El EZLN no piensa en sexenios

El tiempo para los pueblos originarios de México no es el mismo tiempo de los partidos políticos. Para estos pueblos no existen trienios o sexenios ni dictaduras de 30 años. Lo que existe es “la larga noche de los quinientos años” que los ha mantenido en condiciones de vida de esclavitud, servidumbre, despojo y amenaza de extinción.

A 22 años del surgimiento al público del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, es necesario entender la idea del tiempo que articula al EZ y todas sus acciones. El Zapatismo tuvo fecha de nacimiento, pero no será hasta la construcción de “un mundo donde quepan muchos mundos” que tenga fecha de finalización. El EZLN nació sabiendo que sus fundadores tal vez no verían satisfechas sus demandas, pero que era necesario empezar a hacer frente a una larga vida de atropellos y despojos que dieran luz a los que vendrían y vendrán en un futuro.  Así, el Zapatismo vino ha instalarse en la vida política mexicana.

En esta concepción del tiempo, la selva Lacandona testificó la organización de los pueblos aglutinados en el Zapatismo bajo el principio de “mandar obedeciendo” y la idea de mostrar “que otro mundo es posible”. Hoy las comunidades Zapatistas son una muestra viva de que existe otra forma de organizar la vida fuera de los mantras y principios del capitalismo y la democracia liberal y a la vez son un espacio desde donde se piensa y se actúa para cambiar el mundo. Son al mismo tiempo un espacio de enseñanza y resistencia. Estos espacios son un fin en sí mismo –para ser los dueños de su destino enfrentando a quien atenta contra ellxs- y un instrumento –ser el lugar donde se vive resistiendo hasta cambiar el mundo-.

En términos del sociólogo de Coímbra, Boaventura de Sousa Santos: “Ellos –los Zapatistas- nos enseñaron otra manera de mirar el mundo. Rompieron con la ortodoxia marxista valiéndose de un discurso, una semántica e ideas novedosas. Nos  enseñaron una nueva lógica organizativa que tuvo una influencia fundamental en todo el mundo”.

El uso de instrumentos en el Zapatismo se da en esta idea de tiempo de una batalla de largo aliento. El comunicado “entre la luz y la sombra” de mayo de 2014 que inicia escribiendo el Subcomandante Marcos y terminaría firmando el Subcomandante Galeano –el nuevo nombre del sup– es una muestra clara de que los Zapatistas entienden la dinámica política del país y del mundo en donde se inserta su lucha y están dispuestos a jugar con ella. En esa misma carta el sup explicaba que “Marcos” era una construcción que servía para llamar la atención de los medios de comunicación hacia el levantamiento Zapatista en el 94:

Nuestros jefes y jefas dijeron entonces:

“Sólo lo ven lo pequeño que son, hagamos a alguien tan pequeño como ellos, que a él lo vean y por él nos vean”

Empezó así una compleja maniobra de distracción, un truco de magia terrible y maravillosa, una maliciosa jugada del corazón indígena que somos, la sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación.

Empezó entonces la construcción del personaje llamado “Marcos”.

“Marcos” se convirtió en el instrumento mediante el cuál el Zapatismo, siguiendo la lógica mediática, permitiría una cobertura que visibilizaría lo que estaba ocurriendo en Chiapas para despertar la solidaridad y el respaldo del pueblo mexicano y la comunidad internacional al levantamiento de los pueblos indígenas que formaban el EZLN. El resultado fue más que exitoso: de la mano de “Marcos”, el zapatismo y sus demandas se harían conocidos dentro y fuera del país.

Es cierto que la figura de el sup parece en ocasiones eclipsar al EZLN por todo el halo de misterio que al encapuchado subcomandante se le concede, sin embargo, no debemos dejar de ver que “Marcos” es una “botarga” –en el mismo comunicado citado anteriormente así también se le describe- de un movimiento donde el sup solo es una pieza instrumental y no el centro ni la cabeza del mismo.

El Zapatismo entonces ha demostrado que no dudará en utilizar todos los instrumentos a su alcance para cambiar la realidad y hacer posible que “la luz sea mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para a quienes se les niega el día.”

Es en este marco en el cual se debe leer la propuesta lanzada por el Congreso Nacional Indígena y el EZLN, de consultar a los pueblos indígenas del país para

nombrar un concejo indígena de gobierno cuya palabra sea materializada por una mujer indígena, delegada del CNI como candidata independiente que contienda a nombre del Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el proceso electoral del año 2018 para la presidencia de este país.

La propuesta de contender por la Presidencia de la República en el 2018 con una candidata indígena que porte la bandera del Consejo Nacional Indígena y el EZLN tendrá así una función instrumental que ayude a volver a debatir los temas y asuntos de los pueblos originarios de México así como fortalecer la base de apoyo y de creación de espacios de poder que resistan y se enfrenten al principal enemigo de los oprimidos: el Capitalismo.  

Es el tiempo de la dignidad rebelde, de construir una nueva nación por y para todas y todos, de fortalecer el poder de abajo y a la izquierda anticapitalista, de que paguen los culpables por el dolor de los pueblos de este México multicolor.

Si el tiempo para los pueblos originarios de México no es el tiempo de los partidos políticos, es porque la lucha por la transformación radical del país excede la lógica de los trienios y sexenios que organizan la vida de aquellas instituciones políticas que desde la óptica Zapatista le hacen el juego al mismo sistema que oprime a los pueblos originarios de México.

Marco Antonio Núñez Becerra

Estudiante de Doctorado en Ciudadanía y Derechos Humanos por la Universidad de Barcelona

@Marrkian

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