¿Dónde están las mujeres en las ciencias? Los Premios Nobel de Ciencias 2026 concluye sin ninguna mujer entre los galardonados

Recibir un premio Nobel es uno de los mayores honores del mundo. Sin embargo, basta con observar a los recientes ganadores de los Premios Nobel de Ciencias, que abarca las categorías de Física, Química y Fisiología o Medicina, para darse cuenta que los logros científicos de las mujeres reciben menos reconocimiento que los de los hombres.⁣

Este fenómeno es conocido como el “efecto Matilda”, lo que se refiere al sesgo de género dentro del ámbito científico que provoca que las contribuciones, descubrimientos y logros de las investigadoras sean invisibilizados, subestimados o atribuidos directamente a sus colegas masculinos. La historiadora Margaret W. Rossiter fue quien acuñó este término en honor a Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista que fue pionera en denunciar el borrado de mujeres y despojo de sus logros y descubrimientos. 

Los Premios Nobel son una prueba de este fenómeno. En los más de 125 años de historia, la representación femenina en las categorías científicas ha sido menos de 4% del total, alcanzando el 3.91%.

En la mayoría de las ocasiones en donde las mujeres han sido galardonadas, lo han recibido junto con hombres. Lo vimos el año pasado con Mary E. Brunkow, quien recibió el premio Nobel de Medicina 2025 por sus descubrimientos pioneros sobre la tolerancia inmunitaria periférica, pero no lo hizo sola, lo recibió junto con Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi.

De los tres campos científicos, solo 26 mujeres han recibido el Premio Nobel. En el caso de los hombres, la cifra supera fácilmente los 630. Antes de ellas, han habido casos emblemáticos que han marcado cómo el “efecto Matilda” se ha impregnado en la sociedad. 

Primero con Lise Meitner, una física austriaca que formuló la explicación teórica de la fisión nuclear a partir de los experimentos de Otto Hahn. Sin embargo, en 1944 se otorgó el Premio Nobel de Química de forma exclusiva a Hahn, omitiendo el papel determinante de Meitner.  

Más tarde llegó Rosalind Franklin, química británica cuya famosa ‘Fotografía 51’ e imágenes de rayos X resultaron esenciales para determinar la estructura de doble hélice del ADN. A pesar de ello, el Premio Nobel de Medicina en 1962 fue para James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins. Sus aportaciones fueron compartidas a ellos sin el conocimiento ni consentimiento de Rosalind. 

Mientras tanto, la microbióloga que descubrió el fago lambda y desarrolló la técnica de réplica en placas en genética bacteriana, Esther Lederberg, fue eclipsada cuando su esposo, Joshua Lederberg, recibió el Premio Nobel en 1958. 

Y como olvidar cuando el Premio Nobel de Física de 1974 fue concedido únicamente a Antony Hewish y a Martin Ryle, solo por ocupar el puesto de supervisor de Jocelyn Bell Burnell, la astrofísica que descubrió los púlsares durante sus estudios de doctorado.

Actualmente, incluso dentro de la academia, las mujeres obtienen menos titulares, son autoras principales en menos artículos, son citadas con menor frecuencia que sus colegas hombres y reciben menos premios prestigiosos en general.

Solo dos mujeres han recibido el Premio Nobel de Química sin que haya un nombre masculino, como Dorothy Crowfoot Hodgkin en 1964, y Marie Curie, la única persona en recibir un Nobel en diferentes categorías (Física en 1903 y Química en 1911). Recientemente, en 2020, las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna, compartieron el galardón en Química. 

La escasa representación de mujeres en la ciencia no se deben a diferencias biológicas en sus capacidades o talento, sino a una red de barreras y condiciones de desigualdad, que todavía tienen impacto en la sociedad actual. Tal vez la pregunta no sea dónde están las mujeres en las ciencias, sino por qué no estamos reconociendo sus logros al mismo nivel que los de los hombres en las ciencias.

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