La comunidad muxe no vive en ningún paraíso
Los muxes representan una de las manifestaciones más antiguas de identidad de género y no están libres de las violencias en México.
La violencia y el crimen organizado han irrumpido en la rutina diaria del Istmo de Tehuantepec, impactando directamente a la comunidad muxe de Juchitán, Oaxaca. “Ahora, por supuesto, la captación de estos grupos a algunas personas muxes ha terminado en asesinatos con características como la tortura, el quemado y esas cosas”, afirma Amaranta Gómez Regalado, antropóloga y activista de la comunidad.
Durante la marcha del Día del Orgullo LGBT+ de este año, integrantes de la comunidad muxe y nguiu’ marcharon en Juchitán exigiendo un alto a las violencias, las burlas, las agresiones y los crímenes de odio.
Las violencias
La comunidad vive violencias en la casa, la escuela, los centros de salud y los espacios públicos, y criticaron que los medios suelen presentar a Juchitán como un “paraíso de la diversidad”, una imagen que folcloriza a la comunidad muxe y oculta las violencias cotidianas que enfrentan.
La identidad muxe se reconoce entre los 5 o 6 años y los 13 mediante la identificación de la comunidad. A esa edad, Amaranta asumió su identidad femenina. Para ella, ser muxe trasciende lo trans: es una identidad de género ancestral.
En la historia de Amaranta, el respaldo de su casa fue decisivo y tuvo dos pilares: por un lado, una madre que le enseñó a bordar conforma a la tradición textil; por el otro, un padre profesor del IPN que le abrió la puerta a los libros, entre ellos Cien años de soledad, donde descubrió el personaje de Amaranta.
En 2003, Amaranta se convirtió en la primera candidata muxe/trans del país en figurar en una boleta electoral con su nombre elegido, sin haber realizado el cambio legal.
El futuro de Amaranta
No descarta volver a participar en un proceso de elección popular. También le interesaría colaborar con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), desde donde quiere fortalecer una política de Estado contra la discriminación.
Alexis Lima Vázquez, integrante de la comunidad muxe, indicó que los crímenes de odio de niños y adolescentes muxes son una realidad, ya que viven situaciones de violencia y falta de oportunidades, por lo que la mayoría se dedica al trabajo sexual.
No es el paraíso que algunos quieren pintar.