Lo imposible nunca termina: por eso nunca fracasa

Me pregunto —con miedo, con deseo— si de verdad anhelamos un amor perfecto. Un amor sin heridas ni ruinas, pulcro hasta la asepsia. ¿O es precisamente el dolor lo que lo vuelve humano, lo que lo vuelve nuestro?

La única perfección del amor es su imposibilidad. La historia de Eloísa y Abelardo, en la Francia del siglo XII, puede servirnos como punto de partida: ella, brillante discípula; él, maestro célebre. Se amaron con un ímpetu que desafiaba a la Iglesia y a su tiempo. Pero cuando su relación salió a la luz, la familia de Eloísa ordenó una venganza brutal: Abelardo fue castrado y ambos terminaron enclaustrados —él, en un monasterio; ella, en un convento. Desde entonces, su amor ardió únicamente en cartas. Un vínculo de palabras, deseo y ausencia: imposible en la carne, infinito en la memoria.

Ese dolor convertido en palabra encontró resonancia mucho tiempo después en la voz de Alexander Pope, quien en el siglo XVIII retomó la tragedia medieval en su poema Eloisa to Abelard, donde escribe con la voz de ella hacia un Abelardo ya imposible.

How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d;
Labour and rest, that equal periods keep;
Obedient slumbers that can wake and weep

(Qué feliz es el destino de las inocentes vestales:

olvidan al mundo y por el mundo son olvidadas.

¡Eterno resplandor de una mente inmaculada!

cada una de sus plegarias es recibida, cada deseo se resigna

trabajan y descansan en idéntica medida.

Obedientes soñadoras capaces de despertar y llorar)

Leer estos versos es ver el sol de frente, y tienta la promesa de un amor ideal y por tanto ilimitado; sin embargo, me alarma su costo: para alcanzar este modelo hay que hipotecar lo real, las marcas de nuestras heridas zurcidas, esas que, sin exhibirse, mantienen nuestras junturas; aunque sean menos glamorosas, prefiero las astillas de lo real a la porcelana intacta del ideal.

Carne soy y no de soya.

Reconozco que los amores imposibles son atractivos porque en su fracaso se vuelven interminables. No hay clausura; no hay desenlace. Persisten como brasas que no se extinguen, como un deseo que no conoce saciedad. En un mundo que se devora a sí mismo con amores desechables, esas imposibilidades parecen más perdurables que muchas felicidades posibles”, pero quebradizas.

Por mi parte, ni quiero olvidar (como el personaje de la película Eternal sunshine of the spotless mind, cuyo título retoma los versos de Pope) ni me atrae un sol eterno en el que resplandece una mente inmaculada. Prefiero la penumbra habitada por fantasmas; elijo chapotear y hacer lodo en este pantano:

Visions of delight—

they are my art

What is eternal

requires no witness

But I’m a poet

a voyeur of sacred realms—

time, sex, movement, energy

though

What vanishes

is often more real

than what stays

give me

P r y dEsiRe loVE aRT

pRY DeSIrE LOve Art

PRY

DESIRE

LOVE

ART

I confess—

the whole of beauty is my Principle and Foundation

I pray in luxury

Aaaannnnnnd—

fucking you is my best prayer

Ecstasy is a rehearsal

for voluptuous silence

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