El gobierno busca expandir la industria que ya contaminó pozos en Tamaulipas y Veracruz, y nadie lo está deteniendo
A dos meses de que la presidenta Claudia Sheinbaum presentara la “Estrategia para Fortalecer la Soberanía Energética”, que consiste en expandir la técnica de fracking en todo el país, el gobierno mexicano sostiene que existe una nueva tecnología con la cual se podrían disminuir los impactos ambientales. Mientras tanto, colectivos, comunidades e investigadores rechazan esta teoría y se organizan para exigir una ley que prohíba esta técnica.
A pesar de que México es un país rico en fuentes primarias y ha sido impulsor de energías renovables, el gas natural sigue siendo el combustible puente indispensable para la generación eléctrica y para industrias clave como la manufactura y la petroquímica. El auge de los centros de datos y la relocalización de empresas (nearshoring) han incrementado la presión por contar con energía firme y abundante.
El fracking es una técnica de estimulación de pozos para extraer gas natural y petróleo en formaciones rocosas que están situadas en grandes profundidades. Durante la década de 1990 y 2000, esta técnica creció aceleradamente en países como Estados Unidos, consolidándose como el primer productor de gas natural a nivel mundial. A su vez, ha traído consigo una serie de impactos ambientales y sociales, tanto así que ya es una actividad prohibida en países de Europa y partes de Estados Unidos.
En México, el expresidente Enrique Peña Nieto impulsó la explotación y exploración del gas e hidrocarburos en 2014, generando la apertura de más de 33 mil pozos en diversas entidades del país como Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León. De esos pozos, alrededor de 8 mil han sido sometidos a procesos de fracking.
Aunque históricamente el ex presidente Andrés Manuel López Obrador y la misma actual presidenta Claudia Sheinbaum han expresado oposición a estas prácticas en distintos momentos, Sheinbaum ahora analiza la incursión oficial al fracking bajo el concepto de “fracking amigable o sustentable”. ¿Pero realmente existe el fracking sustentable?
Durante la conferencia matutina del 8 de abril, también se anunció la creación de un Comité Científico conformado por especialistas, científicos y académicos para evaluar la viabilidad técnica, económica y ambiental del plan. Supuestamente, durante este mes o a principios de julio ya deberían tener un veredicto sobre si el fracking es viable en el país o no, aunque no importa demasiado la respuesta, el gobierno ya está decidido.
Además, el fracking ya es una realidad en diversas zonas del país. En municipios de Puebla como Pantepec, Francisco Z. Mena y Venustiano Carranza, se ha reportado escasez de agua y contaminación de acuíferos debido a la apertura de pozos. En Veracruz, campesinos en Papantla y Coatzintla denuncian que desde el inicio de estas prácticas sus árboles de naranja y limón han muerto, la tierra se ha vuelto infértil y los animales ya no pueden beber de los arroyos locales.
Uno de los efectos más notables ha sido el incremento de sismos en zonas que históricamente no eran sísmicas. Tal es el caso de Nuevo León, en donde se observó que algunos de los sismos registrados entre 2011 y 2023, coincidieron con la actividad de fracking en Sabinas Hidalgo, García y Mina.
El fracking requiere volúmenes masivos de agua. Según la propuesta de Claudia Sheinbaum, se busca emplear nuevas tecnologías y hacer una mejor gestión del agua con uso de agua reciclada, agua de mar y el uso de componentes biodegradables en lugar de químicos tóxicos. “Hemos estado investigando y resulta que no hay esos químicos tan potentes que se usaban, sino sustancias que no tienen estos impactos ambientales, que muchas de ellas son orgánicas, que se usan otros tipos de arena y que hay reciclaje de agua”, sostuvo en una conferencia matutina.
Sin embargo, esas solo son ideas sin fundamentos científicos. Y lamentablemente, hay más evidencia de los daños que del fracking “sostenible”. Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM, señaló que “si bien hay avances en estos componentes del fracking, se trata de tecnología experimental, limitada, poco costeable y que no ha sido probada en la magnitud que pretenden las autoridades mexicanas”.
El debate resurge en un contexto de tensiones geopolíticas con Estados Unidos, conflictos internacionales como la guerra en el Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz, con el objetivo de disminuir la importación de gas de Estados Unidos, la cual representa el 75% del total del consumo en México.
Los próximos pasos sobre el fracking en México dependen de la evaluación técnica y científica del comité de especialistas. Sin embargo, las comunidades y organizaciones civiles han consolidado un frente que combina la movilización social, la incidencia legal y el sustento científico para frenar esta práctica. Y más importante, se han adelantado para hablar de que un fracking sustentable no es posible.