El fin de una era. ¿El desplome de la editorial se debe a que se volvió poco atractiva para sus lectores o es la señal de los tiempos?
El anuncio
El sello fundado en 1960 por Vicente Rojo, José Azorín y los hermanos Neus, Jordi y Quique Espresate, y, hasta ahora, dirigido por Marcelo Uribe anunció el 17 de agosto que detendría sus operaciones y actividades “a partir de este momento”.
“Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de nuestras ventas. La red de librerías que había antes de la pandemia y garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado que las ventas se desplomaron hasta ser apenas el 25 por ciento de lo que eran antes”, se lee el mensaje publicado por la editorial.
Entender la literatura mexicana del siglo XX es imposible sin el legado de Ediciones Era. El sello publicó las primeras ediciones de obras de Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez, Hugo Hiriart, José Revueltas, Elena Poniatowska, Fernando Benítez, Augusto Monterroso, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, entre muchos otros.
Entre la nostalgia y la cruda realidad
Sí, el cierre de Ediciones Era puede generar nostalgia. Sin embargo, su caída responde a las dinámicas del mercado privado y a la falta de renovación en su modelo editorial. Ahora sí que Era *era* una empresa privada y tal vez falló en leer los nuevos tiempos.
En el comunicado de la editorial también se lee que intentaron “de mil maneras para mantener la editorial viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado”. Dejando la nostalgia y el reconocimiento por su labor a través de los años, ¿será esto cierto? ¿pelearon de mil maneras?
Preocupa que una editorial con esa historia cierre, nadie disputa eso, pero…¿La decisión de la editorial de quedarse anclada a una generación de autores “consagrados” no fue un golpe devastador?
¿No abrirse a autores jóvenes o fuera del canon causó que no conectaran con nuevas generaciones?
El impacto por la pérdida de una casa editorial tan emblemática es indiscutible, pero…¿La fuga de sus autores más emblemáticos no fue otro golpe? Por ejemplo, los autores que migraron a otros grandes corporativos como Grupo Planeta, por ejemplo.
Era y el Fondo
Operar como sello independiente sin el respaldo de un gran conglomerado u otra entidad volvió insostenible su distribución e infraestructura. Una empresa privada como Era no podía competir en precios ni en distribución contra una editorial pública como el Fondo de Cultura Económica.
El fin de Era es preocupante y genera tristeza pero deja una lección clara: en la industria editorial, la tradición y el prestigio histórico no bastan para sobrevivir.