensaban era mi mamá

decían los pequeños amigos hay mujeres en cueros en tu casa.

 

Escogía el perro de barro y la historiadora del arte

negaba su certificación pero yo lo amaba

escogía el búho de ala rota

por la oferta de tenerlo

(me miran y yo los entiendo).


Correctoras

Para Laura de la Torre

Todo el diseño tiraba paro

en cambio,

ambas sedentes,

buscando otra cosa que un gerundio

dijo,

cede si no está mal empleado

o busca otro acabado semejante

Coincidimos en argumentos:

Del Paso sitúa y Vargas Llosa desarrolla

regocijo flojo de encontrar la conclusión histórica

Nota al pie: tiesos y acalambrados

Más palabras, como un mantel, costura de lo hablado.

Ni los tipos móviles son nuestros: lo fijo nos responde.

Es tan insólido que a veces, preguntamos: y si ponemos un puesto, y si cortamos

un limón, y si usamos nuestras manos.

Sólo corregir un papel es terrestre. Por eso matamos la hoja: mírala, llena de tinta

roja.


El río sin orillas

Antes de pisar el río de la plata,

olerlo de lejos, nada,

Carlos quinto

ya se había robado el espejismo.

Vale nombrar la soberana

falta de indagar en el quiénvive

de quién es esta casa, pues he de ocuparla

haré que el árbol se arrepienta

de haber nacido aquí, en el cenozoico latido de la selva

y esparciré   el dulcísimo

azúcar que de aquí extraiga.

No debe hablar la otra lengua, gutural es el sonido de lo profano.

Se han de aprender los tonos, la historia nacional, el territorio y el arte de la guerra.

¡Ego sum qui sum! el ansia me desborda, el sueño es tan cercano como el oro que cuelga de tu pecho, hermano bastardo.

¡Nuestra empresa se irá fundando!


Canción de cuna

¿Por qué aventaste un ladrillo del puente?

El niño mira con ojitos apendejados.

Lecciones de vergüenza:

Gritar y ser callado. Eso lo hace un animal y tú eres un animal atrapado. Debes vestir a tu nahual, aprender los versos rilkeanos

donde una jaula

no puede salir de una pantera.

Debes mirar lo autóctono con ojos fascinados. Haz tus enmiendas políticas, no hay tregua sin culpa en tu mochila occidental.

No grites que tienes un payaso en el alma, que te hace cosquillas una pluma en los pulmones. No describas la torcida

nariz del erizo del metro. No respondas qué me ves, ojete, culero, agitado.

Oh, clase media, reclamo a mis raíces mediocres.

Oh, riqueza, lejana y brillosa, luciérnaga en Valle de Bravo.

Oh, pobreza, latente y ocurrente.

Opina algo, siéntete incómodo cuando, respeta el credo de tu agnosis, no les cuentes que estabas en tu cama y volaste, no les digas que en verdad tocabas el techo, que bajaste las escaleras volando.

Pregunta por qué aventaste el ladrillo del puente; no le digas, yo también lo partiría en el lomo de algún perro en ocasiones.

Previo

Una buena dosis de música alegre mejora los procesos creativos

Siguiente

La razón por la que un independiente dejó ya la contienda por 2018