El mundo puede volver a nacer, con seriedad y placer: Cristina Rivera Garza.

Por José Tanus

No te digo que hagas un mundo mejor. Te digo que vivas en él. No que lo aguantes, no que lo sufras, no que lo atravieses, sino que vivas en él. Que lo veas. Que te tomes tus riesgos. 

Terrestre, p. 125 

¿Cómo continuar tu carrera como escritora después de haber escrito un libro sobre el feminicidio de tu hermana? ¿Qué tipo de historia podría seguir después de lo desgarrador? ¿De la violencia más extrema? ¿De qué manera se podría avanzar? 

Estas fueron algunas de las preguntas se hizo la escritora mexicana Cristina Rivera Garza después de publicar El invencible verano de Liliana (Random House, 2021), ganadora del Premio Pulitzer en 2024 en la categoría memorias o autobiografías

Las respuestas a estos cuestionamientos se pueden encontrar, según la propia autora, en Terrestre (Random House, 2025), su última novela que fue presentada frente a un auditorio lleno en el marco de la 50 Feria Nacional del Libro de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). 

Feria en donde, además, fue acreedora del Doctorado Honoris Causa de la casa de estudios más importante del estado. Destaca que San Luis Potosí es una tierra con la que Rivera Garza comparte historia, desde lazos familiares, inclusión de lugares del estado en su obra, hasta haber sido acreedora del Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí a sus 23 años  por La guerra no importa (Mortiz), convirtiéndose así en la escritora más joven en obtener el galardón.

 

El lado B 

Con una sala a reventar, Rivera Garza comenzó a hablar de las razones que la llevaron a escribir Terrestre. La autora se sentía en deuda con sus lectores después de escribir El invencible verano de Liliana. “Les debía otra historia a las personas que abrazaron a Liliana. Una historia de mujeres que no se encontraron con un asesino. Quise revisitar trayectorias de mujeres jóvenes viajando por tierra de maneras no ortodoxas: que pedían aventones en tráilers, que viajaban en trenes, que caminaron por veredas. Este es el lado B de El invencible verano de Liliana”, comentó la autora sobre el proceso que la llevó a Terrestre

Si el feminicidio ha sido tan grande en nuestro país, entonces ¿de dónde viene ese feminismo tan poderoso que ha cambiado la historia de México?  El poder de todas nosotras unidas, de mujeres tomando las calles. Eso es más poderoso. De ahí viene la esperanza”, agregó Rivera Garza. 

Esa esperanza que se lee en Terrestre viene acompañada de gozo. Un gozo que no solo se lee sino que formó parte del proceso creativo de la obra ya que la autora confesó lo distinto que fue escribir este libro en comparación al anterior. “Cuando escribí El invencible verano de Liliana me preguntaba constantemente cómo escribir sobre la violencia, si estaba revictimizando, si le estaba dando más voz al feminicida. El gozo me ganó más en este texto”, refiriéndose así a Terrestre.

 

Otro mundo 

Rivera Garza reconoce que su última novela podría caer en ficción especulativa al tratar sobre mujeres que se desplazan libremente por México y otras partes del mundo, sin embargo, la escritora nacida en Tamaulipas tiene esperanza en el futuro: “Sigo creyendo que un mundo sin violencia es posible, si nos cuidamos, si denunciamos, este libro puede ya no ser una ficción especulativa”. 

Terrestre no está ambientada en algún tiempo definido, podría suceder en el año 2365, según la autora, que se niega a la idea del final de los tiempos. “Estamos no en el fin del mundo, sino en el principio de un nuevo mundo”. 

“El mundo puede volver a nacer. Vamos a abrir esos caminos que nos han abierto otras, con seriedad, pero también con placer  ver qué otro mundo podemos construir juntos y juntas”, mencionó esperanzada Rivera Garza en las Salas 5,6 y 7 del Centro Cultural Bicentenario. 

 

El irse, el llegar

Uno de los temas que toca Terrestre es el desplazamiento de viajeras, ya que -según la autora- no conocemos tanto esas historias a comparación de las de hombres viajeros. Esta obra trata sobre mujeres jóvenes que realizan trayectos en México y otras partes del mundo a pie, en bus o en tren. Al conocer la premisa del libro, a las y los cinéfilos lectores de este artículo les haría sentido saber que Rivera Garza hace referencia al filme Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, 1985), de Ágnes Varda, plasmando una frase de la cinta al inicio de la obra literaria. 

En la presentación, Rivera Garza también se refirió a la migración como “el gran signo de los tiempos” durante la presentación. La autora ve al desplazamiento como una transformación. “¿Qué es lo que acompaña el irse? Llegar, crear la bienvenida.” 

Hay una intención clara en que los trayectos plasmados en el libro sean por la vía terrestre. “Me interesaban distintos medios de transportes que nos hicieran prestar atención a nuestro alrededor. La experiencia terrestre, de ir por tierra, de ver el camino, de sentirlo, de atravesarlo” afirmó Rivera Garza. 

 

Retos y consejos

En la ronda de preguntas y respuestas la ganadora del Premio Pulitzer habló sobre el panorama que enfrentan las mujeres, especialmente las mujeres escritoras en México. Rivera Garza señaló que la realidad es hostil debido al patriarcado. “Hay desigualdades impuestas, no puede ser que sigan existiendo, por ejemplo,  selecciones literarias de 22 autores y siete sean mujeres y el resto sean hombres”. 

Para hacerle frente a esta realidad, la autora de Nadie me verá llorar (Tusquets, 2014) apeló a realizar acciones en comunidad, como tener talleres de escritura, clubes de lectura y ampliar la conversación. Rivera Garza también mencionó la necesidad de desaprender a escribir para encontrar nuevas maneras de contar nuestras historias. 

“Heredar nociones de lo que es ‘escribir bien’ puede generar relaciones no placenteras con algo que se encuentra atravesado por el placer. No hay una sola forma de escribir, esto se trata de experimentar”, aseguró. 

Después de esta respuesta, se dio por terminada la presentación del libro frente a una casa llena y la autora se quedó firmando libros por más de dos horas dentro del recinto contagiando la esperanza de que -en comunidad- un mundo mejor es posible.

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